¡Sálvese quien pueda!

lunes, 19 de julio de 2021 · 09:24

Bien podría llamarse así esta tragicomedia del affaire tormentoso Vallarta-Cassez que esta semana, en un nuevo capítulo, careo a Carlos Loret de Mola con los entonces miembros de su equipo de producción: Laura Barranco y Juan Manuel Magaña, bajo la observación del tercero interesado, Israel Vallarta.

Recordemos que el affaire ocurrió al amanecer del 9 de diciembre de 2005, en el rancho Las Chinitas de la entonces delegación Tlalpan en la Ciudad de México.

Ahí se hizo un montaje de la aprehensión de Florence Cassez e Israel Vallarta, presuntos miembros de la organización criminal Los Zodiacos que se dedicaba presuntamente al secuestro.

Ambos han dicho que fueron detenidos en otro lugar, día y hora y que luego fueron trasladados al rancho de marras, donde, al estilo de una película de Hollywood se realizó un montaje espectacular para “detener a los peligrosos secuestradores”.

Ante la evidencia que se ha hecho pública, la presión francesa y los yerros cometidos al debido proceso provocó un fallo de la SCJN que permitió la liberación de Florence Cassez el 23 de enero de 2013, quien el mismo día salió con rumbo a París.

Hay que recordar que este asunto provocó una tensión entre el Gobierno de Nicolas Sarkozy y el de Felipe Calderón, aquel señalando correctamente que a su compatriota se le habían violado sus derechos humanos y éste, señalando hasta el último momento, la culpabilidad de la francesa.

Como era una papa caliente, el asunto sólo se resolvió cuando Enrique Peña Nieto decidió sacudirse el problema que había nublado las relaciones con el país con quien le interesaba tenerlas en buen estado; recordemos sólo la visita de Estado que hizo Peña Nieto a Francia, siendo ya Presidente François Hollande.

Aquello ocurrió en julio de 2015 durante la Fiesta Nacional, donde la demostración marcial y el glamur hizo presencia y la corte mexicana, muy numerosa, vivió el 14 de julio un momento climático que seguramente todavía es tema de conversación entre los invitados mexicanos que entonces no daban crédito del despliegue fastuoso sobre los Campos Elíseos teniendo de fondo El Arco del Triunfo. Aquellos, seguro seguirán diciendo, sí eran buenos tiempos.

Pero, volviendo a cosas más prosaicas, cómo es el careo celebrado esta semana: he escuchado las versiones de los tres personajes llamados al careo y a un cuarto, que permanece en el penal del Altiplano, con 15 años y meses a cuesta, buscando la “verdad verdadera” de lo sucedido en aquel amanecer tormentoso.

Los relatos de Barranco y Magaña están cortados con la misma tijera: no “tuve responsabilidad”, “no era de mi competencia”, “llegué cuando ya estaba en curso el operativo” y el responsable es “Loret de Mola y su productor del programa”.

Loret de Mola “reconoce” que cometió un error y pide una disculpa, pero “no acepto que se me señale de haberme coludido con las autoridades para hacer un montaje”.

Creo que Loret de Mola miente, porque el proceso de montaje ha sido exhibido, incluso, explica en alguna forma la liberación de Cassez, quien todavía el año pasado señaló al diario L’Express que demandaría a Felipe Calderón, a Carlos Loret y a Isabel Miranda de Wallace y, además, en el supuesto de que no fuera así, desconocer el hecho y mejor la ley, no justifica lo ocurrido aquel día, sino todo lo contrario. hoy está colgado de las uñas y abajo están una manada de pitbulls hambrientos esperando que caiga. Que el Juez lo castigue, conforme al delito cometido.

Loret de Mola, atemorizado, se agarra de donde puede y acusa como presunto preso político afirmando: “que en el presente sexenio ha exhibido casos como los sobornos a los hermanos del Presidente Pío y Martín López Obrador… Para ellos, el caso Cassez, es un arma para intentar desacreditar estas verdades. Tender cortinas de humo para esconder la realidad”.

En esto también hay algo de cierto. No será la primera, ni última vez, que los errores se pagan, que los enemigos están al acecho para cobrársela y, aunque se diga que es un tema estrictamente judicial, donde no interviene el Ejecutivo, lo cierto es que AMLO ve a Loret como uno de sus principales enemigos y, aunque es difícil comprobar que tuvo que ver con su salida de Televisa o ahora que está detrás de este juicio, lo cierto es que debe estar contento por lo que está viviendo el otrora reportero estrella de Televisa, al que se le ve descompuesto, repartiendo culpas: “Periodistas como Carmen Aristegui, Julio Astillero, así como medios como La Octava y diversos ‘youtubers’, le han lavado la cara al presidente López Obrador”.

El gremio igual guarda silencio cómplice o festina en privado sobre lo que le está sucediendo a Loret de Mola, y ya veremos, si la gravedad de los hechos, a juicio del Juez, habrá de significar una sanción pecuniaria o penal; cualquiera de ellas golpea la imagen justa del periodista en jefe de Latinus, pero si recibe una sentencia corporal es otra cosa, es un mensaje a la prensa crítica, de que esa será la regla para medirla.

En toda la tragicomedia está Israel Vallarta armado de una paciencia franciscana que vio llegar a Luis Cárdenas Palomino al penal del Altiplano y condescendiente llamó a los internos y familiares a que no le hicieran nada, “vean como llega”, dijo, viendo su imagen de abatimiento, de tristeza profunda, de quien lo tuvo todo y ahora no tiene nada. El futuro del “mejor policía de México” está tras de esas rejas y quizá, muy pronto, tras los hierros gringos, que resguardan hoy a su compañero de trapacerías y torturas: Genaro García Luna.

Vallarta juega como actor principal de la tragicomedia, como ya lo dijo Juan Manuel Magaña a Julio Hernández, indica lo que quiere al Juez y éste lo complace, lo cual puede sonar sospechoso, no olvidemos la actuación del Juez de Rosario Robles, entonces, cuando éste, encarrerado, pide llamar a declarar a los directivos de Televisa, llama la atención y ahora dependerá de que aquel lo conceda, y si es así, el juicio adquirirá otra dimensión que alcanza lo político, lo cierto es que en la lógica de ¡sálvese quien pueda!, el secuestrador hoy pareciera ser el rey. Los patos les tiran a las escopetas. Para, Ripley.

Por Ernesto Hernández Norzagaray

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