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Desde su primer número, Por qué? se convirtió en un faro de valentía en un paisaje mediático marcado por la complacencia y la autocensura de la era Díaz Ordaz. Con su revista, Mario Renato Menéndez Rodríguez moldeó su determinación y perspectiva única sobre el deber del periodista en la sociedad

Los primeros números de Por qué? fueron dedicados a una cobertura diversa sobre temas de interés público, cumpliendo con los compromisos asumidos con el lector que su director y fundador Mario Renato Menéndez había expresado claramente desde su aparición. Azaroso sería el camino emprendido, el cual marcó su vida profesional y personal dando al periodista las más crudas experiencias, de las que tomó lo mejor para seguir creciendo en la labor periodística, principalmente. Las experiencias personales sirvieron para guiar a todo un equipo incluso cuando tuvo que dejar la patria, después de un encarcelamiento sin base legal, que lo mantuvo en el Palacio Negro de Lecumberri sin un condena.

Su sello editorial de mantener un diálogo directo con la autoridad desde sus páginas para señalar los abusos detectados en el conjunto social, le acarrearon un boicot por años (al menos cinco) que en sus ediciones fue notorio. El monopolio del papel de aquella época (años sesentas-setentas) se notaba al tacto y se miraba número a número; sin embargo, eso nunca lo detuvo para continuar con el ejercicio crítico que puso en riesgo su vida. Su trayectoria como “reportero de guerrillas”, contacto privilegiado que tuvo con grupos armados en la República, le siguieron dando exclusivas de gran impacto para la vida nacional. No sólo cuestionó a la jerarquía política, también lo hizo con los clérigos y los empresarios; lo cual le volvió en un periodista incómodo, como todos aquellos que se guían por la libertad de expresión en función del bien común.

“El drama de la educación”, “¿Por qué se casan los curas?”, “Al borde de la Inflación”, “La Ciudad que no existe”, “Venezuela y sus guerrillas”, “Otro desembarque guerrillero”; entre otros, fueron titulares que enardecieron las entrañas del poder. Al mismo tiempo daba voz a los jóvenes, se preocupaba por sus expresiones -que nadie más quería ver- y atendía sus reclamos para hacer eco de ellos en sus páginas. Todo esto se iba sumando en los escritorios de los cuerpos de “seguridad”, que para esos años se asumían como brazos represores en el México de antaño. Desde la Ciudad de México, con todo un mosaico de estados con características propias y la pobreza y corrupción como denominador común, Mario Renato Menéndez no olvidaba a Yucatán y su Península. Buscaba entre entregas periodísticas una respuesta humanitaria a la situación en ese rincón de la República Mexicana. Se acercó a políticos de derecha e izquierda, a la espera de que los yucatecos tuvieran una propuesta para bien. Ejemplo de ello es la memorable entrevista que realizó en noviembre de 1969 al entonces candidato a Gobernador del Estado, Víctor Manuel Correa Racho, del que obtuvo estas declaraciones:“El trabajo humano no sólo es creador de riqueza sino instrumento de redención y de realización espiritual del hombre. El trabajo comunal, los programas de desarrollo de la comunidad, son una forma actuante de amor al prójimo que despierta la confianza del hombre en sí mismo y en los demás y hacen posible el progreso social de todos”.

Mario Renato Menéndez Rodríguez siempre buscó identificarse con aquel que escuchaba, al igual que prestaba oídos con aquellos con quienes discrepaba. Fue un periodista abierto a sus fuentes.  Eso sí, con un análisis duro, siempre, que como ejemplo, le otorgaba los elementos para titular en un siguiente número: “A la hora de la verdad, el PAN abandona a Yucatán”.  Para Don Mario no había intocables, lo dicen sus reportajes enfocados al líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, a quien desde 1969 señaló como líder del “Imperio del gangsterismo sindical en Petróleos”. Así calificó a La Quina tras una amplia investigación con su equipo de colaboradores, que comenzó a poner el reflector en una situación que años después se supo fueron hechos consumados de corrupción. Acusó la antidemocracia de Luis Echeverría Álvarez, los excesos de Gustavo Díaz Ordaz y aquellos que los acompañaron, especialmente, en los cuerpos de seguridad. Se vino octubre de 1968 y con la fecha, el pasaje más conocido de la carrera periodística de Mario Renato Menéndez: la cobertura extraordinaria que dio a la Matanza de Tlatelolco. Pero más allá del tratamiento de la información, que le dio relevancia a la Revista Por qué?, Mario Renato Menéndez -a partir de entonces- vio dar un giro a su vida. Si bien no era la primera vez que estaba en prisión, el encarcelamiento que le originó su confrontación con el Gobierno federal le dio una gran lección de vida, no de la mejor manera; pero siendo un hombre de historias, ésta lo hizo más fuerte.

¡ASESINOS!

Un titular, decenas de fotos sin censura y la oportunidad de una edición extraordinaria; impulsados por la independencia periodística de Don Mario, causó la más grande polémica sobre la llamada Noche de Tlatelolco. Como antítesis de la versión oficial, el director de Por qué? publicó ediciones especiales sobre la matanza registrada el 2 de octubre de 1968, originada en una manifestación estudiantil, recordada como la mayor acción de represión en el país.“¿Quién manda en México?” lanzó desde la portada de otro de los números; escandaloso para los gobernantes que intentaban cubrir la barbarie con la que fueron tratados los estudiantes de la UNAM, el Politécnico y otras escuelas. La Noche del Mariscal o la Sinrazón del Régimen? apuntó en otro encabezado. Sus publicaciones, que ahora son referente de la verdad sobre ese hecho, han servido para decenas de estudios sobre la situación de la época. Investigado por Por Esto!, hay al menos 10 tesis para licenciaturas y doctorados, que refieren el trabajo periodístico de Mario Renato Menéndez.

“Esta es ¡la verdad!”, dice otra de las portadas que preparó con una entrega de gráficas que escapaban a la mentira oficial. Militares golpeando a estudiantes, cuerpos sin vida de jóvenes. Como él decía: “Eran unos niños”. Todo eso lo proyectó al ojo público, mientras que él ya estaba en la mira del poder.

¿HASTA CUÁNDO, SEÑOR PRESIDENTE?

Llegó el año de 1970 y desde la revista semanal, el Director lanzaba la pregunta a Gustavo Díaz Ordaz y su Gobierno. La crisis del papel -provocada- cada vez era peor y, sobre todo, parecía no tener fin. “En contra de todo lo que se diga o que pueda decir respecto a que en México sí existe libertad de prensa, queremos dejar constancia permanente ante la opinión pública nacional y mundial de que el Gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz, desde marzo del presente año, ordenó al monopolio oficial denominado Productora e Importadora de Papel, S. A. (PIPSA)... suspenderle a esta Revista Independiente la dotación mensual de papel que tenía de 60 toneladas, como medida represiva para matar a POR QUE?”

No había mejor defensa que la denuncia y lo sabían bien. La publicación era una constante, pero no lo único que enfrentaban en esa redacción, que cada número hacía esfuerzos por llegar a su lector. Cuentan en varias ediciones, cómo se las ingeniaban para -los aludidos- interceptar el reparto a voceadores en los distintos Estados que eran objeto de investigación.

Sin embargo, fue en ese año y tras una serie de acontecimientos en la Ciudad de México, a la par de que Mario Renato Menéndez daba voz a Génaro Vázquez, un maestro egresado de la escuela Normal Rural de Ayotzinapa de Guerrero, quien después de estar, dos veces en prisión, reagrupo a un contingente armado para integrar la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria. La respuesta del Gobierno de México para controlar estos brotes y especialmente el emanado en Guerrero fue la llamada Guerra Sucia. Mario Renato Menéndez, irremediablemente, se vio inmerso en ella. Para su desgracia.

Bombazos en la Revista Por Qué?, en Excelsiór y en la sede del Partido Acción Nacional pusieron en la discusión noticiosa la palabra “terrorismo”. Desde la páginas de la revista, Menéndez evidenció la falta de pruebas en las hipóties de la autoridad. Con dos testimoniales vagos, de dos yucatecos por cierto, Mario Renato fue acusado de ser autor intelectual de uno de los atentados. El del PAN.

El 26 de febrero 

de 1970 se escribió:

“Secuestrado por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, quienes a punta de pistola y golpes lo sacaron del automóvil en que viajaba en unión unión de un funcionario y dos empleados de la Revista POR QUE? el jueves 12 de febrero de 1970 a las 5:30 de la tarde, comenzó un nuevo calvario de nuestro director, el periodista independiente Mario Renato Menéndez Rodriguez”.“Manuel José Quintana escribió la frase lapidaria: “Triste y necesaria condición de los tiranos tener que cometer a cada paso nuevos delitos para sostener el primero”. Y ésto, precisamente ésto, es lo que ocurre en el México del año en que agoniza el Sexenio de la Ignominia.”

“Porque, para que hasta la mente más tarada comprenda el plan del régimen para involucrar en una “conspiración” al periodista, presentamos, sin términos legales y uno por uno, lo absurdo e infantil de las acusaciones “ideadas” por el “genio” oficial. Se le acusó de los delitos de conspiración, invitación a la rebeldía, asociación delictuosa y coautor de la fabricación de bombas o artefactos explosivos y por supuesto daño en propiedad ajena. La del PAN, enemigo político del PRI. Las acusaciones eran de estudiantes yucatecos, realizadas en 1969, así comenzó la querella contra el periodista. Una larga travesía que lo sumió en el Palacio Negro de Lecumberrí, pues entre otras represalías su abogado sufrió amenazas y abandonó el caso.

Mario Renato estaba tras las rejas mientras su hermano, de nombre Roger Menéndez Rodríguez, seguía desde la redacción encaminando la tarea editorial en la que seguía a su consanguíneo con la misma pasión desde hacía años. Las imágenes del yucateco tras las rejas, tanto en barandilla, como en Lecumberri, no fueron impedimento para frenar sus ideas. Sólo eran barrotes, los cuales no hacían nada a su mente ni ideales.

Mario Renato permaneció preso en Lecumberri desde donde logró hacer llegar algunos textos que se publicaron en Por qué? Sus compañeros, como llamaba a los guerrilleros y luchadores sociales, no le dejaron solo y aunque cuestionado por la historia, Genaro Vázquez con las armas hizo política y consiguió que, a casi dos años del encarcelamiento de Don Mario y otros presos políticos, fueran liberados.

Vázquez y su grupo armado secuestraron a prominente guerrerense, a cambio de su liberación a salvo pedían que “sus compañeros” dejaran la cárcel. 

En diciembre de 1971  en Por qué? se expuso de Menéndez este comunicado:

“Informado por el subdirector de la Dirección Federal de Seguridad, Miguel Nazar Haro, quien me enseñó el comunicado de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria en el cual exigen que el gobierno de México otorgue salvoconducto a mí y a otros ocho presos políticos para salir del país a cambio de la vida del doctor Jaime Castrejón Díez, quiero dejar pública constancia de que debido a la total ausencia de garantías ciudadanas y a la presión gubernamental como consecuencia del peligro de muerte del rector de la Universidad de Guerrero; debido a que en México sólo por la fuerza revolucionaria pueden salir de la cárcel los presos políticos, y a que el régimen se negó a aceptar mi libertad incondicional dentro de la República Mexicana, toda vez que desde hace casi dos años burla mis derechos constitucionales al tenerme encarcelado bajo falsas, inventadas absurdas acusaciones —¡sin que siquiera se me haya cerrado el arbitrario proceso que se instruye!—; debido a todo ello, repito, me veo forzado a abandonar el país en circunstancias que desconozco, con la confianza de que mis compañeros presos políticos.

—más de doscientos sean puestos en libertad por el Gobierno, dentro de la Patria,  antes de que este mismo régimen tenga que hacerlo, forzado por nuevas acciones revolucionarias que demuestren a propios y extraños la mascarada democratoide que padecen cincuenta millones de mexicanos.” Mario Renato salió el 9 de diciembre de 1971 en un avión militar rumbo a La Habana, Cuba, donde permaneció 10 años en exilio. Su rumbo sólo lo cambiaron, mas no le pusieron freno.

Recorrió varios países, encontró y difundió cientos de historias, sufrió los problemas de los pueblos. Exhibió a los responsables, se lamentó y buscó ayudar a las víctimas. Fue, luchó y volvió. Nunca se vio como un vencedor, porque sabía que las batallas contra la injusticia eran muchas y mientras hubiera alguien que padeciera por ello: “Me da fuerza para seguir”, dijo firmemente a lo largo de su vida.

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JY 

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