No deja de ser curioso...


Por María Teresa Jardí

Que a poco más de un siglo de que diera inicio la Revolución Mexicana, hoy, 20 de noviembre, sea un día definitivo otra vez para el pueblo mexicano. Definitivo para la paz o para la guerra. Ya se sabe que con Peña y para atrás con los dos esperpénticos mafiosos panistas y con los tecnócratas neoliberales que de la corrupción hicieron su modo de vida y del narcotráfico otro de sus negocios, el retroceso es a tiempos de la Colonia y quizá más que hablar de Revolución hoy se convierta en el día del inicio de la Independencia. Peña debe renunciar ya. Tiene que irse. Si se queda es el regreso al oscurantismo de la Edad Media para los mexicanos, peor aún, porque además el Apocalipsis parece que se ciñe sobre la Tierra.
Los enredos de Peña son ya apoteósicos. No ha tenido ni la capacidad para entender que su única posible salvación, que no continuación en el puesto, está en la verdad lisa y llana, seguida de su renuncia. La primera casa, motivo de sus últimos enredos, que no de su inutilidad como presidente, que no es de los mexicanos, es claro que se la dieron a su mujer para que se casara con él y la segunda, para anexarla a la primera, fue a cambio de comprometer, con Peña, futuros favores que se agregarían a los ya otorgados cuando Peña era el “Ejecutivo” del Estado de México. Así de simple es lo que salta a la vista de cualquier ser pensante y así lo tendría que haber reconocido él, porque es él a quien, en mala hora corruptos traidores, para beneficio propio, compraron la silla del Ejecutivo Federal iniciando la dictadura que la furia expresada en su rostro da señales de concretarse como venganza con más ríos de sangre impunemente derramada.
Era Peña, y no la réplica de Marta Sahagún que Televisa le impuso como esposa, mintiendo y haciéndose la ofendida, quien tenía que haber reconocido la verdad, para renunciar al puesto como acto seguido a esa verdad, que en el mundo se conoce, azorando hasta a los más corruptos miserables que se coleccionan en otros lugares también, pero sin que se hayan arrogado la venia además de derramar la sangre de un pueblo frente a la mafia política del todo inerme.
Sin entender tampoco la actriz que queda claro para la sociedad que para hacer telenovelas también estaba comprada por Televisa y que el pueblo mexicano es el ofendido con la corrupción sin límite exhibida por la mafia política que lo único que ya controla es la represión en sus manos porque ha acabado por enterrar al Estado mexicano en las mismas fosas comunes de las que brotan cientos de miles de seres humanos impunemente asesinados.
Segundas partes nunca fueron buenas y querer hacer “política” en “revistas de corazón” les debió quedar claro que no iba a traerles a los Peña/Rivera más que malas consecuencias. Aunque la casa sea a estas alturas lo de menos.
Peña debe irse porque ha logrado incendiar al país. Lo que no logró ni Calderón siquiera. Y Mancera debe callarse porque cada vez que abre la boca se muestra como esbirro de Peña.
En la ruptura de negociaciones de Santos con las FARC lo que va camino de prolongar aún más una guerrilla de cincuenta años, para el pueblo colombiano, a cuestas, tendríamos que vernos retratados los mexicanos para no dejar de exigir, desde hoy todos los días en la calle, hasta lograr que se vaya, la salida de Peña.
Y Peña tendría que reconocer de manera simple y llana que no puede con un puesto que le queda tan grande como la casaca militar a ese otro traidor, todavía impune, del PAN, que se llama Felipe Calderón Hinojosa.
Obligar al pueblo mexicano a un ajuste de cuentas es, no sólo criminal e inmoral, es necio y estúpido, es erróneo y las fatales consecuencias saltan a la vista. La represión no es el camino. Derramar más sangre por parte de un genocida, es la garantía, para Peña, de que será juzgado por tribunales internacionales. El camino es la salida de Peña de la silla de Ejecutivo Federal que tan grande también le queda y debe entenderlo ya, hoy mismo. Si hoy reprime, mañana será tarde también para el genocida Enrique Peña Nieto.



 
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