Mi amigo Charly


Por Conrado Roche Reyes

Conocí a Carlos Perera años ha. De vez en vez acudía al café Colonial y ocupaba un lugar en la cada día más concurrida mesa de “Los Druidas”, a los que por entonces pertenecía este su Atto. y SS. El compañerismo reinaba en dicha época.
Tertulia “evrideis”. Grupo con inquietudes literarias y políticamente rabiosos izquierdistas. Eso de frecuentarse tan seguido, por lo general termina mal, disgregándose los amiguísimos. Casi todos “brujas”, x’ma oficios, a excepción de José Juan Cervera que trabajaba en el CAIHY y Jesús “Chucho” Solís al chupe, perdón, Alpuche, quien en su pueblo, Kinchil, formó una cooperativa. Sembraban pitahaya, o pitajaya como él decía.
Por entonces era yo fumador empedernido y bebedor de café compulsivo (hace más de 15 años no tomó una taza del mismo). La charla se ponía buena. Los sábados, y a veces entre semana, acudíamos a “x” cantina del centro. Aunque había quien se retirase, el resto salíamos como cucarachas fumigadas. Se escuchaba el grito de: “¿Vamos a tomar como caballeros?, o como lo que somos” autocriticándonos.
La cuenta la solventaban “Chucho” y José Juan, a veces, el impoluto Rodrigo Mendoza.
Carlos chupaba parejo. Tenía un volchito. Después de una soberana borrachera me iba a llevar a mi casa. La plática devino en los Beatles. Entonces, enfiló a su casa, sacó una guitarra y se estacionó en el parque de su rumbo. Toqué y cantamos —él hacía buena segunda— puras rolas de los Beatles durante varias horas. Los vecinos caguameros rodearon el coche, mamadísimos, y aplaudían nuestra “actuación”, aunque no faltó quien pidiera toquemos “La puerta negra”.
Finalizamos este “happening” a altas horas de la noche.
Muy buena persona este Carlitos Perera que en el café escuchaba mucho y hablaba poco. Un buen día lo dejé de ver. Se esfumó. Años después nos encontramos. Había estado todo aquel tiempo en USA, donde estudió una carrera del ramo automotriz. No tengo muy claro qué área, pero lo llamaron a trabajar en una importante empresa emeritense donde daba cursos y se encargaba de coordinar y dirigir las operaciones de alta mecánica.
Creo que impartía seminarios a empleados de otros negocios. Era muy solicitado. Y su buen inglés permitió que dictara conferencias en el extranjero. Ganaba muy bien (gana). Magnífico vehículo.
Nuestro reencuentro lo festejamos en “El Chemas”. Me llevó a su casa.
Aunque no era músico profesional, gracias a su buen sueldo pudo darse el gusto de comprarse una guitarra eléctrica y su amplificador. Su hermanito resultó ser un chavo con quien alterné en varios conciertos de rock. Este si era profesional. Me prestó un bajo y Carlos tomó la guitarra.
Aquel día no se dio esa química de la vez anterior. Simple y llanamente no nos acoplamos. Sin mayores aspavientos “tiramos la toalla”. Quiso saber del grupo cafeteril. Casi se va de espaldas al enterarse que ya no sólo se pelearon conmigo, sino se convirtieron en mis más feroces críticos. Gruesos. “Siempre estoy en su mente, como diría ‘Juanga’. Soy su tiro al blanco. No chismes nada más, calumnias, ofensas, intentos de veto. En una palabra: Me odian”.
—¿Hasta con fulano y mengano? Si eran uña y carne. ¿Por qué?.
—La neta, eso pregúntaselos a ellos porque yo no lo sé.
Nos citamos para escuchar el ensayo de unos viejos amigos. Ni Carlos ni yo pudimos tocar al menos regular. Se convirtió en su mecenas. Los equipos e instrumentos eran de Perera. ¿Las chevas? Carlos invitaba. El sitio era lóbrego, fantasmal, con muy malas ondas de energía. Los mantuvo un buen tiempo. A mí esa vieja y deteriorada casa me daba miedo.
Dejé de ver a Carlos de nuevo. Cuando por casualidad nos topábamos me decía que era porque tenía mucho trabajo, sin embargo la cerveceada siguió siendo imprescindible. Jamás me dejó pagar un quinto.
Luego me voy enterando que no lo veía porque se unió a “Los Druidas” diario a tomar café (que él pagaba), lo mismo que los tragos.
No encontré explicación ya que conocía la ralea de estos sujetos. Y se había expresado muy mal de varios. Hace poco recogió firmas (incluyó la mía sin yo saberlo) para homenajear, premiar, algo así, al que sospecho fue quien inició el “conflot”, así dice el laureado por complot.
Lo de la firma, no te preocupes Carlos, me cagué de risa cuando lo supe. Es más, yo fui principal promotor. Lo que me extraña es el hecho de tu formar parte de los chicos de la banda. ¿Qué haces, qué dices al oírles destrozar mi reputa-ción con las infamias que segurísimo estoy habrás escuchado? ¿Me defiendes? ¿Callas? O… ¿Te unes al coro?
Nada gana una persona tan buena gente como tú allá. ¿Quieres saber lo que dicen al verte llegar?: “Ahí viene el ‘barco’. “No necesito dinero para mamarme, hay un ‘gallo’ que no sólo me invita a mí. Sube a su auto a todos y es el ‘paganini’, luego nos lleva a la puerta de las casas. Tiene un chingo de dinero. Quién sabe cómo le hace. Para mí que es narco, a cada rato viaja a Colombia”.
“Am lukin tru yu, yur not di seim…Yu luk not difrent bat yu jav cheinch…”.

Cambio brusco: México está haciendo buen papel en la Serie del Caribe de béisbol. Lo digo porque los medios “nacionales” ni saben la importancia de ésta.
Por cierto, parece que aceptaron al corto plazo a Panamá (el latino más veces campeón de bateo en las mayores es panameño: Roo Carew) y Colombia (el M.V.P. de la última serie mundial: Rentería, colombiano). (Cuba, obvio, fue rechazada).
Por eso yo amo el fútbol. (El deportista mexicano mejor pagado es el joven González, pelotero). Mucho hablan de los millones de los futbolistas.
¿Cuál es el que gana más? ¿Cristiano Ronaldo, Leonel Messi, Casillas? Bueno, pues los menos veinte beisbolistas ganan mucho más. Es el deporte profesional de alto nivel en que más mexicanos juegan. Fernando Valenzuela tiene records mundiales: primer novato en ganar sus 8 primeros partidos. Primer novato en ganar el “Cy young”. Récord de enemigos ponchados en fila india en serie mundial (aunque en colectivo).
En fin mi estimado Carlos Perera, ojalá no hayas cambiado. “Bonsoar, sava, celavi on ros”.



 
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