La nueva versión de Chavelo y Cesarín


Alvaro Cepeda Neri
Conjeturas

Hubo un tiempo en que la televisión de Azcárraga padre tuvo en su programación, como pareja de una comicidad bastante ramplona, al personaje todavía en el “canal de las estrellas” (una de éstas es Peña Nieto y su novia La Gaviota), desde entonces apodado “Chabelo”, hoy usado para programas de dizque entretenimiento en la caja idiota y otros dedicados a los niños, y que a sus casi 80 años, permanece como un activo del imperio de Televisa. El otro era el rocanrolero y baladista César Costa (su nombre es César Roel, y cuando fue asistente a clases en la Facultad de Derecho de la UNAM, sus compañeros al verlo entrar (cuando iba, como hizo Jacobo Zabludovsky y antes Miguelito Alemán), a coro le entonaban las notas de sus pegajosas canciones).
Esa pareja se presentaba como “Pujitos y César Costa”. El primero era un muñeco del ventrílocuo César. Y con babosada y media, trataban de divertir al respetable. Nuevamente hay émulos de esa pareja de malos cómicos; pero ahora, queriendo ser un dúo serio para la actuación en lo que es la política como espectáculo (para profundizar el asunto está el ensayo de Murray Edelman: La construcción del espectáculo político). Se trata de César Nava, como Pujitos, y Calderón como el ventrílocuo. Y es que todo lo que hace Nava es lo que le dice que haga Calderón. E incluso lo que dicen Gómez-Mont, Lujambio, Lozano y demás peones y alfiles del inquilino de Los Pinos, son las órdenes que les dan.
Y si a veces parece que se salen del guión, lo tienen de antemano ensayado; aunque hay ocasiones en que se van de la lengua, como cuando Lujambio dijo que nuestra democracia es “tonta” (tontín hablando de tontos) y que entre el PAN, los panistas y Calderón hay malos entendidos. O cuando Gómez-Mont aseguró a Calderón que la matanza de jóvenes, en Ciudad Juárez, había sido un ajuste de cuentas entre pandillas. El caso es que quien más ha estado en el escenario es Cesarín Nava, y más desde que aseguró no haber suscrito un pacto con el PRI de Beatriz Paredes y Peña Nieto, para después ser exhibido como mentiroso. Y otra de sus mentiras es haber asegurado que lo hizo a espaldas de Calderón.
Como muñeco del ventrílocuo Calderón, Nava se ha metido en el tobogán de los dimes y diretes, mentiras y desmentidos, para continuar destripando al PAN y exhibirse como un aparente dirigente panista sin brújula e incapaz de, cuando menos, ejecutar las órdenes y acuerdos calderonistas, como si fueran decisiones suyas y no, de plano, mostrarse como simple mozo de cordel en el papel del “Pujitos”, que repite (y no al pie de la letra) lo que su jefe Calderón le hace decir. Primero estuvo el perverso Manuel Espino, luego el tenebroso Germán Martínez y ahora Cesarín Nava... ¿quién sigue? Nava fue otra pésima decisión de Calderón, igual que el resto de sus empleados: Lujambio, Cordero, García Luna, Lozano, Gómez-Mont, Carstens y la lista sigue, para llevar a los calderonistas y al PAN al desastre. Y al país, al Estado, a la Nación al borde del golpismo o el estallido social. Ésta es la alternativa.

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