Ambigüedad y poder ciudadano

miércoles, 4 de agosto de 2021 · 10:33

Una oportunidad para reflexionar y generar mejores prácticas de promoción de la cultura democrática podría desperdiciarse si cada sector no acepta lo que puede agregar de valor al proceso político comunitario de nuestro país.

Eso puede comenzar desde la omisión de identificar lo que se hizo y no se hizo: 1) los que llamaron a no votar por su perdurable lastimadura después de la elección del 2018 y también por la percibida por ellos como errores, ocurrencias y excesos; 2) los que promovieron la consulta desde una posición inercial y mecánica según la cual el apoyo por el primer mandatario se traduce automáticamente en movilización y apoyo y 3) quienes participaron, en respaldo o rechazo de la tesis envuelta en la enredada pregunta y desean, con todo y todo, consolidarse como empoderados ciudadanos.

Y, a contracorriente de opiniones fragmentarias, la población coincide desde diversos puntos de vista, en que los ex servidores públicos que depredaron el erario deben ser castigados y que la voluntad política debe dirigirse en esa dirección haya sido cual haya sido el volumen de participación.

El ejercicio tiene que ser dimensionado en función de la dinámica de participación ciudadana que representa para un futuro cercano la base de transformación democrática de México.

Para quienes la oposición a las propuestas emanadas del poder presidencial ha sido recurrente y sistemática, el número de votantes sirve para alimentar el tema de discusión en el punto del “si no es vinculante, entonces no tuvo razón de ser”. A esa reflexión siguen eventualmente burlas e insultos.

Esta fue la primera Consulta constitucional avalada por los tres Poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y el árbitro electoral (el INE), desarrollada con reglas de validación y validez más cercanas a las de un proceso electoral y que, por lo mismo limitaban las posibilidades de una respuesta que permitiera, de origen, obtener ese 40% del padrón para hacerla vinculante.

El instrumento en sí inaugura una nueva etapa para la participación ciudadana. Este tipo de ejercicios nos permiten construir desde los valores de la población y de sus agendas. La corrupción de personajes políticos es una de esas circunstancias a las que el ciudadano otorga un valor negativo.

Aquellos que buscaron desincentivar la Consulta, por razones ideológicas o partidistas, en realidad fueron en contra de la oportunidad de empoderamiento de la ciudadanía, aunque probablemente por unas horas se sintieron mezquinamente satisfechos por “el fracaso” del ejercicio.

La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, sostuvo que la mera realización de la Consulta y que la gente haya acudido representa un éxito para la democracia. Los adversarios de Morena van a tener algunas complicaciones en la consulta de marzo sobre revocación del mandato: si no participan, ¿avalan la permanencia en el poder de AMLO?

La jornada de este domingo se convirtió, además, en la de mayor participación con relación a otros que no llegaron a constituirse como Consulta constitucional. En la CDMX votaron más de 800 mil personas, mientras que en el plebiscito de 1993 sobre si las autoridades capitalinas debían ser electas participaron más de 300 mil, o en la de 1998 sobre el Fobaproa fueron 500 mil.

El país se instala incipientemente así en una dinámica propia del empoderamiento ciudadano de las democracias participativas europeas contemporáneas…aunque en el camino hay comportamientos viscerales coloniales y algunos más modernos.

 

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