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La literatura infantil es un género que, por su propia naturaleza, es la expresión más auténtica del ingenio de la persona; varios autores locales se han decantado por narrar para las infancias

Quiénes escriben para niños en yucatán (iI)

Silvia Cristina Leirana Alcocer

La semana pasada recorrimos la literatura para la infancia escrita en Yucatán desde 1942 hasta 1999; tanto en maya como en español. En esta segunda parte recorreremos qué se ha escrito para la niñez yucateca a inicios del siglo XXI.

Para el año 2000 tenemos la colección La Rana Feroz, en la que aparecieron siete títulos; seis de ellos fueron financiados por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias y uno por el Instituto de Seguridad Social al Servicio de los Trabajadores del Estado de Yucatán (Isstey), en ambos casos en coedición con Ediciones Zur.

El vestido de la luna, de Brenda Alcocer, con ilustraciones de Víctor Pavón es el primer título de La Rana Feroz; la amistad entre unas niñas que las lleva a compartir un secreto, es el tema de este cuento; La noche de la Cenicienta, de Luis Alcocer Guerrero, con ilustraciones de José Luis Pech Galera, es una versión para jóvenes, en la que la Cenicienta se enfrenta a los convencionalismos de la corte y al autoritarismo del príncipe. Se recomienda para jóvenes de 14 años en adelante.

Aventuras en el patio, de Reyna Echeverría es el tercer volumen de la colección, incluye dos textos: Abuela tortuga y Trabajo de hormiga. El texto fue ilustrado por Brenda López Montiel. En el primero recrea la visión que una niña tiene de su relación con la naturaleza; el segundo es una fábula acerca de la falta de compromiso con nuestro entorno y las consecuencias de nuestros actos. Caligrafía vs Garabato y otros enredos, del poeta Jorge Lara Rivera, es el cuarto título de los publicados en La Rana Feroz, tiene ilustraciones de Alfredo Lugo, e incluye los cuentos Caligrafía vs Garabatos y Dormir en casa ajena.

Una historia de miedo es el título del cuento mío incluido en la colección, tiene ilustraciones de Noé Castillo Sánchez, e intenta recuperar tradiciones locales desde una perspectiva lúdica y contemporánea. La mujer que odiaba a los niños y otras desventuras, es la plaqueta de Roger Metri Duarte e incluye: El sabor de la bondad; La mujer que odiaba a los niños y Día y noche fue ilustrada por Carlos Tamayo, y nos habla de la generosidad y su lucha contra la mezquindad para que pueda florecer la sociedad.

El fin del mundo es la plaqueta de Patricia Garma y fue ilustrada por Ricardo Pat, dos textos la conforman, el que da título al volumen y La cenicienta urbana. Esta colección es una muestra de varias formas de entender la literatura para niños, por lo que es deseable que quienes imparten talleres para niños la empleen en los mismos.

En 2000 circuló el folleto Magia informativa del mundo de los niños. Publicación del Cecuny, en la que se daban a conocer los textos producidos por los talleres literarios de esa institución.

En 2001 Fidencio Briceño Chel, Marcelo Jiménez Santos y José Antonio Flores Farfán publicaron Na’at ba’ala’paalen/Adivina iluminando, colorín color mayas, libro con portada a color, interiores en blanco y negro para iluminar, contiene 17 adivinanzas, recopiladas por Fidencio Briceño Chel en maya y traducidas el español, inglés, tzotzil y francés, adecuados para iniciar a los niños en la lectura en maya, a la vez que se muestran las expresiones en diversos idiomas, contribuyendo a formarlos con una mentalidad intercultural.

Los dibujos presentan escenas contemporáneas: las mujeres portan el huipil y los hombres, camisa y pantalón, el traje tradicional que se usa en la actualidad; interesante idea la de revalorar la forma de vida de los mayas contemporáneos y mostrarla a niños mayas y de otras culturas. De la 39 a la 41 vienen las notas que explican las respuestas, en la 42 se enlistan las referencias.

Al año siguiente (2002) es reedita pero con ligeras modificaciones.

Libro objeto, ilustrado a color por Marcelo Jiménez Santo, contiene las mismas 17 adivinanzas que el anterior, sólo que en esta edición, primero se presenta la versión en español, luego en maya, inglés, tzotzil y francés. Inicia con una introducción acerca del valor de la antigua civilización maya, que no poseía la publicación anterior, en la cual se habla de las adivinanzas como parte de su tradición. Ahí señala que éstas son un género maya pues presentan imágenes o metáforas propias, aunque algunas tiene elementos tomados de la cultura española, como parte del proceso de intercambio cultural. Obra atractiva más, aunque algunos de los dibujos son los mismos de la edición anterior (ahora a color), llama la atención que en la mayoría haya la intención de evocar el pasado prehispánico: hombre vestidos como los eexo’ob, prenda que como se explica en las notas, ahora sólo usan los rarámuri; ataviados con orejeras y cintas en el cabello, en algunos casos con penachos; la representación del pájaro cardenal rememora las propias de los códices; incluso la del caballo se asemeja a la estilización que en éstos se hacen de los venados. Vale la pena señalar mi desacuerdo con que hayan invertido el orden, iniciando con la versión en español, quedando el texto maya en segundo lugar, aunque quizá fue una decisión de la editorial. Al final (de la pagina 44 a la 47) hay notas explicativas sobre algunas respuestas. También están ilustradas.

En 2002 circuló Tinjoroch. Juegos populares una herencia que se niega a desaparecer. Una publicación de Alas y Raíces. Con formato de revista, aunque fue el único número, Rafael L. Hurtado y Gustavo Reyes Asid, documentaron en campo los juegos que registran tanto gráfica como textualmente.

Feliciano Sánchez Chan dirige un proyecto de recopilación de la oralidad, en el que trabaja con niños, quienes recurren a sus abuelos, reactivando así el sentido de la transmisión oral. Luego, estos niños vierten a la escritura las historias que les cuentan sus abuelos. Comentaremos tres de los libros así producidos por Feliciano Sánchez. Iniciaremos con Del sabucán del abuelo (narrativa maya).

Con el sabor de las tardes de lluvia, o la remembranza de las noches en que uno, más fuerte y más aventurero retaba las propias fuerzas trabajando con ahínco o se exponía a circunstancias propicias para entrar en contacto con seres sobrenaturales, se suceden estas 16 jadzutz tzikbalo’ob o bellas pláticas, género que, como explica Feliciano Sánchez en la introducción a Del sabucán del abuelo (narrativa maya), incluye lo que en castellano conocemos como cuentos, fábulas y narraciones sobre espantos. En buena medida este libro contribuye a la justa valoración del saber de los ancianos: 6 de los diez narradores tienen entre 74 y 93 años, y el más prolífico de ellos (Pedro Ucán Puc, quien relató 5 de los 16 textos) tiene 75 años.

Aunque el pasado está muy presente, y se recuerda con nostalgia, se reconoce que algunas cosas han mejorado: “Ahora hay muchas más facilidades. Antes no hay.” (14). Expresa don Senobio Tun, de 77 años. Pese a lo anterior, manifiesta especial apego por el sistema de caza antiguo, en el cual se respetaban los acuerdos, evitando así los accidentes: “Ahora es diferente la batida de hoy, es diferente el estilo de hoy. Hoy ya no hay el estilo de antes. Ya hemos visto muchas cosas, hombre”. (17)

Y es que el pasado se vincula a las acciones cotidianas: durante los eclipses de luna, hay que alborotar a los perros, disparar la escopeta, golpear con latas y soplar caracoles, para que no se coman por completo a la luna, sino, nuestros trastes nos comerían a nosotros, como ocurrió con los hombres y las mujeres creados de madera, que fueron destruidos por sus piedras de moler, sus comales, sus fogones, sus perros y sus aves de corral, durante un diluvio de resina que provocó el Corazón del Cielo que se llama Huracán. Por eso hay que estar pendiente de nuestra madre Luna, y no dejar que sea devorada, como bien nos recuerda doña Emilia Nahuat.

Ella misma nos explica porqué los zopilotes comen animales podridos; la codorniz, por haber asustado a Dios tiene que poner muchos huevos y no puede anidar entre los árboles. La paloma y la tórtola, por obedientes, sólo ponen dos huevos cada quien.

Don Sabas May narró el cuento de Las muchachas venadas (23-26), que visitaban al hábil cazador para impedirle matar a sus hermanos. Cuando por fin ellas lo dejan en paz y el muchacho vuelve a su afición, los venados le pusieron una trampa: lo rodearon y lo iban a matar. Él se salva gracias a sus perros.

La moraleja es que el hombre vive gracias a los animales, y no debe (ni puede) exterminarlos, puesto que se dañaría a sí mismo.

La armonía primigenia se rompe cuando el Sa’an Jo’ol prueba accidentalmente la miel y descubre que es sabrosa. Entonces destruye los nidos de abejas y avispas para comerla.

Molestas, éstas piden a Yum K’áax armas para defenderse. El les advierte que empezados los pleitos, no tienen fin. Algunas se conforman, pero hubo avispas y abejas a las que no importó, entonces el Señor del Monte les dio su aguijón, pero no les advirtió que después de usarlo morirían. Este relato mítico es a la vez una fábula: es más inteligente quien hace mayor esfuerzo por preservar la paz.

Otro relato mítico, que es también fábula, fue contado por don Cirilo Collí Tapia. Un hombre flojo desea convertirse en zopilote. No duda cuando le preguntan si quiere hacer realidad esa aspiración; se traga el amuleto de piedra, pero no averigua bien todas las condiciones en que debe vivir en su nuevo estado. Por desesperado confunde el incendio de una milpa con los vapores que despiden los cuerpos muertos. Por eso los zopilotes no tienen plumas en la cabeza, pero también por eso muere el hombre que se transformó en zopilote.

He comentado 6 de los 16 relatos, dejo a quienes nos escuchan la inquietud de aproximarse para conocer detalladamente el contenido Del sabucán del abuelo. A quienes tenemos contacto con los niños nos da una buena oportunidad de transmitirles parte de nuestro legado cultural.

Este libro no es un fin en sí mismo, es solo una forma transitoria de las voces del Maya’ab contemporáneo, que recuperarán su sonoridad al contacto con unos ojos ávidos y unos oídos prestos a la aventura, entonces, las historias recuperarán su movimiento.

Ba’alche’ob yéetel ch’iich’o’ob. Animales y pájaros es la segunda obra de Feliciano Sánchez Chan que comentaremos, es parte del proyecto Recopilación de la Tradición Oral Maya; de nuevo nos recuerda Feliciano la importancia de este acervo literario que representa la cosmovisión de un pueblo y nos permite adentrarnos en un mundo imaginario protagonizado por animales.

El libro, afirma Sánchez Chan, es el “portador de conocimientos, para hacer llegar estas historias a las nuevas generaciones y lograr que perdure la memoria colectiva”; consta de 14 relatos que se presentan en maya seguidos de su traducción al español, se encuentran ilustrados, como es ya costumbre en las publicaciones de esta colección, por dibujos de niños. Aparecen los nombres de los creadores de estos dibujos, su edad y el lugar de donde provienen. El libro está subdividido en cuatro  partes, de acuerdo a los cuatro narradores, tres de ellos son de Xaya, Tekax y uno es de Akil.

La mayoría de las historias son sobre pájaros, pero también las hay respecto a otros animales, algunas son fábulas, ya que incluso llevan al final una moraleja, como es el caso de: La X-takay y el búho en la cual la X-takay reta al búho a ver quien aguanta más días sin comer, pero ésta hace trampa y conseguía alimento cada vez que éste se descuidaba; al final el búho se muere por tratar de probarle a la X-takay que sí podía cumplir con el reto. Este relato me llamó la atención porque al final menciona: “no dejes que otra persona te diga lo que debes hacer.” Otro texto atractivo es Un cuento de los pájaros, en el cual de nuevo un búho es el protagonista: éste buscaba entre los pájaros a los de mejor plumaje, ya que quería enseñarles hermosos cantos. Había uno que nadie tomaba en cuenta pues su plumaje era muy feo, y al final resultó que era el que cantaba mejor. Esto nos hace reflexionar sobre no juzgar a nadie por el aspecto físico, ya que en todos somos iguales en dignidad y derechos.

También nos presenta historias de espantos, como La víbora cantarina que entraba de noche a la casa de una familia cuyo hijo era un bebé; por las noches, cuando la mamá creía que amamantaba a su bebé, la que en realidad robaba su leche era la víbora, colocando su cola en la boca del bebé para engañarlo, con lo cual él no crecía. El padre descubrió lo que estaba pasando y mató a la víbora. Otras historias son La zorra y el tigre, Las chachalacas y Las mariposas de cuatro colores. Todas contienen un mensaje: no hay que dejarse manipular o engañar; no debemos ser egoístas y menos aprovecharnos de los demás. Esto y más se encuentra en Ba’alche’ob yéetel ch’iich’o’ob. Animales y pájaros.

En 2003 sale a la luz Retoño de voces mayas/U k’u’uk maaya t’aan, también compilado por Feliciano Sánchez Chan, se trata de textos escritos por niños, editados por el programa Alas y Raíces a los Niños de México. Escuchar o en este caso leer los relatos de nuestros niños mayas es como recordar las voces de nuestros ancestros, comenta Feliciano en la presentación. Es además de un reencuentro con la tradición oral, la oportunidad de conocer la percepción que tienen los niños de la cosmovisión maya. Nos recuerda que todos fuimos niños alguna vez y revivimos cuando nuestra chichí nos contaba aquellos cuentos de espantos, o historias de los pueblos, asustados pero deleitados a la vez de oír todos esos relatos. Hoy, no sólo se cuentan esas historias: se escriben también. En este volumen Feliciano Sánchez nos traduce lo que cuentan los niños de su natal Xaya. Las historias de nuestros relatores van desde la pequeña ardilla, que está fastidiada de vivir en árboles; la escurridiza tuza; el origen del canto de la torcaza. Destaca la de dos niños, uno trabajador y uno flojo, que en su encuentro con un cerro reciben ambos lo que cada quien merece. En este tipo de relatos podemos apreciar cómo se reproduce la cosmovisión relacionada con lugares y objetos que se consideran con poderes sobrenaturales. En otro de los relatos, “una mujer que cambia de cabeza” nos habla de naguales, personas con poderes de convertirse en animales para conseguir lo que desean. Por último, aparece en dos ocasiones el relato que todo niño debe conocer: la Xtabay. Vale la pena mencionar que la edición es muy llamativa, llena de vivos colores y dibujos hechos por los mismos narradores. A través de este libro Feliciano nos demuestra cómo se interesa no sólo por escuchar lo que dicen los adultos, sino también por lo que tienen que contar los niños, nuestros niños mayas.

El año 2003 fue publicado El sol alrededor del parque, de Beatriz Rodríguez Guillermo. Este libro fue premiado en el Certamen Estatal de Cuento para Niños 1993. El libro cuenta con ilustraciones de Iván Ramírez Castillo, Gabriela Díaz Isaac y Diana Valle Graniel.

El protagonista es un niño que está tal vez en tercero o cuarto de primaria, que es artista, disfruta mirando el paisaje, habla siempre usando metáforas, pero muchas veces olvida hacer la tarea; se aburre de multiplicar y dividir. Un día le “marcan” escribir cuentos y esa tarea la cumple con mucho gusto, le dedica horas; y es así como quedan enlazados los ocho relatos, los dos poemas y la conversación, que Gabriel ha disfrutado mucho haciendo. Hay también una crítica a la manera en que las profesoras interactúan con los educandos: “Mi maestra no hizo mucho caso de los cuentos que le llevé; de todos modos son muy bonitos” (Rodríguez Guillermo, 2003: 94). Este libro, atractivo en su presentación, ha tenido mucho éxito en la máquina dispensadora de libros que se encuentra en el Cecuny.

También en 2003 fue publicado Eso de andar en la mar (y otras aventuras con los cabellos revueltos) de Melba Alfaro Gómez. Se trata de 15 cuentos. Es notable la versatilidad de la narradora; pues varía la voz en cada caso, y en todos es verosímil. Los textos, atrapan al lector, quien, interesado por el desenlace, no ve interrumpida la acción por el mensaje de solidaridad, afecto, respeto por el prójimo que también contienen estos textos.

Deseo comentar una labor que realizó Grupo Sur entre 2003 y 2005, bueno, que fueron los años en que tuve contacto con el proyecto Ellos también cuentan, iban a las primarias de todo el Estado, invitaban a los niños a elaborar un cuento, lo recopilaban, lo editaban. Hacían varios volúmenes, pues en cada uno reunían los trabajos de cinco escuelas y a cada niño entregaban un ejemplar. Me parece que los interesados en la promoción de la lectura y de la escritura deberíamos entrar en contacto con los empresarios para vincularnos con este tipo de acciones.

En 2004 fue publicada la novela de Raúl Renán El río de los años. Los pateadores de San Sebastián. Esta obra es multifacética, tiene rasgos de literatura indigenista, de picaresca, pero es sobre todo una novela juvenil, en la que vemos a un muchacho huérfano sufrir al lado de su tutor, de quien ni siquiera sabía el nombre, pero a quien a pesar de todo estimaba y buscaba su aceptación. Él le enseñó el amor y el significado de las especies maderables; aunque él también le hizo saber que en el mundo contaba sobre todo consigo mismo. Esta obra se realizó con la beca que Raúl Renán recibiera de el Sistema Nacional de Creadores 1999-2001.

También en 2004 salió la primera edición de Versos robados y otros juegos, de Manuel Iris, editado con una beca del Pacmyc. Poemas de mucha sonoridad, que retoman motivos de la oralidad popular, fueron bien recibidos por el público al que iban dirigidos. En 2007 fue reeditado Versos robados y otros juegos, en esa ocasión con el acompañamiento de un disco compacto, en el que a través de un diálogo se enlazaban los poemas que aparecen en él.

También en 2004 aparecen las dos antologías que son producto de los talleres de creación literaria que Zedik (Centro para el Desarrollo de la Creatividad y la Imaginación) realizaba con muchachos de secundaria. Un acento para el maíz reúne los trabajos de los estudiantes de la Secundaria Técnica número 2 de Mérida, Yucatán; En pocas palabras contiene los trabajos de los muchachos de la Secundaria General Número 2 “José Emilio Vallado Galaz”.

Hemos visto que el Pacmyc ha financiado varios de los libros dedicados a los niños, pues también lo hizo con Tsikbaló yo’lal u kajnáalilo’ob mayab/ Historias sobre los habitantes del mayab de Armando Jesús Cauich Muñoz (2004)

En su presentación, Armando Jesús nos menciona la importancia de los contadores de cuentos, quienes recrean hechos y personajes míticos. Con sus relatos causan risas y miedo, reviviendo historias.

Menciona como los medios de comunicación están desplazando cada vez más a los contadores de historias. En muchas ocasiones, esos contadores de historias son fáciles de identificar, puede ser algún personaje del pueblo o nuestros abuelos.

Don Armando Cauich es un contador de cuentos, y nos presenta en este libro una selección de sus mejores relatos, que refleja la vida cotidiana de nuestras comunidades. La presentación del libro está escrita solo en español; la primera parte contiene 12 relatos en maya, y la segunda, los mismos 12 relatos en español; el libro tiene dibujos en blanco y negro, que ilustran cada una de las historias como: “Las mujeres de manos frías” aquellas que tiene mala mano para hacer tortillas, pero son buenas para sembrar; una cura para no pescar garrapatas cuando va uno de cacería; la de un cenote que estaba protegido por una boa, ya que en él había una virgen bajo el agua. Éstas y otras historias que el autor del libro ha podido conocer a lo largo de su vida y de su recorrido por las tierras del mayab. 

En 2007 nos encontramos otra vez con Melba Alfaro, cuyo libro Aventura en Kichigar. Chansamito contra el brujo Lupérvolo, fue coeditado por el DIF (Dirección para la Atención a la Infancia y la Familia) y el Centro Yucateco de Escritores, A.C

El texto expone metafórica, pero muy claramente, como enfrentar los abusos cuando se es niño; está pensado como material de trabajo para talleres de prevención contra la violencia infantil, pero poéticamente está bien logrado, y el diseño de Carlos Tamayo hace que el libro en su conjunto resulte atractivo para sus lectores. 

En 2008 el Ayuntamiento de Mérida Publica La cuerda que nos mueve y otras obras de teatro de Ivi May Dzib, que incluye una parte titulada “Segundo acto. Sobre el teatro para niños” que incluye dos obras para niños “Título en teatral: entre brujas, venados y constelaciones nacen los viejos vagones. Título en literal: imágenes de la muerte con delicadeza y penumbra” y “La cuerda que nos mueve o Tengo dos ojos y no escucho el silencio”. También recomendaría a quienes trabajan teatro para niños leerlas y contemplar la posibilidad de su puesta en escena.

En 2008 volvemos a tener una publicación de Armando Jesús Cauich Muñoz: U ts’íib paalal, también publicada por el PACMYC, Se trata de cuentos recopilados entre los niños de Kuxeb, Chemax, Yucatán. El primer relato, “Óoxtúul paal” trata de lo que acontece con tres niños que desobedecen a su madre y por tercos quedan apestosos; en “U tsikbalil weech” se explican algunas costumbres del armadillo, formando además un juego de palabras concatenadas. Varias narraciones terminan con la fórmula “beey ts’o’okik le tsikbsla’” (13, 15). Hay un relato de un hombre que muere al enfrentarse a un “koj” nombre dado tanto al puma como al ocelote.

En ambos casos se trata de felinos fieros que pueden segar la vida de una persona. “Úuchten loob” es la anécdota de un niño que sufre una herida seria y cómo a pesar de ello, salía a ver jugar a sus amigos.

Hay historias muy crudas, de niños maltratados que huyen de sus casas y mueren sin que a sus papás les importe (verbigracia “P’eka’an paal”, 21); hay adivinanzas, algunas de las cuales aparecen en los libros de primaria editados por la SEP, otras se nota que son inventadas por los niños, quienes cuentan de cuando se han lastimado, de lo que piensan, lo que les gusta y desearían poder hacer o tener. También relatan cuentos que han oído (“Ts’íimin ku ta’ik taak’in”, 28). En la página 151 inicia la segunda parte, en ella el autor de la antología pone una advertencia: ha insertado varios textos propios para darlos a conocer; se trata de tres poemas: “Péepen”, “In k’a’ajsaj” “Baach” (159, 161, 162).

En sus textos canta a la naturaleza, excepto en el segundo, cuyos versos se dirigen a una mujer. Como material didáctico para promover la lectura en lengua maya debe ser muy efectivo, pues los niños siempre gustan de leer lo que escribieron y de enterarse de las preocupaciones de sus compañeros. Los diversos tamaños de los textos hacen que este libro sea útil tanto para quienes se inician como para los más avanzados. El libro tiene un diseño atractivo con portada a colores e interiores ilustrados en una tinta.

También en 2008 fue publicado T sikbaloób uchaán tin kaajal/ Historias que han sucedido en mi pueblo de Luis Antonio Canché Briceño por el Ayuntamiento de Mérida. Este libro nos narra las historias contadas a Luis Antonio por sus abuelos y vecinos. Reflejan –dice el autor– el pensamiento de la gente maya, cómo es la vida y las cosas que suceden diariamente en los pueblos mayas. Estas historias las cuenta en lengua maya y en español.

En la portada del libro aparece la foto de un cenote, una de las historias es precisamente “El dueño del cenote” en ella unos hombres (padre e hijo) visitan un cenote a pesar de las advertencias ya que, según contaba la gente, en ese cenote asustaban. Al visitarlo, los hombres fueron asustados y después cayeron enfermos, esto debido a que el cenote tenía un “dueño” que protegía el tesoro que había dentro. Por eso la gente dice que no siempre es bueno bañarse en un cenote, ya que puede resultar peligroso.

Otra de las historias, “El hombre que platicaba con las hierbas” es sobre un joven que no creía que había un anciano capaz de curar con las hierbas que hablaban, pero después de estar muy enfermo y acudir al curandero, se da cuenta de que él sí tenía el poder de sanar a las personas. Pasado el tiempo le lleva a una mujer que ningún doctor había podido curar; entonces, el anciano le enseña cómo hablar con las plantas para curar a la gente y así le hereda el trabajo de curar a los que lo necesitan.

Uno de los relatos que más me llamó la atención es “Mal agüero” que nos indica todas las formas que existen en la región de lo que se conoce como indicios de mal agüero: el canto del xoch, los nidos de arañas en forma de ojos que se forman en las casas, cuando cacarean las gallinas de noche; por fortuna también hay formas de evitar el mal agüero y aquí se nos explican, por ejemplo: cuando aúllen los perros en la noche, se deben levantar los brazos en forma de cruz y rezar; cuando las arañas formen sus nidos, éstos se deben quitar con una varilla; cuando se escuche al xoch uno debe rezar y encomendarse a Dios. 

Destaca lo bien redactadas que están las historias, y aunque son más extensas que otras de este tipo, son entretenidas. También se recalca la importancia del libro como instrumento para lograr que perduren las historias y la identidad de los pueblos.

En 2009 la colección Educarte en Género en sus fascículos 3 y 4 editó textos literarios. El fascículo 3 Urdir la tarde es una antología realizada por Manuel Iris que incluye textos de Brenda Alcocer, José Martí, García Tejeiro, Rabidranath Tagore y el propio poeta Manuel Iris. El libro está hermosamente ilustrado por Gustavo Nieto, es un libro muy atractivo, con varias referencias a nuestro entorno regional, sin que ello impida que sea  comprensible en cualquier lugar de habla española; en él, desde luego, está la propuesta de mostrar cómo podemos salirnos de los roles preestablecidos para cada género para construir un mundo cada vez más libre.

El fascículo 4 de Educarte en Género, La nana rana y visita desde Ya’axché, de la autoría de Nataschia Rodríguez Lara, también fue publicado el año pasado. Tiene ilustraciones y diseño de Gustavo Nieto Pérez, con la colaboración de Paulina Mendoza Vega. Como muchos de quienes me escuchan podrán suponer, se trata de una obra para teatro guiñol, en el caso de “La nana rana”; “Visita desde Ya’axché” se presta más para ser interpretado con actores, aunque eso será siempre decisión del director.

En ambas obras hay acción, tensión, se recrea problemas que afectan a la niñez, como el estar o no a gusto con la propia apariencia física (en el caso de la “La nana rana”) o con la nueva situación en la que la vida nos ha colocado, como ocurre en “Visita desde Ya’axché”. A propósito de la tristeza por la pérdida de un ser querido, nos ilustra acerca de la visión que existe en la cultura maya al respecto. Un libro sin duda muy recomendable para quienes dan talleres a jóvenes lectores.

K’ak’alt’aano’ob o k’alk’alak t’aano’ob de Fidencio Briceño Chel, Marcelo Jiménez Santos y José Antonio Flores Farfán. Este libro de trabalenguas se realizó pensando en los niños principalmente; incluye un CD en el cual se podrán escuchar las trabalenguas en voces originales, cuya velocidad de pronunciación va en aumento, lo que lo vuelve un reto para quien escucha;  también se pueden oír tal como se dicen todavía en algunas comunidades, todo en maya. Estos libro y disco compacto son un llamado a la conciencia de los yucatecos para preservar y valorar la lengua maya, ya que los mayas de Yucatán no sólo son quienes construyeron sus zonas arqueológicas.

En el 2009 también se publicó Cuando papá era un gigante de Víctor Rejón. A través de los siete cuentos que integran el libro el autor revela su versatilidad narrativa pues hay protagonistas niños, niñas; recrea elementos de nuestra cultura maya y promueve el cuidado del medio ambiente. Las ilustraciones de Luciana López completan la excelente presentación del volumen publicado por el Ayuntamiento de Mérida.

La penúltima publicación a la que haré referencia es El Cuartel de Dragones de Brenda Alcocer, con ilustraciones de Lucina Castillo, publicado en 2009 por el Instituto de Cultura de Yucatán. La primera presentación fue el 26 de febrero de 2010 en el Cecuny y estuvo a cargo de Melba Alfaro y Beatriz Rodríguez. Melba Alfaro además de escritora es actriz, y desarrolló un performance encantador a propósito de El Cuartel de Dragones, en el cual los alumnos del Cecuny participaron; Beatriz Rodríguez también tuvo una presentación exitosa interactuando con los niños a propósito del libro y de los dragones.  

El cuento aborda la amistad que nace entre dos niñas de diferentes culturas; la capacidad de compartir los sueños las lleva a vivir aventuras fantásticas, en las que las mitologías son trastocadas para generar una nueva, acorde a las circunstancias que ahora viven las protagonistas de la historia.

En 2013 aparece Las sombras de Fabián, obra ganadora del Premio Estatal de Literatura Infantil “Elvia Rodriguez Cicerol. En ella, Adán Echeverría crea una historia para niños, que bellamente ilustra Steffy Burgos. Fabián es un niño inquieto, debido a sus travesuras sus padres le imponen un castigo: quedarse en su cuarto mientras todos los niños juegan en las calles. Él descubrirá que en su cuarto existe la posibilidad de divertirse, hasta que algo inesperado sucede. 

El cuento de Adán Echeverría nos hace recordar la imaginación que todos tenemos cuando somos niños, capaces de crear un mundo el que podemos quedar inmersos. La necesidad del amor parental hace a los hijos volver al hogar. El libro se encuentra en un formato grande, con coloridas ilustraciones, se encuentra en la categoría de niños de hasta 8 años, al tenerlo en las manos de leerlo en voz alta. 

Es notorio que en Yucatán hay una amplia producción de literatura dirigida a los niños y a los jóvenes; cada generación hemos desconocido lo que ha hecho lo anterior, por lo que no hemos maximizado el resultado de la promoción a la lectura, por eso son muy importantes los esfuerzos por discutir y valorar los textos dirigidos a los niños y a los jóvenes de nuestra entidad, las estrategias para acercárselos y la respuesta que cada uno de los autores y promotores ha obtenido, para entre todos construir nuevos públicos capaces de disfrutar el arte.

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