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Desde hace varios años una organización entronizó el secuestro como base de su economía, lo que vino como balde frío de la esperanza y rabia

Después de la ilusión, vino el balde frío de la desesperanza y la rabia. No habíamos acabado de asimilar la alegría del compromiso del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la última ronda de negociaciones con el Gobierno en México, de cesar los secuestros (que ellos insisten en denominar retenciones) cuando su comandante máximo, Antonio García, nos bajó de esa nube diciendo que seguirían secuestrando mientras no tuvieran otra forma de financiación.

Desde hace varios años esa organización entronizó el secuestro como base de su economía y ante los intentos de varios gobiernos de lograr su desmovilización mediante la negociación, esta guerrilla, que según investigadores académicos tiene otras formas de financiación como la minería ilegal y las voladuras de oleoductos, rentables para ellos y dañinas para las comunidades cuya participación exige, pone la condición de continuar con el secuestro, acaba parándose de la mesa y da por terminadas las conversaciones.

Varios gobiernos lograron desmovilizaciones exitosas en el largo plazo: en el 1989 y el 1990, el M19, el Movimiento Indígena Quintín Lame y el Ejército Popular de Liberación (EPL), luego de dejar las armas, se lanzaron a competir en las urnas la participación en la Asamblea Constituyente, sacaron la segunda votación, por encima de partidos políticos tradicionales, y con Antonio Navarro, excomandante del M19, hicieron parte de la Presidencia de dicha asamblea, compartida con el Partido Liberal y el Partido Conservador, cuyo representante había sido secuestrado hacía unos meses por la organización de su compañero de mesa.

Luego de eso, varios exmilitantes y exdirectivos del M19 han ocupado ministerios, gobernaciones, alcaldías y otros puestos de significación en la jerarquía burocrática nacional.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se desmovilizaron en el 2016 y ocupan escaños en el Congreso nacional en virtud del Acuerdo de Paz, pero ya la aceptación del público les es más esquiva, entre otras cosas, por los secuestros que durante tanto tiempo practicaron y que hirieron no solo a sus víctimas directas sino el alma misma de la nación porque el miedo a padecerlo hizo que la gente no se atreviera a salir a las carreteras por el temor a caer en sus llamadas “pescas milagrosas” con las que, mediante la instalación de un retén se llevaban a todos los que tuvieran la mala suerte de pasar en ese momento.

El ELN no valora suficientemente el rechazo tan brutal que ha generado en la población con esa práctica, que viola sistemáticamente, y por todo el tiempo que dura el secuestro, todos los derechos humanos de la persona. Su posición en los últimos meses en que se han adelantado las conversaciones en el marco del proyecto de Paz Total del presidente Gustavo Petro, ya ha colmado la paciencia aun de gente de izquierda. Esta organización guerrillera tuvo en sus filas no solo al Padre Camilo Torres, símbolo del heroísmo, de quien está dispuesto a entregar su vida por la salvación de los demás, sino de muchos otros religiosos y monjas y estudiantes revolucionarios.

Miles de campesinos han militado y aún hacen parte de esa guerrilla con un espíritu verdaderamente revolucionario, pero esa entrega desinteresada queda opacada por su persistencia en la práctica del secuestro. Hace aproximadamente un mes secuestraron al padre de un futbolista famoso y cuando vieron de quién se trataba Antonio García salió a decir que había sido un error, pero no por el hecho mismo, sino porque no habían sabido de quién se trataba y la repercusión mundial de rechazo que produjo.

Por eso, los delegados del Gobierno para esta última ronda de negociaciones -ambos exguerrilleros de dirección del M19- iban con la consigna expresa de que no continuarían los diálogos si la guerrilla persistía en el secuestro. Salieron de esa reunión satisfechos a dar el parte al país de que el ELN había aceptado terminar con esa práctica, pero, como ha ocurrido en todas las ocasiones anteriores, Antonio García salió a desmentirlos: continuarían secuestrando mientras no tuvieran otra forma de financiamiento.

El presidente Petro respondió: “El Estado se compromete a poner plata y ustedes a que el fusil se oxide. Punto”. A lo cual respondió García: “A nadie cuerdo se le ocurriría solicitarle a su enemigo que lo financie”. Hay también ofrecimientos en ese sentido de la comunidad internacional, con lo cual queda anulada su excusa.

Esperamos que la respuesta, esta vez, no sea otro portazo a la paz.

 

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