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México / Tren Maya

Consideró que es necesario hacer estudios amplios y a profundidad, y no sólo de los costos de construcción

La investigadora y profesora de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), María Elena Torres, consideró que se necesitan hacer estudios amplios y a profundidad, y no sólo de los costos de construcción, sino de las afectaciones y gastos de mantenimiento que tendría el proyecto del Tren Maya en Mérida, al ser elevado, así como la imagen urbana que no puede dejarse de lado.

Como se informó oportunamente, el titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons descartó que el Tren Maya que llegará a Mérida sea subterráneo y se proyecta que el trayecto de ingreso a la capital, así como la estación de La Plancha, estén a 9 metros de altura.

La entrevistada consideró que en ingeniería la obra puede ser factible, pero no se trata sólo de un tema de costos de construcción o de viabilidad, sino de los impactos que puede tener el querer llevar a cabo una obra de este tipo dentro de una ciudad que ya está construida y cuando la tendencia en el mundo es que, cuando se hacen estaciones del tren se construyen a las afueras de las ciudades.

“Al día de hoy no hay estudios de impacto, de estructura urbano, de costos. No hay estudios de la ciudad, por ejemplo, de qué diámetro serían las columnas para sostener las vías del tren que correría elevado, de que magnitud serían las vibraciones y que tanto abarcarían”.

“Sí se puede hacer, desde luego, porque la ciencia y la ingeniería han avanzado lo suficiente para ello, pero hablamos de que al día de hoy no sabemos los impactos que podría tener la obra y, sin esos estudios, es una mera idea”, insistió.

Sin embargo, dijo que cualquier idea o proyección que se haga debería de ir de forma paralela a los estudios técnicos de la obra en sí y de las afectaciones a corto y mediano plazo.

“Necesitaríamos saber qué sostendrá el viaducto del tren, si sería pilares, columnas, de qué ancho, se llevarían contrafuertes, de qué magnitud serían las vibraciones, cómo se regularían los accesos y el mantenimiento, dónde caerán los postes si sobre la vivienda o las vialidades”, expuso.

Desde su punto de vista, comentó que la obra siempre traerá afectaciones, pero se requiere ver dónde pueden ser menos y, en este caso, dijo que hacer la estación en la periferia sería lo mejor pues se trata de una obra con múltiples beneficios, pero que también podría tener daños.

“Repito que en ingeniería sí puede ser posible que se haga, pero no creo que sea lo más adecuado, porque hablamos también de una ciudad histórica en la que se tendría que llevar a cabo un proceso de cimentación, donde se pueden encontrar en el subsuelo yacimientos arqueológicos, cenotes, oquedades. Muchas cosas se podrían descubrir en la cimentación”, expuso.

María Elena Torres Pérez reiteró que hay muchos aspectos técnicos a considerarse, como por ejemplo la velocidad del tren y las vibraciones que va a generar por minuto y de qué forma se repartirán, cuál es la distancia que abarcarían las mismas.

“Hay cuestiones técnicas que se deben solucionar, de lo contrario será una cadena de efectos negativos y se podrían afectar viviendas y a la ciudad. Hay que hacer estudios, prevenir y medir el impacto”, dijo.

Añadió Torres Pérez que otro tema importante es la forma en que se podría afectar la imagen urbana tener un viaducto elevado en una ciudad histórica como lo es Mérida.

“Y aquí no se trata de negar o estar en contra de un proyecto como este, pero sí señalar que no se están tomando las acciones necesarias, que no hay estudios técnicos, que no está bien pensado, y que todo esto debería ser paralelo, mientras se exponen ideas debería haber un equipo técnico que esté laborando en definir los costos de construcción, los costos de afectación y los costos de mantenimiento”, mencionó.

Explicó que no es nada más medir el proyecto en costos de lo que se invertiría en recursos, sino las afectaciones y las consecuencias que puede traer la obra. También, por ejemplo, comentó que se debe evaluar cuáles son las construcciones que serían afectadas, si pudiera haber expropiaciones, así como el costo de mantenimiento a largo plazo, el cual puede ser alto y para siempre.

Además, reiteró que también se debe llevar a cabo un estudio de evaluación de riesgo, pero también hay que socializar toda esta información, tanto con los especialistas como con los ciudadanos.

“La población debería conocer los riesgos y los estudios, para que sepan si apoyan o no el Tren Maya en Mérida”, señaló.

En el caso de la estación de La Plancha, dijo que la idea es buena, la de poder combinar una obra moderna con una obra y una zona histórica como es la del ferrocarril en Mérida, pero recordó que esta es patrimonio cultural y debe haber una correcta evaluación de los impactos.

Sería raro

Vecinos de la zona de La Plancha consideraron que “sería raro” ver una estructura elevada por el lugar que haga llegar al tren, pero de éste señalaron que es una buena acción que se pueda echar a andar otra vez algo que hace años dio servicio a mucha gente.

El señor Carlos Federico Cárdenas Duarte, quien desde hace 25 años vive en la zona y trabajó en el ferrocarril durante 32, dijo que es muy bueno que se eche a andar de nuevo el tren que durante muchos años dio servicio a la gente que viajaba a Tizimín, Valladolid, a la Ciudad de México.

“Ahora creo que sí sería bueno, pero también como que sería raro ver que esté por arriba, pero hay que ver como lo hacen. Yo trabajé tantos años en el ferrocarril y es una obra que no puedo ver mal, porque sí traerá beneficios”, expuso.

Dijo que el tren hacia a la Ciudad de México 36 horas en total, y también se viajaba a Campeche a Tizimín y el tren salía a las 5 de la mañana y llegaba a las 11, el de Valladolid salía como a las 5 de la tarde, y así se daba servicio a la gente.

El señor Jorge Sánchez May, otro vecino y quien labora en la limpieza de los parques, expuso que los especialistas deben saber si se puede hacer la obra, pero en definitiva sí traería un beneficio a la población que se podría mover de forma más rápida y ojalá, dijo, que sea barato para los pasajeros.

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