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Quintana Roo

La joven Aylin, originaria del Cancún, relató cómo sus seres queridos se contagiaron del virus y fallecieron con nueve días de diferencia.

“No me abraces, no quiero que te enfermes, eso me decía ella antes de hospitalizarla, me hubiese gustado poder darle un abrazo de despedida a mi mamá; ella y mi abuela fallecieron en el mismo mes, a veces siento que voy a abrir el cuarto y ahí van estar”, narró Aylin, quien a sus 21 años perdió a sus dos seres queridos, que se contagiaron en alguna salida a comprar la despensa.

Ella vivió con su mamá y abuela en la misma casa durante 21 años, desde su nacimiento, pues su padre,es un chófer viajero que vive en otro estado y les envía dinero; una familia comerciante de abarrotes, que al declararse la cuarentena en Quintana Roo, en el mes de marzo, se cuidaron, compraron sus tapabocas y acataron las medidas sanitarias.

Al vivir en medio de la “irresponsabilidad ciudadana” y la necesidad de salir a comprar mercancía necesaria hicieron que la madre empezara a presentar síntomas un 22 de junio, día que en el estado ya se contabilizaban tres mil 180 casos positivos por COVID-19.

No pasó mucho tiempo para que tanto ella, como su abuela, también se contagiaran del virus.

22 de junio, mamá presenta los primeros síntomas

Después de días de permanecer en cuarentena, ella junto a su mamá salían recurrentemente a hacer las compras indispensables para la tienda de abarrotes, así como muchos cancunenses que lucharon durante el confinamiento y continuaron día a día para mantener sus negocios y economías a flote.

Con gel en mano, cubiertas con tapabocas, luchaban contra la ignorancia y desacato de muchos, ellas entendían que era importarse cuidarse e inculcaban a sus clientes ser más responsables; pero no fue suficiente, la mamá empezó a presentar los primeros síntomas, como dolor de garganta, fiebre y dolor de cabeza.

“Ella desde un principio se fue atender, de hecho fue a una consulta en farmacia porque no quería ponerse peor, ahí le dijeron que sólo tenía una infección en la garganta, así que tomó las recomendaciones del médico y se fue a casa a descansar, entre la incertidumbre y confianza del diagnóstico médico de poder recuperarse".

24 de junio, Aylin presenta síntomas

Pasaron tres días para que la joven hija empezara con síntomas parecidos a los de la madre, la preocupación aumentaba para ambas, pero el diagnóstico médico era permanecer en casa, porque sólo se trataba de una infección, ¿Qué podían hacer ellas?

“Mi mamá se la pasaba en la cama acostada, porque ella ya se empezaba a sentir muy mal”, ambulatoriamente estaban tratando al virus sin saber a qué se estaban enfrentándose realmente.

Una semana en casa con tanque de oxígeno

Fue el lunes 27 de junio cuando la madre empezó a tener problemas graves de respiración, ella decidió ir a consultar con un doctor en farmacia, y en el momento el médico la vio, le dijo que tenía COVID-19.

Ella no quería creer aquel diagnóstico, era aterrante pensar lo que podía pasar. A ninguna de las dos se les había aplicado una prueba de detección del virus.

“Mi mamá estaba muy preocupada porque las dos continuábamos con síntomas y no sabía qué más podíamos hacer”, recordó.

La mamá tenía problemas respiratorios cada vez más frecuentes y prolongados, por lo que les recomendaron rentar un tanque de oxígeno.

“El tanque lo rentamos en la farmacia París por nueve mil pesos, y eso que fue el más barato que encontramos”, dijo.

01 de julio, internan a la mamá y la abuela empieza a sentirse mal

Habían pasado aproximadamente tres días, la madre le pidió a la hija que la llevara al Hospital General de la ciudad para que se les aplicara la prueba a las dos.

“Cuando llegamos al lugar, mi mamá ya presentía que se iba a quedar”.

Lo primero que hicieron fue checarles la saturación de oxígeno a las dos.

“Mi mamá estaba saturando en 80 (hipoxemia) por lo que los médicos le recomendaron que se quedara internada para hacerle la prueba, a mí no, porque yo estaba saturando bien”.

La madre aceptó, ella ya tenía el presentimiento, de alguna forma se resignó a que así tenía que ser.

“A mí me dijeron, tu quédate en tu casa aislada 15 días, no tengas contacto con nadie, ni con tus mascotas”, añadió.

Aquel día en que la joven mujer tuvo que dejar a su madre internada en el lugar más temido de la ciudad, se empezó a dar cuenta que su abuela se sentía mal y la tos no le paraba, ella le preguntaba si todo estaba bien, a lo que la abuela respondía y alegaba que era su asma lo que le hacía toser; ella joven y apenas experimentada, no discutía las conclusiones de la progenitora de su madre.

04 de julio, la abuela empieza a perder la respiración

“Yo había dejado mis datos en el hospital donde mi mamá se estaba quedando internada, a mí me daban informes de su estado de salud”, declaró.

El hospital en un principio llamaba a la hija para darle las buenas noticias de que su mamá estaba reaccionando y recibiendo el oxígeno correspondiente. Aunque todo en el hospital parecía mejorar y la calma volvía al cuerpo, por otro lado, en casa la abuela había continuado con la tos y cada vez parecía sentirse peor.

Ella relató que su tío, el cual vive en la casa de a lado, fue a ver a su mamá (abuela) y se percató que las cosas no andaban tan bien.

“Mi abuela le dijo a mi tío que no había podido dormir toda la noche, pero horas más tarde, se dio cuenta de ya no podía respirar, ya no dejaba de toser y se agitaba muchísimo”.

El tío en su desesperación, sólo tomó el teléfono y llamó a una ambulancia, al llegar los paramédicos advirtieron que tenían que llevársela al hospital de inmediato. En ese momento, la joven mujer ya no sólo tenía que pensar en su mamá, ahora también su abuela estaba en un momento crítico de salud.

Al ser internada, los médicos avisaron que la señora ya empezaba a saturar de nuevo y el oxígeno empezó a regularse en su sangre, sólo faltaba verificar que realmente fuera un problema por asma.

05 de julio, fallecimiento de la abuela

En la mañana de aquel día, el hospital avisó que la mujer de la tercera edad había fallecido en la madrugada.

“Cuando mi abuelita murió, mi mamá seguía reaccionando, pero no le quisimos decir la noticia para no comprometer su salud. Yo recibí la noticia muy mal, todo fue tan rápido, mi mamá estaba internada ¿Cómo le iba a decir?, mi mamá sólo vivía para mi abuelita”.

En el hospital, a la recién fallecida no le hicieron ninguna prueba para detectar el coronavirus, pero al haber tenido contacto con la hija y nieta, una que sí era positiva, se firmó su acta de defunción con fallecimiento por COVID-19.

“El trámite fue rápido, sólo tuvimos que llevar los papeles que faltaban para poder entregar el cuerpo a la funeraria y se hiciera la cremación inmediata, no la íbamos a poder velar, ni enterrar en ataúd”, relató la nieta.

09 de julio, la mamá pide que la entuben

Habían pasado cuatro días desde el fallecimiento de la abuela y madre, el dolor y el duelo eran muy recientes, todo había sido tan precipitado, la abuela apenas presentó síntomas y una noche bastó para agravarse, internarse y ya nunca más volver a casa.

La noticia del fallecimiento de la abuela no se la había comunicado todavía a la madre hospitalizada.

“Me llamaron del hospital para decirme que mi mamá había pedido que la entubaran, ella ya estaba muy cansada; yo recibí esta noticia muy fuerte, era lo que menos queríamos”.

La madre de la joven permaneció entubada aproximadamente una semana, el tío era el que estaba al pendiente de su sobrina y era el responsable de andar de arriba para abajo con todas las solicitudes del hospital, hasta ese momento él se había encargado de todos los trámites de defunción de la abuela.

14 de julio, fallece la mamá

“Eran aproximadamente las 4:20 de la tarde, cuándo me hablaron del hospital para decirme que mi mamá no estaba reaccionando y era de las pacientes más graves que tenían en el hospital, me explicaron que ya no estaba eliminando las toxinas y que estaba muy inestable de la presión, que querían hacerle una diálisis, pero había mucho riesgo si la bajaban al quirófano”, relató.

La señora falleció aquel día por varias complicaciones, pero todas ocasionadas por haberse contagiado de COVID-19.

“Recibí la noticia de mi mamá más tranquila, porque ya sabía que estaba entubada, ya sabíamos que no iba a salir porque ella tenía más enfermedades, como hipertensión, sobrepeso y estaba en un cuadro de depresión porque uno de sus hermanos había fallecido recientemente. Mi papá trabaja en otro estado y estábamos muy preocupados porque recibió la noticia muy mal”.

Explicó que a la fecha, se hizo unaúltima prueba para verificar si contaba con el virus y salió negativa, posteriormente también se realizaron dos desinfecciones profundas en el domicilio, lo que le trae más tranquilidad a la familia que también vive en la ciudad y está al pendiente.

La joven comenta que desde el día que internaron a su mamá, ya no la pudo ver, porque la metieron directamente al área COVID.

“Ahora que estoy en la casa donde conviví tanto tiempo con ellas, me pasa que abro el cuarto y pienso que van a estar ahí”, agregó.

Con mucha entereza pide que disfrutemos de nuestros seres queridos, que nos cuidemos.

“Hay que convivir con la familia, abrazarlos si podemos, porque no sabemos lo que pueda pasar; yo todavía el último día que mi mamá estuvo aquí en la casa, le dije: ¿te puedo abrazar? Y ella me dijo, no, no; yo hubiera querido poder darle ese último abrazo, igual con mi abuelita, no me pude despedir de ninguna”, expresó.

“Todavía sigo en shock con todo lo que pasó en mi familia, pero muy preocupada por la gente que sigue saliendo a la calle sin cubrebocas y no toma medidas, nosotras sólo salíamos por lo necesario y miren todo lo que pasó”, puntualizó.

Por Diego Ramos Marín

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