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Georgina Rosado hace una reflexión sobre la destrucción del medio ambiente y la contaminación de las reservas de agua por las granjas porcícolas en Yucatán

¿De quién es la culpa?

Georgina Rosado Rosado

Que me perdonen, pero la destrucción del planeta, de sus bosques y selvas, la contaminación de las reservas de agua dulce (ríos, lagos, cenotes), la extinción de importante flora y fauna, el calentamiento global, el que la Tierra se inclinara ochenta centímetros por extracción de agua y demás atrocidades, no son responsabilidad de la humanidad, ni tuya ni mía, amable lector o lectora. A menos que seas dueña de alguna de las mega granjas porcícolas que se encuentra situadas sobre el suelo kárstico de la Península de Yucatán, suelo calcáreo y poroso que filtra el agua al subsuelo, o sobre el anillo de cenotes que representan la cuarta reserva de agua dulce del mundo, y, por lo tanto, estés contaminando con toneladas de excrementos y químicos el líquido vital. O si eres dueño de la cervecera que inauguró con bombos y platillos el anterior Gobernador, en la que utilizan indiscriminadamente agua de los mantos acuíferos que, aunque las lluvias reponen en parte anualmente, está disminuyendo de manera alarmante sus niveles por su uso excesivo como ya advirtieron los científicos.

Acaso fuiste tú quien decidió cambiar la ruta del Tren Maya para no molestar a los hoteleros, aunque esto significara pasarle por encima a cenotes y aguadas, hoy rellenas y clausuradas. O ¿eres socia de algún emporio turístico? De esos que construyen en alguna reserva ecológica, como podría ser Sisal, y no te importa ganar millones a costa de destruir un ecosistema. Si fumigas desde una avioneta con glifosato y, por lo tanto, eres responsable de la muerte masiva de abejas de la región a sabiendas de que producen la miel de la que viven muchas familias y que son las encargadas de polinizar los campos y que por lo tanto estás causando una catástrofe ambiental. ¿Eres de esos? Entonces, sí, eres tú la culpable, pero si no es así, que no te endilguen culpas ajenas. Porque decir que “la culpa la tenemos todos” es la mejor manera de encubrir a los principales responsables del desastre ambiental que vivimos. Aunque claro que todos y todas podemos poner nuestro granito de arena para proteger el planeta cuidando nuestros consumos, reciclando y no arrojando basura a nuestro paso.

Pero les aseguro que, si todos los ciudadanos comunes del mundo decidiéramos un día ser más responsables y tomar esas y otras medidas, aun así, el mundo estaría (con todos los seres vivos que vivimos en él) muy cerca de la extinción. Será así si las grandes mineras siguen consumiendo grandes cantidades de agua que desechan luego en forma de derrames ácidos, contaminando las aguas con metales tóxicos. Si la petroquímica básica, la química, industria metalúrgica, entre otras, siguen emitiendo cientos de contaminantes sólidos, que van al aire y al agua, mientras los grandes hoteles y cruceros sigan desechando su basura y aguas negras tirándola a los mares, nuestros esfuerzos individuales nunca serán suficientes. 

Por lo tanto, la destrucción del planeta tiene como principal responsable al sistema económico capitalista patriarcal y a las élites empresariales que se benefician del mismo y no a la humanidad entera que por miles de años vivió en armonía con la naturaleza, como lo hacen muchos grupos humanos actualmente, incluidos los mayas que conservan aún su espiritualidad ancestral y protegen sus montes y selvas.

Son el racismo y etnocentrismo los que nos llevan a despreciar y denigrar las formas de expresión cultural de un pueblo y a aplaudir un modelo de desarrollo capitalista depredador, considerando que su imposición representa una mejoría frente a las prácticas “atrasadas” e “incivilizadas” de los mayas. Se quiere negar la riqueza en los conocimientos, prácticas y formas de vida de los mayas para intentar convencernos de que convertirlos en sirvientes y despojarlos de sus bienes naturales es “hacerles un favor”, aunque esto signifique que las siguientes generaciones de humanos hereden un mundo desbastado.

Las preguntas en el tintero son cómo y cuándo se impuso a nivel mundial este modelo y cuál sería la alternativa.

Todo inició cuando un grupo de hombres (no la humanidad entera) dejó de sentirse parte de la naturaleza para situarse por encima de ella como su dueño y señor, incluyendo entre sus posesiones a las mujeres, antes veneradas por dar vida y después sometidas por la misma razón. Y ese grupo se sintió con el derecho de talar montes, desviar ríos, matar o esclavizar a otros seres vivos, por razones egoístas y egocéntricas, poniendo las bases del patriarcado y del capitalismo que las grandes potencias occidentales de manera violenta impusieron al resto del mundo.

El capitalismo, que no es el único sistema posible para la humanidad, permite la normalización de la destrucción irracional de la naturaleza, el dominio del hombre sobre la mujer y la sobre explotación de los trabajadores porque su única lógica es la ganancia y la acumulación de capital por parte de las clases privilegiadas, lo que explica y justifica todo, aun poniendo en peligro el frágil equilibrio que mantiene vivo el planeta. Sin embargo, algunos países como Dinamarca, de Gobiernos social demócratas, practican un capitalismo regulado por el Estado, poniendo verdaderos limites a su voracidad con leyes que sí se respetan y protegen a la naturaleza y a la clase trabajadora. Es decir, que sí existen alternativas para frenar esta locura que nos está llevando a la extinción.

En nuestro país los hombres y mujeres ambientalistas o que han luchado contra ese sistema depredador, por una sociedad más justa y democrática, no son culpables, por el contrario, a ellos debemos la oportunidad de subsistir. Un reconocimiento con mucho cariño, respeto y admiración a Don Mario Renato Menéndez Rodríguez quien fue recientemente galardonado con el Premio Nacional Carlos Montemayor, por su lucha por un México, más justo y más libre. A Alicia Menéndez Figueroa, directora general del POR ESTO! quien fomenta y permite la lucha por el cuidado del medio ambiente y la justicia social en este medio.

A todos los y las ambientalistas que han dado su vida por defender el planeta y que han sido perseguidos, asesinados o denostados por su defensa de los bosques, selvas, ríos, cenotes y todos los seres vivos que vivimos en él, a aquellos que en ocasiones sienten que “intentan detener las olas con sus manos”, les digo: gracias, muchas gracias, no están solos. A todas las demás personas les advierto que si no nos oponemos a este capitalismo depredador que nos está destruyendo y nos unimos a la cruzada de los ambientalistas que protegen la Tierra, seremos entonces cómplices de aquellos que destruyen el planeta, de esos que todos los días aumentan su riqueza gracias al ecocidio causado por sus grandes industrias y mega proyectos. Entonces sí, se podrá decir que la culpa también es tuya y mía, amable lector o lectora, por el miedo a luchar o la comodidad que nos proporciona callar.

Hagamos sonar de nuevo el caracol

Carlos Chablé Mendoza*

Un “fantasma” recorre la península, el fantasma del indigenismo oportunista con el que muchos integrantes de la clase política intentarán buscar más ganancias.

Que los mayas peninsulares padezcan muchísimo más tiempo el dominio de los ts’ules (élite blanca) continuará una y otra vez, si no surgen liderazgos indígenas con raíces en pueblos y comunidades, forjados en la lucha por su desarrollo con identidad, apegados a la cosmovisión heredada de sus ancestros. 

Cuando en el 29 de noviembre de 2022, el Consejo General del INE aprobó los “Lineamientos para verificar el cumplimiento de la autoadscripción calificada de las personas que se postulen, en observancia a la acción afirmativa indígena, para las candidaturas a cargos de elección popular en el proceso electoral 2024” (Acuerdo INE/CG830/2022), pocos se interesaron y de estos pocos hubo quienes se rieron burlonamente al tocar el tema.

Me referiré en esta ocasión al caso de Yucatán, citando algunos datos que cobran importancia especial si tomamos en cuenta que en 2024 habrá elecciones para renovar todo en dicha Entidad: presidencias municipales, legislatura y gubernatura además de legislatura federal, senado y presidencia de la república.

Resulta que hora, los que apenas saben insultar en maya durante sus chorchas de cantina o de café pararon las orejas cuando se comenzó a hablar del tema en serio, desde el organismo estatal electoral y hasta por magistrados. No es para menos. Citaré dos ejemplos, en mayo durante el Foro “Representación política y acciones afirmativas” realizada en el Cephcis de la UNAM en Mérida, escuché que se habló muy específicamente de este tema destacando de manera especial las participaciones de la antropóloga Georgina Rosado y la consejera ciudadana María del Mar Trejo, estuvieron también el lingüista Fidencio Briceño, la diputada Manuela de Jesús Cocom y el investigador Augusto Hernández, todos convocados por la Fundación Konrad Adenauer Stiftung y el Gobierno yucateco. En el foro se hizo especial énfasis en que el uso de la lengua materna (mayat’aan) es un elemento de identidad fundamental para determinar quiénes pueden aspirar a las candidaturas indígenas.

Luego, en una conferencia impartida en la Universidad Vizcaya también en la capital yucateca, la magistrada presidenta del Tribunal Electoral del Estado, Lissette Guadalupe Cetz Canché, indicó que, en base a los lineamientos, en el Estado más del 60 por ciento de la población se autoadscribió como indígena, lo cual le dará una característica diferente al proceso electoral que viene.

De acuerdo al lineamiento del INE los seis distritos electorales federales de Yucatán tuvieron más de 40 por ciento de población indígena, la misma tendencia se observa en las 21 demarcaciones electorales locales de la Entidad, donde ese mismo porcentaje de la población que lo integra se autoadscribió como indígena y/o afromexicano.

Con esas cifras que fueron obtenidas por el INPI se realizó una regionalización de los municipios yucatecos, dando como resultado que en los 106 se encuentra un 40 por ciento o más de población que se identifica como indígena y/o afromexicana. Así que, si nos apegamos al lineamiento del INE, quedan garantizados los derechos democráticos y se reconoce como indígenas a la mayor parte de la población de Yucatán. De acuerdo a estos porcentajes en todos los municipios y distritos electorales locales y federales los partidos tendrán, de manera obligatoria, que cumplir el lineamiento de elegir o designar candidatos indígenas. Hay que decir también que deberá cumplirse con la paridad: el 50 por ciento deberán ser mujeres mayas. 

Es oportuno destacar que el tema de la autoadscripción, de la interpretación sistemática de los artículos 2º, párrafo quinto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes; de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, son resultado de muchas décadas de lucha (la declaración es resultado de casi 100 años de lucha indígena) para que se incorporen nuestros derechos como pueblos a los instrumentos jurídicos internacionales sobre Derechos Humanos. Además, de estos se desprende que las comunidades indígenas tienen el derecho individual y colectivo a mantener y desarrollar sus propias características e identidades, así como a reconocer a sus integrantes como indígenas y a ser reconocidas como tales.

Que una persona o grupo se identifiquen y autoadscriban como indígenas, es suficiente para considerar que existe un vínculo cultural, histórico, político, lingüístico o de otra índole con su comunidad y que, por tanto, deben regirse por las normas especiales que las regulan. Así que, según lo anterior, la autoadscripción  constituye el criterio que permite reconocer la identidad indígena de los integrantes de las comunidades y gozar de los derechos que de esa pertenencia se derivan.

Por todo lo comentado y porque en el proceso electoral 2024 en Yucatán se pondrán a prueba los “Lineamientos para verificar el cumplimiento de la autoadscripción” aprobados por el INE, es importantísima la articulación de los pueblos, comunidades y organizaciones de base de la Península de Yucatán para estar vigilantes de que se apliquen realmente los citados lineamientos. Que suene de nuevo el caracol llamando a la organización, participación y observancia de lo que suceda de aquí en adelante.

Es importante que el pueblo maya peninsular cumpla ya un papel protagónico. No vaya a ser que comiencen a cotizarse actas de asamblea a favor de ts’ules, que los falsos gobernadores mayas o mayas castellanizados o adoctrinados por iglesias que rechazan la espiritualidad indígena, o que integrantes de la clase política invoquen a una “mayanidad”, que no tienen ni aceptan, para seguir con sus negocios depredadores.

Así que aquel “fantasma del indigenismo” que recorre ya la península dejará de serlo siempre que los mayas peninsulares decidan iniciar un movimiento para que sean ellos, los legítimos indígenas, quienes ocupen esas candidaturas para poder tomar las riendas de su destino, para que éste sea diferente, logrando desde el poder un futuro mejor para sus descendientes.

La Península de Yucatán es maya, el futuro pertenece al pueblo maya, así decía, palabras más palabras menos el suku’un Felipe Carrillo Puerto.

*Integrante de la Red de comunicadoras y comunicadores de Abya Yala y cronista de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo.

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