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En estos textos, Georgina Rosado Rosado nos comparte las diferentes perspectivas del feminismo, así como la historia detrás de las mujeres que comenzaron el movimiento

De los feminismos en Yucatán y sus dilemas existenciales

Tan solo hace unas semanas atrás las calles de Mérida se llenaron, al igual que en muchas partes del mundo, de miles de mujeres que gritamos: “se va a caer, se va a caer, el patriarcado se va a caer”, consigna que algunas certeramente corregían: “No se va a caer, lo vamos a tirar”. Pero ¿qué es lo que vamos a tirar?  y ¿cuál es la estrategia o el camino para hacerlo?

Sobre lo que es el patriarcado, la mayoría estamos de acuerdo en cómo definirlo; es un sistema de desigualdad estructural, de un dominio institucionalizado que mantiene la subordinación de las mujeres y de todo aquello considerado femenino. Aclarando por supuesto que “mujer”, y lo “femenino”, son categorías que tienen una referencia biológica pero que son construidos e interpretados culturalmente de manera diferentes en los distintos grupos sociales, tema que por su complejidad e importancia hablaré en otro artículo.

Sin embargo, quizás la primera acotación que habría que hacer es la relación del patriarcado con el actual sistema social y político, es decir: el capitalismo, dilema del cual surgen las principales corrientes (no todas) y las interpretaciones del feminismo de ayer y de hoy en Yucatán, así como de otras partes del mundo. Lo que distingue a las feministas de izquierda es que aseguramos que el patriarcado tiene un origen muy anterior al capitalismo, pero que este sistema se apoya en él para conseguir sus objetivos, reforzarse y mantener todas las formas de opresión y desigualdad vigentes por motivos de clase, etnia, orientación sexual y demás. 

Los feminismos en Yucatán, el liberal que surgió a la par de las revoluciones burguesas del mundo, y el feminismo socialista, no fueron olas que se sucedieron plácidamente una a la otra sumando demandas en cada una, sino que surgieron más bien como ríos paralelos que en ocasiones se fusionaron y otras se enfrentaron; y como los feminismos actuales, mantuvieron agendas en común y también contradicciones en sus objetivos y estrategias.   

Es importante señalar, retomando la historia de nuestras ilustres maestras liberales, pertenecientes a familias masónicas que tanto nos aportaron como Rita Cetina Gutiérrez, Gertrudis Tenorio Zavala y Cristina Farfán entre otras, que fundaron el primer liceo de niñas en Yucatán y la primera revista dirigida exclusivamente por mujeres, que ellas defendieron nuestro derecho a una educación científica y laica, rompiendo con esto el pensamiento dogmático arraigado en las antiguas tradiciones que nos negaban esta posibilidad.

Sin embargo, y perdonen que las perturbe con el dato, en la revista “Siempreviva” pueden encontrar versos y loas al ejército que combatía a los mayas insurrectos, precisamente en aquellas fechas (1871) cuando eran comandados por una mujer: la Santa Patrona María Uicab. En aquel entonces los mayas cruzo’ob, eran liderados por esta mujer en la lucha por defender su territorio de la embestida de las elites yucatecas liberales apuradas por instaurar el capitalismo y su modelo de desarrollo en aquella región dominada por los llamados “barbaros de oriente”. Esta situación hasta hoy prevalece.

Ellas, Las Siemprevivas, al igual que sus alumnas Consuelo Zavala, Domingo Pastrana y las otras organizadoras del primer Congreso Feminista en Yucatán, también pertenecientes a familias liberales masónicas, maestras ilustradas, le apostaban a la educación y a ciertas reformas dentro del sistema capitalista moderno que implicaban el reconocimiento de nuestros derechos humanos, pero nunca se plantearon el desmantelamiento de este sistema, como tampoco lo hacen las liberales actuales.

Las contradicciones entre los feminismos en Yucatán se hicieron presente en el Primer Congreso Feminista de México realizado en el teatro Peón Conteras. En aquel entonces, tristemente las maestras y literatas no iban acompañadas de sus compañeras obreras o campesinas porque a estas últimas se les negó la entrada. Esta postura de negar la entrada a las mujeres que no tuvieran educación básica, lo que excluía en automático a las mujeres de la clase trabajadora, es la razón por las que muchas feministas socialistas, entre ellas Elvia Carrillo, se negaron a participar en aquel Congreso. Recordar este hecho, no es con la intención de restar importancia al Primer Congreso Feminista de México ya que, quien lea sus actas, se sorprenderá de lo adelantadas que eran las maestras yucatecas para su época y de lo radical que eran algunas de sus demandas, como la exigencia de una educación laica y científica para las mujeres, igualdad en el ejercicio de las profesiones y en las condiciones salariales entre hombres y mujeres en otras. Sin embargo, nos recuerdan nuevamente los límites entre las dos posturas feministas, las liberales y las socialistas, que en aquel entonces ya estaban presentes y que aún están en el escenario político.

Contemporáneo a las feministas liberales ya se encontraba en Yucatán otro grupo de mujeres dispuestas a luchar por el reconocimiento de sus derechos sociales y políticos, las socialistas: Elvia Carrillo Puerto, Susana Betancourt, Rosa Torres, Raquel Dzib, Gloria Mireya Rosado, Eusebia Pérez y Amalia Gómez, algunas de ellas incluso participaron en la revolución mexicana, en el caso de Elvia Carrillo fue la responsable de convencer a los mayas de Yucatán que luchaban porque se les restituyera su territorio, de unirse al movimiento, postura que contrasta con la de nuestras ilustradas maestras liberales. 

Estaban ligadas al partido socialista del sureste y se organizaron en “La Liga Feminista Rita Cetina Gutiérrez” el 19 de enero de 1919. Por lo tanto, tenían claro los vínculos del capitalismo y el patriarcado así enviaron un documento al Primer Congreso Obrero Socialista celebrado en Motul, Yucatán en 1918, gracias al cual se incluyó en las conclusiones lo siguiente:

“El hombre ha sufrido la tiranía de las leyes y del capital y la mujer no sólo ha sufrido la tiranía de las leyes y del capital, sino también la oprobiosa tiranía de los esposos, de los padres y aún a veces de los hijos”.

Las feministas socialistas, como sus colegas de todo el mundo, no solo cuestionaron las antiguas estructuras sociales sino también a la sociedad capitalista y a las mismas teorías liberales que daban sustento ideológico a las nuevas formas de producción. La demarcación ideológica de las feministas socialistas respecto al liberalismo que guio a sus antecesoras fue clara y contundente.

Es evidente que los postulados de nuestra Carta Magna actual son de indiscutible trascendencia para el porvenir nacional, porque están de acuerdo con el espíritu de la época, que es francamente socialista; espíritu que les falto a las agitaciones anteriores en las que dominó una tendencia liberal muy mediocre, cuyas consecuencias a lo sumo se limitaban, a simples y deficientes mejorías sociales… (La mujer y el Cura”, firmado por Ofelia en la Revista El feminismo, directora Elvia Carrillo Puerto, Órgano de la Liga “Rita Cetina Gutiérrez”, 17 de abril 1923, No 2, Pagina 25, Mérida Yucatán).

Su lucha, por lo tanto, no solo reivindicaba a las mujeres blancas occidentales, sino también a la clase trabajadora, siendo así, defendían el derecho al trabajo de las mujeres obreras, el respeto a la jornada de ocho horas laborales y los derechos sindicales. Incorporaron a las mujeres mayas, no solo en la agenda sino en la dirección del movimiento formando ligas feministas en la mitad de los municipios del estado posicionando a mujeres como Felipa Poot, líder maya de Kinchil.

Estas mujeres, por lo tanto, lucharon por los derechos de la etnia maya, por la restitución de su territorio, por la conservación de su lengua y de su cultura al mismo tiempo que defendieron los derechos de la clase trabajadora, sin dejar de lado la exigencia del cumplimiento de sus derechos como mujeres. Aspectos que suelen dejarse a un lado en los eventos cívicos organizados por las autoridades, incluso en algunos discursos feministas.

Es muy fácil reconocernos entre mujeres cuando las reconocidas ya no habitan este plano y no hacen sombra a las actuales, es por eso que en la historia del feminismo yucateco pareciera que hubiera un triple salto mortal entre el feminismo encabezado por Elvia y las actuales. Se borran de esta historia a las feministas cardenistas yucatecas y a las de las generaciones siguientes, mujeres que mantuvieron la estafeta en las últimas décadas del siglo pasado y que aún viven, de las cuales espero poder hablar en futuros artículos. 

Por falta de espacio, me permito por ahora referirme al movimiento actual, donde las feministas liberales que exigen demandas tendientes a reformas dentro del sistema y las que pretendemos desmantelar el sistema mismo, patriarcal-capitalista. Marchamos juntas porque las socialistas afirmamos que cualquier cosa que golpee al patriarcado debilita al sistema capitalista, estemos conscientes o no de ello. “Son sus contradicciones no las nuestras”, afirmamos, al igual que en los años sesentas y setentas del siglo pasado, refiriéndonos a las liberales.

Sin embargo, más a allá de las diferentes formas en que se divida al feminismo, en ocasiones solo por el ámbito en el que actúan más que por elementos estructurales en las teorías que los sostienen, dando lugar a infinidad de ismos. Vale mucho la pena mencionar a aquellas que pretenden descolonizar la teoría feminista elaborada a partir de realidades y cosmopercepciones ajenas a las etnias indígenas, que hoy también marchan con sus hipiles y blusas bordadas, aunque son pocas y tienden a perderse en las movilizaciones donde las jóvenes urbanas son mayoritarias. Urge visibilizarlas e incorporar sus demandas y consignas.

Como verán amigos y amigas lectoras, la polémica entre feminismos es más profunda que el dilema de si se deben o no, intervenir los monumentos, a la que yo añadiría, ¿cuáles y de qué forma? (En mi opinión el monumento a los Montejo debería demolerse y el de Carrillo Puerto intervenirlo con un recordatorio de su apoyo a la lucha feminista). La polémica debe centrarse en el papel que debemos jugar las que estamos conscientes que enfrentamos más que a una cultura machista, nos oponemos a todo un sistema capitalista patriarcal. Por lo anterior, debemos participar en un movimiento feminista amplio, con una postura crítica al sistema capitalista patriarcal, depredador, que nos amenaza a todos y todas con la extinción.

La Siempreviva crece y es una planta que no envejece. Es decir, mantiene la esperanza de que no se marchitará a pesar de los obstáculos que se le presenten. Esta palabra y su concepto, serían claves en la vida de una mujer que creía firmemente en que sus proyectos, sí, llamados así, serían como esta planta; perennes y dejarían huella.

Ella nace el 22 de mayo de 1846 y desde muy pequeña sorprende a su familia con su inteligencia, ya que aprende a leer cuando tiene 4 años. Rita Cetina Gutiérrez nació en Mérida, Yucatán. Cuando tenía 14 años muere su padre, pero la fortuna le permite que su tutor sea Domingo Laureano, un amigo de su familia que no sólo es un hombre culto, sino que tiene una biblioteca que enamora a Rita, aún una niña. Este hombre pone todo su entusiasmo y cuidado para que ella pueda acceder a todos los libros que quisiera. No sólo era una gran, desde muy joven comienza a escribir poesía. A ella le preocupaba mucho la educación y que ésta llegara a toda la población. Por ello estudió y logró obtener el título de maestra de educación primaria.

Cuando tenía 24 años y ya como maestra titulada, su proyecto se hace realidad. Éste consistía en dos escuelas para señoritas, una, la de señoritas de clase alta, era la de Bellas Artes y otra, la de enseñanza, para señoritas sin recursos y que ansiaban estudiar. Además de la publicación de una revista llamada igual que las escuelas: La Siempreviva, en la que escribían, redactaban y creaban, sólo mujeres. Ella las invitaba con entusiasmo a unirse a la revista: “¡Venid todas, venid! “La Siempreviva!  vuestra entusiasta voluntad reclama, Y cariñosa con amor os llama. Y os brinda sus columnas con placer”. 

Es precisamente en un mes de mayo de 1870 que se da a conocer el primer número de la revista que dos años después de iniciar su circulación tuvo que cerrar sus ediciones. Pero Rita y sus compañeras no dieron pasos atrás al continuar con otros proyectos.

Leyendo Las Inéditas, voces femeninas más allá del silencio, material editado por la Universidad de Salamanca, encuentro más sobre la historia de esta mujer dedicada a la educación, la poesía y la defensa de sus derechos en la sociedad. Ella, de cara afable pero mirada determinante, dedicó su vida a defender sus sueños colectivos y a dejar una semilla que seguiría creciendo. 

Ella fue directora del Instituto Literario para niñas, uno de los proyectos educativos más importantes de Yucatán en 1877.  Rita era una excelente pedagoga, pero no todos estaban de acuerdo con sus discursos y acciones en favor de la emancipación de las mujeres y de creer en la igualdad de género. Escribió también cuentos, ensayos y escritos didácticos. Y leyendo con mucho interés el trabajo de la doctora en Literatura Hispanoamericana, Claudia López Ramírez, quien ha investigado sobre las mujeres escritoras y periodistas del siglo XIX, (con especialidad en autoras del Sureste mexicano), es ahí en donde aparece Rita Cetina, y nos platica que el primer biógrafo de la poeta fue un pedagogo cubano que al iniciar la lucha por la independencia en Cuba y ser uno de los participantes, en un momento tiene que irse a Yucatán para salvar su vida. Él, Rodolfo Menéndez de la Peña, después de regresar a su país y volver a salir de Cuba, regresa para siempre a Yucatán y, siendo un valioso periodista, dedica su tiempo a las letras, reviviendo la biografía de Rita y su legado.

Y cuenta: “Rita ocupa la tribuna en la conmemoración de este suceso en los años 69 y 70 donde su lira de oro conquistó la más hermosa celebridad en el corazón del pueblo”.

Se refiere a un discurso pronunciado por la escritora sobre la conmemoración de la batalla del 5 de mayo.

Ella dedicó todo su tiempo a las Siemprevivas y a escribir documentos sobre educación y propuestas. Cuentos, su novela corta Julia y los escritos acerca de la condición de las mujeres, en diferentes revistas. En primer lugar, aparecerían sus artículos en La Siempreviva, de la que fue fundadora y directora. La Aurora y Semanario para señoritas, El recreo del hogar, de Tabasco; La primavera, de la Ciudad de México, entre muchas otras.

La incansable labor de Rita no se circunscribe a la educación solamente. Es también brindar la oportunidad a las mujeres de acceder al conocimiento en la escuela y no vivir encerrada en su hogar sin futuro inmediato o próximo.

“Pasan siglo y edades y los pueblos que sumidos están en la impotencia, súbito dan la voz de independencia. Y denodados luchan con valor. ¿Qué extraño, pues, que la mujer ahora que de las ciencias el raudal fecundo ha apurado sedienta, diga el mundo En mi pecho también siento este ardor? Si; ¿no es cierto, queridas compañeras, que halagáis este bello pensamiento? Pues no esperemos más; llegó el momento, Proclamemos: Unión, Fraternidad”.

Rita Cetina

Las dos escuelas se mantuvieron funcionando durante ocho años. Al cerrar, volvió al Instituto Literario para niñas y sigue ahí hasta que la enfermedad le gana la batalla. Sin embargo, su legado y ejemplo tuvo descendientes, entre ellas, su alumna Elvia Carrillo Puerto, otra luchadora que junto con otras mujeres, finalmente, después de años, consiguieron el derecho al voto para las mujeres mexicanas.

 Y dijo Rita en una de sus poesías titulada a Nuestro sexo:

“Dejad la postración que tanto tiempo la gloria y el saber os ha ocultado. ¡Oíd con atención! La hora ha llegado de que ilustre también sea la mujer”.

Rita Cetina Gutiérrez murió en su natal Mérida a los 62 años. Un monumento en su ciudad nos recuerda a la incansable luchadora y poeta.

Primavera de 2023

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