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“Uno de mis compañeros no pudo con la escena de ver a un niño muerto tomado con fuerza de un muñeco de peluche", dijo el paramédico que participó en el rescate al ADO en la carretera Mérida-Cancún

“Después del accidente del autobús en la carretera no se me bajó la adrenalina por varias horas, los cuerpos iban y venían en las camillas, era desesperante ver como aparecían uno tras otros los muertos o los heridos. Te confieso que esa noche no pude dormir. Mi mente proyectaba esas escenas una y otra vez”, relató O.O.C., uno de los dos paramédicos del puerto de Progreso, quienes vivieron el momento más traumático en sus carreras hace un par de días durante el accidente del autobús de la línea ADO en la carretera federal Mérida-Cancún, el cual tuvo como saldo ocho muertos, entre ellos un par de menores de edad.

Parte de lo que acontece a la labor del paramédico, es que en este oficio resultan inciertas las llamadas de auxilio, obligando al elemento a estar preparado física y mentalmente: “era un día normal hasta que en el teléfono de base llegó un mensaje que decía que en el kilómetro 242 había un percance, pero no se nos indicó que fue ni que pasó, solamente anexaron una foto donde se podía observar un enorme camión volteado sobre su lado izquierdo, ahí empecé a sentir el corazón agitado. Al descender de mi unidad y ver la escena me quedé unos minutos parado sin poder hacer nada, estaba como petrificado, hasta que en mi instinto de reacción le pedí a mi compañero que hablara y gritara dentro del autobús para ver si alguien respondía para indicarnos que se encontraba con vida, pero lamentablemente no recibimos tal respuesta, sino hasta minutos después”.  

La escena que relató el padre de familia de un bebé de dos años, la describe como surreal, pues con la poca visión que logró tener dentro de la unidad vio que se encontraban nueve personas entre los cristales rotos y fierros retorcidos, dos más consientes, pero con sangre en el rostro y llorando mientras preguntaban por sus familias, todas las voces al unísono sin poder identificar de que partes provenían exactamente.   

“¡Salga de ahí por favor! pedí de inmediato a todos, entonces un hombre me respondió enojado que no se iría, porque ahí estaba su pequeña hija sin vida, también recuerdo a una joven mujer que se lamentaba por su compañero de viaje que igual había sucumbido. El operador de la unidad estaba estable, pero con una pierna prensada en su espacio de conducción. Dejando atrás todas mis emociones les indique a todos por segunda vez que salgan, porque era demasiado peligroso, mientras que quienes no podían moverse fueron describiéndonos los impedimentos que tenían”, agregó.

Al salir del autobús a mitad de la carretera, el paramédico afirmó que la imagen era aún más insostenible, describiendo el panorama como sacado de una guerra, pues con cuerpos por doquier, todos los sobrevivientes sollozaban por ayuda.

“Me dejaron que atienda a dos niños como de entre seis y ocho años, al ver que me iban a necesitar, acudió mi compañera, por lo que empezamos a contener hemorragias, inmovilizar extremidades y clasificar a los pacientes según su gravedad. Cuando arribó otra ambulancia al lugar, junto con el otro paramédicode Progreso, le abordamos a una menor y a su madre que tenía un golpe severo con herida abierta en la cabeza”, especificó O.O.C.

Las ambulancias, confiesa el enfermero, que cada vez acudían en mayor proporción tanto de la Cruz Roja como de parte de empresas privadas, llevando cada una de tres a cuatro pacientes. En menos de media hora, el lugar estaba lleno de unidades de bomberos con base en Cancún, personal de rescate, oficiales de la Guardia Nacional (GN), Protección Civil (PC), y Fiscalía General de la República (FGR) para hacer el registro de los cuerpos sin signos vitales.

“En el momento todo el miedo que te atrapa se va y solo decides actuar acorde a tu conocimiento. Si es traumático, pero no te da tiempo de pensar en las víctimas mortales, solo puedes pensar en contener la hemorragia de a quien intentas salvarle la vida, y tener la serenidad de calmar a quien ha sufrido una pérdida; lo más triste es que nunca sabemos que ha pasado con aquella persona que te vio de frente mientras la salvabas”, expresó el entrevistado.

Ambos paramédicos de la Cruz Roja coincidieron en que la experiencia ha sido la más traumatizante para ambos, pues nunca habían vivido un accidente que arrojara tal magnitud de heridos a las cuales otorgaron primeros auxilios, a ello agregan la euforia de los familiares que acudían al punto de máxima precaución, pues ante la desesperación de encontrar a sus allegados, incluso agredieron a los rescatistas.

“Recuerdo haber salvado a una muchacha como de 20 años que estuvo a punto de morir por una hemorragia, su papá llegó gritando y en un estado de locura que pocas veces he visto, la Policía le pidió abandonar brevemente que abandone el área de atención, no supe más hasta que llegué a un hospital de Cancún y lo vi llorando en las entradas de emergencia, le grité que dentro de nuestra ambulancia estaba su hija y empezó a suplicarme que por favor la joven estuviera viva, me tenía sostenido del equipo, por suerte la joven sobrevivió y el señor empezó a rezar junto a nosotros”, relató por su parte Gerardo J.L.A., sin apartar la mirada al corresponsal en turno del POR ESTO!

Una de las razones por las que el evento fue traumatizante para los progreseños, resaltó J.L.A., se debió a la cantidad de niños que temblando no dejaban de llorar en estado de shock, mientras eran arropados por sus padres.

“Uno de mis compañeros no pudo con la escena de ver a un niño muerto tomado con fuerza de un muñeco de peluche, era tanta la presión del pequeño que así fue sacado del autobús. Por la noche es cuando los recuerdos nos invadieron y es inevitable no sentir una profunda tristeza por lo que ocurrió. Describo el accidente como el más fuerte que me ha tocado desde que inicié como voluntario en la Cruz Roja en el año 2013”, dijo el paramédico para posteriormente guardar silencio.

Debido a la cantidad de cuerpos que atendieron y la multitud de salvavidas que estaban en el lugar de los hechos, los entrevistados confiesan que ni siquiera se dedicaban a pedir nombres, resaltando de esta manera el caso de la joven oriunda de Mérida que perdió la vida ahí mismo, de la cual desconocen haber atendido.

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CC