Una guerrilla en su laberinto

El ELN, en Colombia, la participación social es la base de sus principios, algo fácil de entender por el carácter político de su organización
domingo, 4 de febrero de 2024 · 12:35

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, considera de manera muy especial a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) dentro de su política de Paz Total como la única organización de carácter político entre las tantas agrupaciones armadas que sacuden al país, si bien también las incluye en la negociación para pacificar la nación.

Esa negociación ha sido especialmente difícil, porque para el ELN la participación social es la base de sus principios, algo fácil de entender por el carácter político de su organización: a pesar de que el ambiente viciado, especialmente por el narcotráfico, en el cual se mueven, los haya llevado a desviaciones lamentables, genuinamente consideran, ya no que vayan a conquistar el poder por las armas, pero sí que ellos son un Ejército del Pueblo.

En el intento de que el ELN se sienta confiado dialogando con personas que comprenden su ideario, el Gobierno designó en su equipo negociador, primero, a una persona que desde hace muchos años se ha dedicado a trabajar con comunidades -Danilo Rueda- y, luego, de que los avances mostraran un estancamiento notable, lo sustituyó por un excomandante del M19 -Otty Patiño- negociador de esa guerrilla con el Gobierno de la época y, luego de su desmovilización, delegado a la Asamblea Constituyente que diseñó la Constitución Política que nos rige.

Más adelante, reforzó esa delegación con Vera Grave, también excomandante del M19, integrante de la Asamblea Constituyente y luego senadora electa por las listas del partido político que se conformó, agrupando a varias de las organizaciones armadas que pactaron su desmovilización. Pero este nuevo equipo tampoco ha podido lograr avances significativos. Luego de año y medio de negociaciones, lo máximo a que se ha podido llegar es a un cese del fuego que agoniza entre los comunicados esperanzados del Gobierno y los de la guerrilla, firmados por Antonio García, su comandante general, que burlonamente desmienten esas alegrías como fatuas: “Otty Patiño ha dicho que ya se prorrogó el cese del fuego entre el ELN y las Fuerzas Militares y de Policía ¿De dónde sacará esos inventos?”

El Gobierno, aunque urgido de mostrar éxito en estas negociaciones, cuestionado por la derecha que lo acusa de contemporizar con la guerrilla por cercanía ideológica y presionado porque los secuestros y acciones armadas de esta afectan de manera grave la situación de seguridad del país, ha radicalizado su exigencia al ELN de cesar los secuestros y pactar un cese del fuego con mayor entidad que el logrado hasta ahora por seis meses.

La guerrilla insiste en que ella no secuestra, sino que realiza retenciones de carácter político. Un hecho reciente, el secuestro por razones económicas del padre de un futbolista famoso, desmiente esa afirmación.

El ELN exige que, para cesar las “retenciones”, el Gobierno financie sus estructuras armadas. Éste responde que sería posible, pero no en este estadio de la negociación, cuando aún ejercen como organización armada. Hay que recordar que, en el caso de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla que se desmovilizó en el 2016, una vez entregadas sus armas se concentraron en campamentos bajo la supervisión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y recibieron la financiación requerida.

Esa fue una negociación exitosa que le valió el Premio Nobel de la Paz a Juan Manuel Santos, el presidente en cuyo mandato se realizó, sin impunidad, bajo reglas claras, que ha legado instituciones tan prestigiosas como la Comisión de la Verdad, que ya entregó sus conclusiones y la Justicia Especial para la Paz (JEP), que aplica una justicia restaurativa. Ambas, y en general esa desmovilización, han merecido reconocimientos del mundo entero y son presentadas, como ejemplo, por los organismos vinculados con procesos de paz y la academia internacional.

Y pensar que el hoy presidente dijo, cuando todavía era candidato, que tres semanas después de que él asumiera el poder el ELN dejaría de existir.

Hay que confiar en que esta guerrilla vuelva por sus fueros políticos, escuche el clamor de la sociedad que dice defender y asuma con claridad y resolución la causa de la paz que siempre ha dicho profesar.

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