Sam Altman, entre nosotros

San Altman está de regreso, cosa que tranquiliza y entusiasma a la comunidad informática mundial
domingo, 3 de diciembre de 2023 · 10:29

Hace poco más de un año, el ChatGPT (Generative Pretrained Transformer o Transformador generativo preentrenado) debutó, debutó en los círculos más calificados del ámbito digital y entre la amplia gama de usuarios de todas las latitudes, calificaciones y edades, el producto líder de OpenAI puso de cabeza la industria de los datos.

OpenAI es una compañía que nació como un laboratorio de investigación de Inteligencia Artificial (IA) en los Estados Unidos. La entidad consta de la organización sin fines de lucro OpenAI Incorporated y la corporación con carácter comercial lucrativo, OpenAI Limited Partnership que operan desde plataformas de supercomputación de Microsoft. La firma fue fundada en el 2015 por 10 asociados, entre los cuales figuraban San Altman y Elon Musk. Entre el 2019 y el 2023, Microsoft aportó inversiones multimillonarias que se han recuperado con creces.

En ese periodo se efectuó El Internacional 2017, un concurso de videojuegos que fue ganado por un robot dotado con las técnicas de aprendizaje automático de OpenAI que en esa oportunidad derrotó a uno de los más calificados jugadores profesionales. Un directivo de OpenAI explicó el robot había aprendido jugando contra sí mismo durante semanas.

El ChatGPT estimuló el desarrollo y difusión de los modelos avanzados de redes neuronales, un formato de IA que, por intermedio de los humanos, enseña a las computadoras a procesar y manipular datos asumiendo las complejidades del cerebro humano.

El ChatGPT-3 creado en el 2020, es un generador de textos capaz de, actuando de modo autónomo, de completar, editar y revisar textos en prácticamente todos los idiomas y alcanzar los 175 mil millones de parámetros, lo que lo convirtió en la red neuronal más grande hasta ese momento, nivel ya superado con creces.

El año pasado, el ChatGPT fue popularizado, sorprendiendo tanto a expertos como a los miles de millones de usuarios de la red por su capacidad no sólo para responder preguntas, resolver problemas, sino incluso para generar ideas y soluciones. Los investigadores, profesores, estudiantes, médicos, personas comunes y profesionales de todas las ramas encontraron un aliado extraordinariamente competente, servicial e incondicional.

Un científico en La Habana me dijo: “Es como frotar la lámpara, con la diferencia de que es necesario ser Aladino y que, en lugar de tres, el genio que brota de ella, cumple deseos infinitos”. Según mi experiencia es así con la ventaja de que ChatGPT no emite opiniones ni especial, lo cual, en cierto sentido prueba que es verdaderamente inteligente. La subjetividad le es ajena, por ahora.

En el contexto de temores, algunos de ellos apocalípticos acerca de reflexiones y debates, incluso de algunas decisiones tendentes a limitar el uso del ChatGPT, en marzo del 2023 OpenAI lanzó ChatGPT-4 y se rumoró de la existencia de aplicaciones más avanzadas y peligrosas que, según trascendidos fue lo que dio lugar a que el 17 de noviembre de este año, Sam Altman fue destituido como CEO de OpenAI por falta de confianza, otros altos cargos fueron también cesanteado o renunciaron.

Inmediatamente, Microsoft y prácticamente todas las grandes firmas del ramo ofrecieron trabajo a Altman, aclarando su disposición de igualar o superar los honorarios que percibía en OpenAI, lo cual dejó claro que la cesantía y el regreso no se trataba de dinero.

San Altman es lo que Aristóteles a la Filosofía, Einstein a la Física, Henry Ford al automóvil o Edison a la luz eléctrica; sin ellos, su talento y su consagración, los avances en las ramas en que se desenvolvieron son inconcebibles, de ahí que la sorpresiva destitución conmocionara al mundo de los ceros y los unos.

Tanto fue el impacto que la decisión rebotó como un balón pateado contra una pared y Altman fue repuesto en su cargo, sin que haya sido posible averiguar qué hecho o presunción tan grave motivó su renuncia.

San Altman está de regreso, cosa que tranquiliza y entusiasma a la comunidad informática mundial. Personas de su talla y su talento son, en mi criterio, benefactores de la humanidad. Bienaventurados sean quienes sirven.

 

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