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Opinión

En las pasadas elecciones presidenciales las manifestaciones populares en apoyo a su candidatura eran las más numerosas y entusiastas, y hoy el Presidente de Colombia pide salir a la calle

Desde cuando se perfilaba como posible ganador de la Alcaldía de Bogotá, el hoy presidente, Gustavo Petro, ha recurrido a la convocatoria de sus seguidores a salir a la calle a apoyar a sus políticas o en rechazo a los ataques que considera injustos.

Tiene razón: la calle lo ha llevado hasta donde está: cuando siendo Alcalde el muy derechista Procurador General de la Nación ordenó su destitución amañando los hechos, Petro convocó varias veces a sus seguidores a la Plaza de Bolívar, la más importante del país, para manifestarle su apoyo y solicitar al Consejo de Estado revertir esa sanción, lo cual finalmente se logró con el argumento de que, no siendo autoridad judicial, no tenía competencia para destituir a un servidor público elegido por voto popular. Eso le posibilitó llegar a la Presidencia de la República.

En las pasadas elecciones presidenciales las manifestaciones populares en apoyo a su candidatura eran las más numerosas y entusiastas, así que él sabe muy bien que en la calle está su fuerte.

Aunque no fueran para apoyarlo sino contra el Gobierno de su antecesor, Iván Duque, las multitudinarias marchas del 2019 y el 2020, que se convirtieron en un verdadero estallido social, fueron muy bien aprovechadas por Petro, que se convirtió en vocero de muchas de las peticiones de los manifestantes, lo cual ayudó bastante en su camino a la Presidencia.

Ya siendo Presidente, en febrero del 2023, convocó a sus seguidores a manifestarse en la calle en apoyo a sus propuestas de reforma a la salud, laboral y pensional, principalmente, que el Congreso le negaba, pero esta vez la audiencia no fue multitudinaria.

Más recientemente, pidió nuevamente, aunque no de manera explícita, a sus seguidores, salir a la calle y manifestarse para presionar a la Corte Suprema de Justicia a que escoja Fiscal General de la terna de tres excelentes candidatas que él ha presentado para ese fin, tal como ordena la Constitución, pero que la Corte, luego de cuatro sesiones, no ha elegido.

Esto ha ocasionado problemas con el Poder Judicial que, exagerando el peligro que pudieran haber corrido los magistrados por los gritones manifestantes a las puertas del Palacio de Justicia, considera que el Presidente está invadiendo sus territorios, aunque ahora, si bien no en apoyo al Presidente, ese pedido se ha convertido en un clamor nacional.

Pero el recurso de presionar copando las calles no es sólo recurso de Petro ni de la izquierda: en febrero del 2008 hubo marchas multitudinarias contra el secuestro que se había convertido en una plaga nacional. Habría que anotar, sin embargo, que, no faltando razón para ese rechazo, por esas mismas épocas los paramilitares realizaban las más aterradoras masacres contra campesinos indefensos sin que eso condujera a un llamado semejante. Me atrevo a aventurar una razón: todos éramos víctimas potenciales de secuestro, pero los pueblos donde ocurrían las masacres eran tan apartados que los manifestantes no se sentían en peligro de caer en ellas. Ninguna solidaridad con ellos.

Cuando se dieron las grandes manifestaciones contra el Gobierno de Iván Duque, la derecha las ridiculizaba diciendo: “trabajen, vagos” y “yo no paro, yo trabajo”. Pero hace cuatro días, no trabajaron, sino que pararon: sus marchas fueron muy concurridas y en ellas participaron muchos centristas descontentos con el Gobierno. Y, ni Petro pudo capitalizarlas, ni la derecha pudo desdeñarlas como aventuras de vagos. Ocurrieron también desmanes de esos que la derecha atribuye siempre a la izquierda: dos periodistas de RTVC, la radio y televisión pública, que suponen afectos al Gobierno, fueron agredidos. Como cualquier marcha de la izquierda.

Para resaltar: esta vez no hubo heridos, ni jóvenes que perdieran los ojos por acción del ESMAD (escuadrón antidisturbios) como en el 2019, cuando se abalanzaron contra manifestantes indefensos. Ahora tienen la orden de respetar la protesta social. Así que ya quedó establecido: la calle para quien la trabaja.

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