Mis primeros días en La Habana después de más de 60 por España. El sentido espiritual de la vida humana



Félix Sautié Mederos


La espiritualidad prohibida / De lo que he visto, de lo que he vivido, de lo que pienso y creo


CDLXI

Son muchos los sentimientos que me han asaltado en mi conciencia en estos primeros días de mi regreso a mi rincón de Centro Habana, después de haber permanecido por 60 días de recorrido por la España de mis ancestros. Muy en especial en Palma de Mallorca, en donde estuve más días que en las otras partes de España que visité para encontrarme con amigos y camaradas de muchos años: Madrid, Santander, Alicante y Elche. Bueno, ya eso lo he consignado en los capítulos precedentes y no quiero repetirlo más, aunque hay muchos sentimientos y vivencias que se me escapan, porque a veces es muy difícil describirlos por escrito.
En todo este tiempo he publicado en POR ESTO! un conjunto de crónicas de viaje a las que les concedo especial importancia testimonial. Es una forma de mantenerme vivo y activo en mis 80 años, porque la vida es movimiento y cuando este se detiene puede acabarse la vida si no se continúa con el movimiento en medio de las posibilidades con que contemos en el momento en cuestión.
Por otra parte, quiero decir que las cosas del espíritu, del espíritu son, y para muchas de ellas no existen frases ni formulaciones escritas que nos permitan describirlas de manera más comprensible. En múltiples ocasiones me he tenido que enfrentar con esas realidades de la vida espiritual, cuando he tratado de describir y comunicar mis sentimientos en algunos de los capítulos de La Espiritualidad Prohibida e, incluso, de mis crónicas. No obstante, siempre he tratado de escribirlos de la manera más efectiva que me ha sido posible, porque los testimonios de vida son en realidad muy necesarios e importantes a los efectos de que las ideas, los sentimientos y los testimonios en sí mismos no se pierdan en el tiempo. Pero también, en definitiva, puedo decir que, en su conjunto, es lo que en lo esencial se refiere el contenido de La Espiritualidad Prohibida.
Reconozco que muchas veces tengo que hacer un esfuerzo mental para describir sentimientos y experiencias espirituales que se manifiestan desde lo más íntimo de uno y eso no es de fácil descripción con palabras escritas, pero me he planteado lograrlo precisamente en esta serie de capítulos, en los que trato de reconstruir mis vivencias y experiencias al respecto de un prolongado viaje al exterior.
Tal y como expliqué en mi anterior capítulo, mi regreso a La Habana fue traumático, porque fui objeto de la desorganización y el maltrato que recibí de Cubana de Aviación en su vuelo de regreso a Cuba. Ahora me encuentro pendiente de los resultados de la reclamación que presentamos Elena y yo oficialmente por escrito, a través de los canales establecidos a los que acudimos de Atención al Cliente de la Empresa, en sus oficinas del Aeropuerto 1 en La Habana. Espero los resultados y ya los comentaré en algún próximo capítulo, no tanto por la compensación de una reclamación en sí misma, como porque se adopten medidas efectivas para que esas cosas no se vuelvan a repetir. Por lo pronto ya recibimos una llamada telefónica de quien nos dijo que se va a ocupar del análisis del problema, para ratificarnos que ya tenían en proceso el documento presentado. Veremos en qué termina todo.
Lo esencial es no continuar con la vía del silencio, que aporta, en mi criterio, más daños esenciales que beneficios. El silencio facilita que se falsee la realidad del momento y oculta las desidias, los errores, las imperfecciones y, por sobre todo, el accionar de los burócratas que se esconden detrás de los silencios muchas veces forzados con el falso argumento de que su divulgación pública puede ayudar al enemigo para continuar haciendo de las suyas. Con esos nefastos propósitos usan los planteamientos de no darle argumentos a los enemigos que nos enfrentan, cuando en realidad el enemigo se retroalimenta y mucho con nuestros secretismos y con los autoritarismos propios de las burocracias. Esas son mis concepciones que he aplicado durante muchos años, incluso en mi práctica periodística.
Bueno, veremos los resultados y, en ese sentido, continuaré consignando mis vivencias y experiencias al respecto de todo esto, porque lo considero muy importante por las enseñanzas que puede aportar. Para mí su desenvolvimiento será un ejemplo aleccionador, que es lo más importante que se puede lograr una vez que lo malo se ha hecho y/o los errores se han cometido.
Además, hay que tener muy en cuenta que en realidad no hay sociedad ni sistema perfectos, porque la condición humana es determinante y los seres humanos cometemos errores y nos desviamos muchas veces, por lo cual siempre hay que estar muy alerta para el ejercicio de la crítica, la autocrítica y la generación de los propósitos de la enmienda y la rectificación.
Confieso que en todos estos primeros días en La Habana, que cuando estaba en España añoraba –como añoro hoy a mi estancia en España, en especial en Palma de Mallorca, en donde vive parte de mi familia–, he estado muy impresionado por la amargura y el estrés que me causó el maltrato recibido durante el viaje aéreo de regreso a Cuba y por las preocupaciones de lo que he dejado atrás.
El estrés y las imposibilidades físicas de caminar bien y valiéndome por mi mismo con mis propios pies, agudizadas durante el viaje aéreo de tantas horas, incluso con el maltrato recibido en el aeropuerto durante el desembarco, me han causado secuelas físicas que he estado sufriendo durante todos esos primeros días, así como la amargura que me motivan los errores y desviaciones en un sistema por el que he entregado toda mi vida.
Eso ha colmado mis pensamientos y preocupaciones cotidianas; pero quiero describir algunas sensaciones de estos días. Lo primero desde el punto de vista ambiental que me ha saltado a la vista y a mis percepciones con una fuerza inusitada ha sido la comparación de mi Habana maravilla con las ciudades españolas que visité durante este viaje que puedo denominar de “España 2018”.
Cuando llevo tiempo sin salir de Cuba, a mi regreso el contraste es triste, especialmente en La Habana, porque otras capitales de provincia y ciudades locales muestran un grado de limpieza, atención, reconstrucción y ordenamiento muy superior al que muestra La Habana; porque esta ha sido abandonada a su suerte durante muchos años, incluso, con el propósito de “castigarla”, como si fuera un muchacho chiquito, por haber logrado un desarrollo descollante que en otras provincias y ciudades cubanas no se veía en los años cincuenta del siglo pasado. Todo un absurdo urbanístico, social y conceptual, en general, mantenido vigente durante años por quienes tienen que ver con la ciudad, con la muy honrosa excepción de la Oficina del Historiador de La Habana y de su historiador el egregio Eusebio Leal, quien ha estado presentando una batalla sin tregua por la conservación de nuestra hermosa capital de todos los cubanos.
Aunque ahora, por el nuevo gobierno presidido por Miguel Díaz-Canel, se han comenzado a dar pasos de rectificación en este sentido, que espero que, en definitiva, sean efectivos para salvar a La Habana de sus ruinas y deterioro generalizado.
Es muy evidente ese contraste de La Habana Cenicienta con ciudades del exterior e, incluso, con algunas capitales de provincias e importantes ciudades del país, que precisamente se nos hace más visible al regreso de un viaje al exterior o, incluso, de alguna capital de provincia como Camagüey, Cienfuegos, Santiago de Cuba y otras. En mi opinión, el abandono de la limpieza y reconstrucción de La Habana es una vergüenza nacional que se debe superar cuanto antes, más aún cuando en noviembre del próximo año 2019 vamos a conmemorar los 500 años de su fundación.
Por otra parte, quiero significar a partir de experiencias vividas durante muchos años, que un problema que se puede presentar en lo inmediato es que en el apresuramiento por el corto período que queda para ese aniversario, después de haber estado tanto tiempo sin atender estos problemas en la capital de Cuba, se hagan cosas precipitadas y superficiales que, en definitiva, no resuelvan nada efectivamente y que pueden que empeoren las situaciones concretas que adolece nuestra ciudad maravilla. Es una preocupación que me asalta basada en experiencias anteriores al respecto de estos problemas, y quiero consignarla en el ánimo de que busquen soluciones factibles y efectivas. Además de que se comience un período de atención sistemática que haga salir a La Habana en un tiempo lógico de las deplorables situaciones en que se encuentra, porque la sistematicidad y la persistencia son factores esenciales para la solución de estos problemas.
Muy a pesar de las situaciones mencionadas, la ciudad, por encima de sus paredes sin pintar, de sus edificios ruinosos, de sus calles con baches y de sus basuras sin recoger, se muestra altiva y hermosa como en realidad es, y el tiempo y la desidia no la podrán despojarla de sus atributos. Para comprobarlo, basta con caminar un poco por las áreas del Casco Histórico restauradas y atendidas con gran amor y dedicación por la Oficina del Historiador de La Habana, quien está dando una batalla campal por la capital de todos los cubanos, que apoyo con todas mis fuerzas.
Además, el ambiente político que me he encontrado en la ciudad es de participación activa de la población en el debate de la nueva Constitución, con una impronta de optimismo y de participación rumbo al presente inmediato y al futuro que tenemos por delante. A estas realidades dedicaré el próximo capítulo; por el momento, baste con apuntarlas incluso con reiteración porque estamos ante un fenómeno de masas que hace resurgir las esperanzas perdidas y fortalece las que se mantienen vigentes.
Regreso ahora al análisis cronológico de las crónicas escritas y publicadas en POR ESTO!, precisamente a mediados del año 2017, y me encuentro con la crónica que escribí con mucho sentimiento con motivo del deceso de unos de los más importantes intelectuales del proceso revolucionario cubano, que con sus aportes coadyuvó al desarrollo y formación de muchas personas en nuestro país e, incluso, en el extranjero. Me refiero a Fernando Martínez Heredia, realmente un personaje epónimo de la Revolución cubana, y en verdad una pérdida irreparable más allá de un simple concepto tantas veces repetido.
La muerte es quizás la interrogante más importante con que vivimos durante toda nuestra existencia, especialmente si pensamos al respecto del origen de la vida. El cristianismo tiene una concepción muy importante en ese sentido con la cual comulgo muy especialmente, aunque confieso que respeto y le temo en realidad a la muerte. Con relación a ello hay un poema de don Pedro Casaldáliga, importante referente de la Teología de la Liberación latinoamericana, que cito por la claridad con que expresa esta realidad humana:

Ella vendrá

Ya la acogí en las sombras muchas veces
y la temí rondándome, callada.
No era el vino nupcial, eran sus heces;
era el miedo al amor más que la amada.

Pero sé que vendrá. Confío en ella,
amada fiel de todos maldita.
No hay modo de escapar a su querella.
Sin hora y sin lugar, ella es la cita.

Vendrá. Saldrá de mí. La llevo dentro
desde que soy. Yo voy hacia su encuentro
con todo el peso de mis años vivos.

Pero vendrá... para pasar de largo.
Y en la querella de su beso amargo
vendremos Dios y yo definitivo.

Mi crónica de entonces sobre Fernando Martínez Heredia la publiqué con fecha miércoles 14 de junio de 2017, con el título “Una reflexión ante la muerte...” y el exergo “No puedo ser indiferente, ante la partida de Fernando Martínez Heredia, en sus 78 años”.

Queridos lectores de Crónicas Cubanas, inmerso en la elaboración de otros temas y cargado con mis achaques de salud que con mis 78 años me presentan el paso del tiempo y mi diabetes galopante cada vez más rebelde y con síntomas que pretenden sacarme de todo cuanto antes, tuve que aplazar la confección de un tema que considero muy importante expresarlo en mis Crónicas Cubanas, en función de mis propósitos de conducirme como un cronista de mi época, por el anuncio de la partida definitiva de Fernando Martínez Heredia en sus también 78 años para la “casa que no se acaba”, a donde todos debemos ir porque nuestro tiempo en la tierra es muy limitado. Algo que algunos aferrados en sus dogmatismos se empeñan en desconocer y le cierran sistemáticamente a la juventud que se abre a la vida el acceso a los timones de mando de la sociedad.

Realmente, aunque esos anuncios son muy cotidianos y diversos, no puedo ser indiferente ante la partida de un coetáneo tan significativo. Incluso como algo relevante, que es en su caso muy relevante, para un cronista de su época. Más aún para mis sentimientos místicos, revolucionarios y de agradecimiento intelectual para alguien de quien, aunque en la distancia de ámbitos, he podido aprender tantos conceptos muy importantes que han nutrido profundamente mis actitudes de inconformidad revolucionaria en el propósito de mantenerlos siempre en guardia dentro de lo que debe ser una revolución permanente, que no se detenga ante el paso de los años, porque el movimiento y el cambio son inherentes a la dialéctica de la vida y de la naturaleza.

En consecuencia, ante todo a mi compañero de época y de generación tengo que decirle ¡Gracias Fernando! por tu lucha inclaudicable. Aunque nos conocimos de lejos siempre me alimenté política y espiritualmente con tus criterios expresados en tus obras que constantemente procuré conocerlas y estudiarlas a profundidad. Por otra parte, tampoco puedo ser insensible ante los sentimientos de tu compañera en la vida, Esther Pérez, mi colega de época en la Editorial José Martí, a quien siempre he apreciado como alguien de muy valiosas convicciones y sentimientos. Alguien que por su muy especial sensibilidad debe sentir intensamente la partida de su Fernando, a quien puedo decirle que nunca el consuelo podrá venir desde afuera. Solo las convicciones de que un día volveremos a encontrarnos que tenemos los cristianos y/o el apotegma martiano de que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien con la obra de la vida, lo podrán mitigar. Esther, en eso nuestro Fernando Martínez Heredia ha sido un adelantado desde siempre.

También mi reflexión me lleva a una consideración de mis muchos años vividos que pocas veces se aparta de mi conciencia, con el sentido temporal de que estoy terminado el peregrinaje, como lo estamos terminando todos los que somos coetáneos y/o traspasamos esos umbrales de esperanza de vida; incluso, de acuerdo con los avances y extensiones inherentes a la justicia social y a los adelantos de la medicina contemporánea. Al respecto, puedo decir que nuestro tiempo biológico ya está terminando y que lamentablemente hay quienes no se dan por enterados y no entienden que es prioridad de primer orden abrirle el paso con todas las facilidades posibles a los que vienen detrás.

En mi criterio muy personal, y de los muchos que lo conocieron y que tuvieron contactos intensos e, incluso, circunstanciales con su pensamiento y su obra, tenemos que decir, obligados por la ética, la honradez y la verdad, de que Fernando Martínez Heredia fue un maestro egregio de esos conceptos de justicia y equidad revolucionarias, y que sus ideas quedan vigentes en el tiempo, de las cuales siempre podrá beber la juventud que viene a relevarnos. De nuevo, reitero algo del Evangelio que en mí constituye un llamado cada vez de más urgencia: ¡Quienes tengan oídos para oír, oigan!, porque el tiempo de nuestras generaciones se está acabando y lo más importante es no poner obstáculos a los accesos de los que vienen detrás y nos han de suceder por ley de vida inviolable, ya que la biología y la naturaleza ineluctablemente lo habrán de imponer.

¡Albricias por siempre para Fernando!, porque cumpliste con creces. Ahora descansa con sano orgullo de ti mismo; y para Esther, mi colega y amiga de muchos años, el consuelo de que Fernando fue un grande y un adelantado de su tiempo; así como mi convicción teológica que de seguro se habrá de encontrar con él, aunque ella por sus convicciones no lo crea así.

Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos para la opinión diferente y sin querer ofender a nadie particular.

https://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=56733

Continuará.

Finalmente, les reitero mi correo electrónico con el propósito de que puedan trasmitirme dudas, criterios, opiniones y preguntas: [email protected]




 
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