¿Qué sigue después del “elbazo”?


Por Guillermo Fabela Quiñones

Lo importante del “elbazo” no es lo que ya ocurrió, sino lo que viene a continuación. Era muy claro que se iba a dar el paso que se dio, pues la presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) no quiso darse por enterada de los avisos que le hizo llegar Enrique Peña Nieto para que se retirara a la vida privada. La obnubiló su soberbia y adicción por el poder, que perdió ya definitivamente. Elba Esther Gordillo es ya parte de la historia negra del sindicalismo mexicano, y deja un legado de corrupción, latrocinios y sangre que no debe volver a tener lugar en el país.
Ahora lo que nos debe preocupar son los pasos que habrá de dar el gobierno federal, pues de ninguna manera este acto de justicia debe quedar sólo en la defenestración de la mujer que mejor personificó durante más de dos décadas la corrupción del poder en México. No seguir adelante en una efectiva lucha contra el flagelo, sería la demostración de que sólo se trató de una venganza política, no de un verdadero interés por sentar las bases de un Estado de derecho que favorezca la gobernabilidad de una nación con más de 112 millones de habitantes.
Sin dar una batalla frontal contra la corrupción, no será factible consolidar relaciones sociales que permitan una positiva convivencia en el país. Se abusó del poder a niveles sin parangón en América Latina y en muchas otras partes del mundo, motivo por el que se aceleró la dramática descomposición del tejido social que nos caracteriza en la actualidad. Una muestra de tales abusos la tenemos en la biografía de la política chiapaneca, quien lo único que hizo fue aprovechar sin ningún escrúpulo las facilidades del sistema político para actuar sin ninguna cortapisa ética.
Ha sido la clase en el poder la creadora de monstruos de los cuales reniega cuando se salen de control, o cuando toman en serio su papel de redentores sociales, como en su momento lo hizo Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina”, quien fue liquidado políticamente al combatir con toda la fuerza del sindicato petrolero, los afanes entreguistas del entonces mandatario Carlos Salinas de Gortari. Curiosamente, quien orquestó el llamado “quinazo” fue el secretario de Gobernación en ese momento, Emilio Chuayffet Chemor, hoy titular de la Secretaría de Educación Pública.
El mayor problema en la actualidad es que no son uno o dos los “monstruos” que ponen en riesgo la estabilidad nacional, sino muchos que infestan el sistema político nacional con su cinismo y desfachatez. Los vicios que se venían arrastrando del viejo modelo priísta, fueron magnificados por los panistas debido a su concepción patrimonialista del poder. De ahí la notoria afinidad de los dos mandatarios panistas con la profesora Gordillo y con Carlos Romero Deschamps, líder de lo que queda del otrora poderoso sindicato petrolero.
Dice el dicho popular que “el que es buen juez por su casa empieza”. En este sentido, Peña Nieto está obligado a demostrar con hechos claros que tiene voluntad para actuar conforme al imperativo de frenar la descomposición del sistema político mexicano, misma que de continuar desembocaría necesariamente en una catástrofe que nos afectaría a todos, incluida la oligarquía, cuyos principales integrantes se verían forzados a abandonar el país en busca de la seguridad que aquí no tendrían.
La profesora Gordillo era ya un cáncer incurable que dañaba profundamente el cuerpo social de la República, pero tumores como el que ella representa hay muchos aún que deben ser extirpados antes de que provoquen males incurables. Sin parar la voracidad de gobernadores corruptos, quienes durante la docena trágica panista se aprovecharon del libertinaje de que disfrutaron, no podría asegurarse que sería aplaudida la acción justiciera en favor de los verdaderos profesores, pues pronto perdería su eficacia mediática el caso de la defenestración de la lideresa “vitalicia”.
Es inaceptable la realidad que se vive en México, porque la pobreza ha crecido exponencialmente, como también lo ha hecho la corrupción en las altas esferas del poder. El flagelo sólo podrá ser frenado en la medida que se abata el fenómeno, con acciones estratégicas de fondo, de tipo jurídico, político y administrativo. Lo inaceptable es pretender que con el encarcelamiento de la profesora ya se cumplió con ese objetivo.

(guillermo.favela@hotmail.com)



 
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