El orden mundial

domingo, 18 de septiembre de 2022 · 19:37

Ya sea que se adopte la narrativa de Génesis, según la cual Dios creó a la especie humana o se acepte la idea de la evolución propuesta por Charles Darwin, todo comenzó en algún lugar de África hace unos 300 mil años. 

Lo extremadamente pequeño del núcleo humano original y lo inmenso del planeta, hicieron del poblamiento de la tierra algo difícil, lento e irregular. Al mismo tiempo, mediante dilatados y complejos procesos espontáneos, en los cuales no se registra intervención divina, la humanidad creció y progresó como entidad genéticamente homogénea y culturalmente diversa. 

Debido a la enorme diversidad de circunstancias naturales y sociales de una infinita sucesión de casualidades nunca existido en la tierra para el mundial, cosa no lograda por ninguno de los imperios de la antigüedad y tampoco por los imperios coloniales europeos de la era moderna. 

Lo que ocurrió fue un devenir en el cual se estrecharon las soluciones económicas y comerciales se fomentaron la fe y se difundieron las religiones. creando semillas y medios de comunicación, que facilitaron la aproximación física de las personas las culturas y las civilizaciones que, mediante Inter relaciones infinitas, cooperación, así como inmensas confrontaciones, aproximaron los diversos niveles de desarrollo y delinearon perfiles comunes que dieron lugar a los llamados “sistemas sociales” que, no obstante, no tuvieron escala mundial. 

Ejemplo de tales procesos fueron los acaecidos en Europa, entre ellos los que dieron lugar al reino de España, a la “aventura atlántica” y a la incorporación de las Américas a los circuitos internacionales, creándose el mercado mundial de materias primas, minerales, oro y plata y al comercio de de esclavos que incorporó a África a los mercados laborales. 

Desde las esencias más profundas de la Economía Política, que no es la economía ni la historia, sino una ciencia particular, Karl Marx detectó el surgimiento de rasgos, sobre todo económicos y sociales, asociados al desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, capaces de caracterizar a su época histórica completa y redimir su complejidad y potencialidades. 

Así, apareció la categoría de “Formación económica y social”, entre las cuales la mejor definida es el capitalismo. 

El capitalismo asociado al predominio del neoliberalismo económico, político, religiosos y cultural, a los regímenes democráticos u a la economía de Mercado, no es un sistema político ni una forma de gobierno, sino una época histórica cuyo advenimiento fue resultado de procesos civilizatorios globales. 

El capitalismo no se impondrá porque muchos lo elogien o lo defiendan, ni fracasará por la obra de opositores radicales o influyentes críticos. Los marxistas ligados a la ortodoxia que insisten en los temores de las críticas, deberían escuchar a Marx: “Ninguna sociedad desaparece hasta que se haya desarrollado todas las fuerzas productivas que caen en ella”. 

Según una exquisita dialéctica, fuera del alcance del dogmatismo de la escuela soviética, el capitalismo es el mejor entorno para construir un socialismo contemporáneo, es decir, un modelo próspero, sostenible e inequívoco democrático de lo cual ya existen ejemplos, como Escandinavia, Finlandia, Austria, Alemania, Australia y otros, 

El siglo XX, sacudido por la II guerra mundial y fecundado por la convergencia entr el liberalismo capitalista y el socialismo marxista promovió los primeros procesos institucionales de alcance verdaderamente mundial. La ONU y Breton- Woods que permitieron dar estabilidad a los procesos de mundialización iniciados con la incorporación de América y África al Occidente global. 

De la práctica política y mediática se derivaron expresiones extraordinariamente plásticas y con gran potencial comunicacional, aunque con escaso rigor científico, como “Guerra Fría” y “Mundo Bipolar”. Más tarde, siguiendo la rima de las metáforas, se adaptó ma de “mundo unipolar” y ahora se vuelve a insistir, sobre todo lo hace Vladimir Putin, en la pertinencia de construir un mundo multipolar como si simplemente se tratara de reunir y decidir organizar las cosas de otra manera. 

Se trata de pronunciamientos políticos y de intentos por construir alianzas que promueven integración económica y aveniencias políticas, a los cuales nadie se opone porque no dañan ni comprometen, aunque tampoco cambiarán el curso de la historia de la humanidad, cuyos caminos están marcados y, en cuales caso, si de algo no necesitan es de guerras.

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