Lavrov en el G-20. La piedra en el zapato

martes, 12 de julio de 2022 · 11:41

La geopolítica mundial en el siglo XX asistió a la división del mundo en dos sistemas antagónicos. En los años cuarenta, los líderes de entonces, Roosevelt, Stalin y Churchill, con sentido del momento histórico, depusieron sus diferencias para coordinar la defensa de la humanidad ante el fascismo y, consumada la victoria, retomaron las hostilidades protagonizando la Guerra Fría.

Cuando en los escenarios internacionales avanzaban la globalización y la integración, las potencias occidentales se percataron de que el mecanismo de gobernanza global basado en el Consejo de Seguridad de la ONU, era estorbado por la presencia de la Unión Soviética y China, para evadir su influencia, se dieron a la tarea de edificar una arquitectura paralela.

En 1973, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, George Shultz, coordinó un encuentro de los ministros de finanzas de Alemania Occidental, Estados Unidos, Francia, Japón y Reino Unido y en 1975 el presidente francés, Valéry Giscard d’Estaing, convocó a los líderes para una cumbre a la cual se sumó Italia. Así nació el G-6 el cual, con la incorporación de Canadá, se convirtió en el G-7, un mecanismo sin estatutos, reglamentos ni liderazgo, mediante el cual las élites occidentales podían ejercer el poder sin interferencias.

En la coyuntura ocurrió un deterioro de la situación política en Europa Oriental y la Unión Soviética que condujo al colapso del socialismo real, al restablecimiento del capitalismo y a la aproximación de Rusia y de casi todos los Estados surgidos en los espacios ex soviéticos a Occidente que hizo todo lo posible por atraerlos a su redil.

En 1991 Mijaíl Gorbachov fue invitado a la Cumbre del G-7 en Londres y en 1997, Estados Unidos invitó a Boris Yeltsin, presidente de Rusia, a la Cumbre de Denver. En 2002 en Canadá, bajo la presidencia de Vladimir Putin, Rusia fue admitida como miembro de pleno del grupo. Así nació el G-8. En el 2006, Rusia fue anfitriona de la Cumbre del G-8 en San Petersburgo.

Vladimir Putin que lograba lo que antes sólo había conseguido Stalin, que en 1945 llevó a la URSS a Roosevelt y Churchill para una negociación internacional, vivió una especie de “epifanía política” al asumir la presidencia del Grupo de los países más desarrollados del planeta, incluidos los Estados Unidos, una jerarquía con la cual no había soñado.

Como parte de la estructura de concertación paralela y para incorporar a algunos países emergentes cuya relevancia en la economía mundial era notable, en 1999 en Berlín, debutó el G-20 integrado por los países del G-7 + Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, India, Indonesia, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía y la Unión Europea.

En 2008 se efectuó la primera Cumbre de jefes de Estado en Washington y desde entonces el G-20 ha efectuado otras 16 reuniones cimeras; la octava en 2013 fue en Moscú; en 2016 la décimo primera en Hangzhou. La luna de miel duró poco. En 2014 tras la anexión de Crimea, los miembros del G-8 se reunieron en La Haya, sin convocar a Rusia a la cual separaron del mecanismo. Entonces el canciller Lavrov declaró que “no era una gran pérdida para su país”.

Evidentemente, Rusia no opina lo mismo respecto al G-20 porque, a pesar de estar “técnicamente” en guerra con Occidente, su ministro de exteriores, Serguei Lavrov, impuso su presencia en la reunión de cancilleres recién efectuada en Bali, Indonesia, lo cual en medio de la intensa confrontación bélica constituye un suceso político relevante.

Si bien ocho años atrás los líderes del G-8, no tuvieron dificultades para separar a Rusia, no pudieron hacer lo mismo respecto al G-20 un foro sobre el cual, debido a la presencia de China y de otros países, Estados Unidos y las potencias occidentales, no ejercen una total hegemonía. Esta vez, en calidad de sede, Indonesia cursó la invitación correspondiente, no sólo a Lavrov para la reunión de cancilleres, sino que, según trascendidos, el presidente indonesio Joko Widodo, ha convidado a Vladimir Putin para que asista a la Cumbre de Jefes de Estado el próximo mes de noviembre.

En la Cumbre del G-20 en Indonesia, el canciller Lavrov soportó no pocos desaires de sus colegas occidentales para los cuales, él fue una piedra en los zapatos. De hecho, no hubo declaración final ni foto de familia, entre otras cosas porque ya Rusia no es parte de la familia Occidental. ¿Qué es? ¿Regresará? Se trata de una nueva realidad de pronóstico reservado.

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