En nuestros mares caribeños se comenzaron a encontrar los caminos del mundo1




Armando Hart Dávalos


Correo desde la Isla de la Dignidad



En 1972, pocos años después de conquistar su independencia nacional, la República Cooperativa de Guyana organizó el primer Festival de las Artes Creativas del Caribe. Fue propiamente una iniciativa del primer ministro de Guyana, Forbes Burnham, que contó con la cooperación estrecha de los países miembro del Caricom.
El Festival perseguía mostrar a nuestra América y al mundo en general la presencia de un fuerte movimiento artístico literario en esta importante área del mundo, que hasta hace solo unas pocas décadas era subestimada en su fuerza política y en su enorme interés histórico y cultural.
Se aspiraba a que el arte y la cultura desempeñaran un importante papel en el conocimiento de nuestros pueblos. De un lado, para que el mundo nos conociera mejor; del otro, para que nosotros mismos nos identificáramos más.
En 1976, ya una Jamaica independiente organizó el II Festival de las Artes Creativas del Caribe, que perseguía similares propósitos y seguía la misma línea trazada desde Guyana.
Permítanme, en este día inaugural, subrayar algunas de las razones y de la historia que explican la necesidad de estos festivales. Con ello no estaremos diciendo nada nuevo, sino recogiendo, en apretada síntesis, lo que ya han dicho estudiosos e investigadores caribeños. No obstante, el tesonero esfuerzo de artistas e investigadores del arte, el valor cultural de las expresiones artísticas caribeñas, y las formas de avalarlas estéticamente y de presentarlas al público, han estado en buena medida condicionadas por criterios interesados de los reducidos grupos de personas que controlan los grandes medios de promoción, organización y difusión cultural, y que se hallan, muchos de ellos, al servicio de las metrópolis.
Con ese poder han ejercido y ejercen un control dictatorial que trata de reducir el valor estético de nuestras expresiones artísticas, frenan su desarrollo y limitan la iniciativa y la posibilidad creadora del movimiento artístico caribeño.
Los países iniciadores de estos festivales, marcados de manera especial por la influencia africana, y en ciertos casos por la India, son de los que más han sufrido esta discriminación cultural.
Para enfrentar esta subestimación, era necesario unirse estrechamente; subrayar nuestra identidad caribeña y realizar una tesonera y sistemática labor artística, que fuera dirigida hacia los intereses y objetivos de nuestros pueblos. Fue este el propósito de los promotores en Guyana, cuando organizaron el primer Carifesta; lo fue también el de los organizadores del segundo Carifesta en Jamaica. Ahora al organizar el tercer Carifesta nos proponemos reafirmar la línea trazada, es decir, afirmar la identidad cultural caribeña, y presentar ante los pueblos el valor de nuestra cultura artística común.
Hoy iniciamos el III Festival en un pueblo donde, además de la influencia africana en el movimiento artístico, está la influencia española. Por vez primera se organiza este festival en un pueblo del Caribe con influencia latina. Por ello, es momento propicio para dejar sentados algunos principios que, de una parte, subrayen las características sustanciales de estos festivales, y de la otra, faciliten su realización continuada y sistemática en otros países del Caribe.
A estos efectos, dentro de la programación del III Festival se organiza un simposio en Casa de las Américas, que estudiará problemas referidos a la identidad cultural del Caribe. Participarán especialistas en la materia y quedarán perfilados, seguramente, rasgos esenciales de nuestro movimiento artístico y cultural.
De la identidad cultural del Caribe podemos sacar la conclusión de que se trata no solo de un área geográfica, sino también de una región marcada por la confluencia de corrientes de diversas partes del mundo.
El Caribe, culturalmente hablando, es un área cuyos límites geográficos no son trazados por líneas continuas que aparecen en la geografía física. La cultura caribeña se asienta en una amplia zona geográfica que comprende, además del archipiélago antillano, los de la costa al norte de América del Sur, es decir, Brasil, Cayena, Surinam, Guyana, Venezuela, Colombia, los países de América Central y México. Está presente también la cultura caribeña en ciertas regiones del Perú, e incluso, en determinadas zonas del sur de Norteamérica.
Si se fuera a tratar de definir –y no es este, desde luego, nuestro propósito aquí–, tendríamos que destacar no un límite geográfico, sino una concepción histórico-cultural del Caribe. Pero para encontrar esa identidad cultural hace falta recordar un poco la historia.
Solo quedan trece años para que se cumplan cinco siglos desde que llegó a estas tierras el primer europeo. Se ha dicho que entonces se descubrió el Nuevo Mundo. Propiamente, aquí, el europeo, encontró, por vez primera, un continente que tenía, desde muchos siglos antes, arte, cultura, y una población asentada sobre determinadas bases sociales que, si en ciertas zonas como en Cuba, no rebasaban la Comunidad Primitiva, en otras, había alcanzado niveles más altos de desarrollo y estadio social y cultural.
El descubrimiento de América lo fue, en primer lugar, para el europeo occidental, pero ya con anterioridad, estas tierras habían sido descubiertas por sus primitivos pobladores. Por demás, el europeo occidental no solo descubrió a América en el Caribe. Propiamente aquí se inició el desarrollo de todo el mundo, tal como geográficamente existe y hoy lo reconocemos.
El audaz recorrido marítimo, llevado a cabo por Cristóbal Colón en sus tres carabelas, los decisivos descubrimientos geográficos que realizó para los europeos, y los que a partir de él comenzaron a llevarse a cabo, empezaron por aquí, por estas aguas turbulentas del mar Caribe. Es decir, aquí, en esta geografía, donde se asientan nuestras patrias, no solo descubrió el europeo occidental un vasto continente, sino que además, se probó lo que algunos audaces y sabios estudiosos habían afirmado desde siglos antes: que el mundo no era solo la tierra que conocían los hombres cultos del medioevo euroccidental.
Propiamente por aquí vinieron en la búsqueda de un camino para las Indias, y encontraron los caminos del mundo, es decir, el camino de la tierra tal como hoy la conocemos. Por esta geografía donde se asientan nuestras islas antillanas y la zona continental caribeña se comenzó a tener un conocimiento objetivo y concreto de nuestro planeta. El mundo comenzó a conocerse a sí mismo.
A partir de entonces se inició la emigración hacia esta área de amplias capas sociales de Europa Occidental que venían en busca de las riquezas y la fortuna que no hallaban posibilidades de encontrar en Europa. Pero ellos vinieron también en nombre de la ideología reaccionaria del medioevo europeo, y con los recursos [que] la civilización y la cultura del decadente feudalismo y del embrionario capitalismo les brindaban, y sobre esos fundamentos, a través de la conquista y el pillaje aniquilaron las grandes culturas americanas y sentaron las bases de la más feroz explotación del hombre en América.
Pero el conquistador y colonizador de América, al exterminar en ciertas zonas a la población aborigen, y al faltarle mano de obra para su vasto plan de conquista, se propuso, desde muy pronto, la búsqueda de nuevos esclavos, y ya, desde los años iniciales de la conquista, comenzó a extraer del continente africano, inmensas masas humanas para el trabajo esclavo. Y este conjunto y diversidad de influencia de lo aborigen, de lo euroccidental, y lo africano, unido a otras corrientes asiáticas, produjo una combinación cultural y creó una identidad propia en el Caribe, que le brinda a la América nuestra, a la del sur del Río Grande, un matiz especial; matiz especial tipificado por la influencia africana. Esa es la zona de América nuestra, donde más fuerte se hizo sentir la presencia de la esclavitud africana, y consiguientemente de la cultura de los pueblos de África.
La presencia de la esclavitud africana en América y la fuerza que alcanzó en el Caribe es un importante elemento que condiciona nuestro matiz cultural caribeño.
En la economía de plantaciones, y en la esclavitud africana en esta área, diversos investigadores han encontrado fundamentos históricos de una definición caribeña.
Y lo más importante estriba en que no obstante esta identidad propia del Caribe, ella forma parte de una identidad más amplia: la de la América nuestra, la de todo el continente al sur del Río Grande, la identidad cultural caribeña, con sus características singulares, forma, pues, parte de la identidad cultural de América Latina y el Caribe. Y en esto no han de verse antagonismos, sino armonía; en esto no ha de verse rivalidad, sino unión; en esto no ha de negarse lo típico y característico de cada una de nuestras patrias en la cultura, sino que partiendo de lo nuestro nacional, marchemos hacia lo nuestro caribeño y hacia lo nuestro latinoamericano y caribeño.
Nuestra América es posiblemente la zona del mundo en donde en época más reciente se ha producido el más amplio entrecruzamiento cultural de carácter universal. El entrecruzamiento cultural de la América nuestra, presente de manera muy concreta, también en el Caribe tiene un valor universal. Posiblemente en ninguna otra zona, en época tan reciente históricamente se ha producido una combinación también amplia de factores culturales de índole universal; pero con semejante diversidad e influencia culturales, y con una población que ha venido a luchar, y aún tiene que combatir arduamente por su libertad, por su independencia contra la miseria y la pobreza no se han creado en el Caribe estrechos nacionalismos.
El Caribe no se enfrenta con antagonismo al resto de nuestra América, sino que se une y entrelaza con ella sin perder sus propias características.
Pero la influencia cultural africana en el Caribe es un elemento definidor de importancia, y es un deber de todos nosotros, los de Latinoamérica y del Caribe, destacar que en el complejo de contradicciones sociales en que se ha movido nuestra historia en cinco siglos, esta influencia africana ha querido ser subestimada.
Pero no fue solo en la América de Toussaint L’Overture, de Simón Bolívar, de Benito Juárez, de José Martí y de Marcos Gavi, donde se hizo sentir la influencia africana; porque no solo fue en la geografía latinoamericana y caribeña donde se impuso la esclavitud africana. Las masas de africanos que en los siglos anteriores fueron también traídos a amplias zonas de la América del Norte, en lo que hoy es Estados Unidos.
Y pasando por encima de la geografía física y política, aquí tenemos también en Carifesta representaciones artísticas de Estados Unidos e investigadores norteamericanos sobre el Caribe.
La influencia cultural africana en América del Norte está todavía por estudiarse profundamente y por destacar en su verdadera medida. Por lo pronto, en la música y en la danza, esta influencia africana es bastante evidente.
Los africanos, unidos a los emigrados mexicanos, puertorriqueños y, en general, latinoamericanos y caribeños, que posteriormente llegaron a Norteamérica, son como un punto de relación por la vía de la cultura entre el pueblo de Luther King y los pueblos del Caribe.
Nuestra cultura caribeña no encierra antagonismos con pueblo alguno, porque el Caribe no aspira a la dominación de otro pueblo; aspira a unirse en un abrazo fraternal con todo el mundo, y no con una parte de él. Esto tiene quizás su origen en el hecho de que nuestras sociedades están formadas mayoritariamente por trabajadores que han recibido durante siglos influencias ideológicas y culturales de muy diversas regiones de la tierra.
Nuestra cultura, en buena medida, es una síntesis universal. Pero ¿cómo ocurrió? Los descendientes de los aborígenes de América se enfrentaron al conquistador euroccidental defendieron su independencia y libertad, y si en algunos casos fueron exterminados, en otros, a fuerza de enormes sacrificios lograron mantener sus milenarias culturas. Los biznietos y tataranietos de los conquistadores euroccidentales se enfrentaron a la ideología reaccionaria de sus antecesores, se mezclaron y unieron a la lucha por la libertad de los indios americanos y de los africanos traídos como esclavos. Los nietos de los africanos que atravesaron el Atlántico en condiciones de vida infrahumana, combatieron por su libertad hasta morir o la alcanzaron al precio de gigantescos sacrificios. Lucharon por su derecho a la igualdad entre los hombres y mantuvieron y reafirmaron en las terribles condiciones de la explotación esclavista, su calidad y su arte. Y todos ellos juntos en lucha desigual contra su verdugo, abrazaron como hermanos a los hombres libres de cualquier parte del mundo que llegaron a estas tierras y recibieron la influencia ideológica y cultural más eficaz que le garantizaran su libertad y su independencia.
Al Caribe llegaron durante siglos, oleadas tras oleadas, masas de africanos esclavos, y llegaron también durante siglos, oleadas tras oleadas, las ideas de libertad y de igualdad entre los hombres más progresistas de cada época histórica.
El amor a la libertad, la defensa de la igualdad para toda la población sin excepción y el sentido universal de la fraternidad entre los pueblos en esta área del mundo, germinó con una fuerza singular, en una forma original, y fue defendido por una población mayoritariamente laboriosa y trabajadora.
Busquemos por ahí, hermanos, amigos y compañeros de la cultura caribeña, lo esencial de nuestra identidad espiritual. Busquemos en el hecho de que nuestra cultura común tiene una fuerte raíz inmediatamente popular; busquemos también en el hecho de que nuestra cultura es una hermosa síntesis, históricamente muy reciente de hombres y mujeres procedentes de diversos continentes y regiones del mundo. Busquemos, sobre todo, la esencia de nuestro movimiento intelectual en nuestro amor a la libertad creadora en el arte y en la vocación universal y genuinamente humana de nuestro patrimonio cultural.
La bandera de los derechos del hombre sin discriminación racial ni de tipo alguno, el estandarte de la libertad creadora en el arte y la cultura, sin excluir a ninguna parte de la población y la participación de todo el pueblo en la obra creadora del arte, son fundamentos ideológicos esenciales de nuestra identidad cultural caribeña. Y eso tiene un valor universal, y nuestros pueblos no solo la han escrito con un hondo reclamo, también la han rubricado con su arte.
Hay un ejemplo muy sobresaliente, muy vivo y actual entre nosotros, al que en esta hora de cultura caribeña mencionamos con emoción y respeto, por la defensa de los derechos del hombre, combate hoy con el apoyo amplio de nuestra América, el pueblo de Nicaragua.
Levantemos en el Caribe los principios de la libertad creadora en el arte y sigamos luchando por reafirmar nuestras raíces y nuestra identidad común. ¡Levantemos estos principios con la fuerza de nuestros pueblos, unidos por un arte y una cultura nuestra, y a la vez universal!
Proclamemos con energía que en el Caribe estos principios culturales se levantan para unirnos, no a una parte de la tierra, sino a toda la humanidad sin excepción.
Vivimos momentos excepcionales, difíciles y complejos de la historia, y dentro de ellos, la cultura caribeña debe desempeñar un importante papel.
Está así, muy vivo en la cultura del Caribe el sano patriotismo del pueblo laborioso; pero no están presentes en ella las pretensiones expansionistas y los estrechos nacionalismos que en otras partes, a lo largo de la historia universal han conducido a guerras entre naciones, han destrozado o dañado profundamente las civilizaciones y han limitado el desarrollo de la libertad creadora en el arte.
Al mundo surgimos de distintas corrientes, y al mundo debemos llevar un arte y una cultura genuinos de valor universal, que hoy podrán algunos tratar de ocultar o desvirtuar con el dominio que tienen de los medios de promoción y difusión culturales, pero que la historia, y sobre todo, la lucha combatiente de nuestros pueblos se encargarán de difundir de una manera cada vez más evidentes.
Aquí en nuestros mares caribeños se comenzó a encontrar el camino del mundo. Aquí en nuestras tierras se elevará cada vez con mayor diversidad y riqueza el arte y la cultura nuestra genuinamente humanista, de inmediata raíz popular y de profunda sensibilidad y proyección universal.
Más de dos mil cien artistas e intelectuales de países del Caribe se han dado cita en Cuba para ofrecer con su arte y su cultura un emocionado recuerdo al pasado de nuestros pueblos, estrechar los vínculos de hermandad y solidaridad que nos unen, y brindar un canto de aliento al esfuerzo por lograr un futuro cada vez mejor para el Caribe, para nuestra América y para el mundo.
Para Cuba constituye, compañeros, amigos y hermanos, un inmenso honor ser la sede de este acontecimiento. Sean todos bienvenidos a las tierras cubanas, las tierras de pura raíz caribeña y latinoamericana.

Notas

1 Trabajo 8 de la Antología Revolución y Cultura. Hart pasión por nuestra América, de Armando Hart Dávalos. Se trata de la versión de las palabras que pronunció al dejar inaugurado el Festival Internacional Carifesta’79; a esta ceremonia de apertura asistió el Comandante en Jefe Fidel Castro, el cuerpo diplomático acreditado en nuestro país y otros distinguidos representantes y artistas e intelectuales de los pueblos del Caribe. La inauguración tuvo lugar en el Coliseo de la Ciudad Deportiva de la capital cubana, el 16 de julio de 1979.



 
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