¿Para qué la reforma educativa?



Guillermo Fabela Quiñones
Apuntes


Es incuestionable la necesidad de que el sector educativo se reforme de pies a cabeza, pues sus rezagos lo tienen al borde de un colapso irremediable, luego de que el Estado dejó en manos del sindicato magisterial la conducción de sus políticas fundamentales, por la complicidad inercial entre autoridades y cúpula sindical con fines eminentemente político-electorales. Pero tendrá que hacerlo con una finalidad progresista, orientada a subsanar los crecientes problemas que lo aquejan, no para quitarle al sindicato su capacidad para influir en el devenir de la educación y dárselo a influyentes representantes de la oligarquía.
Aun cuando las principales autoridades del país han insistido en que no hay bases que avalen tal suposición, lo cierto es que, como dice el dicho popular, “la burra no era arisca, los golpes la hicieron”. Es natural que haya dudas sobre las buenas intenciones del gobierno de Enrique Peña Nieto en relación con el sector educativo, que al paso de los años ha ido perdiendo su capacidad formativa. Su declive fue proporcional al deterioro de las condiciones de vida de las clases mayoritarias, y se agravó aún más por la corrupción en la organización sindical, favorecida por la necesidad de la clase política de contar con el apoyo del sindicato en tiempos electorales.
Habrán de ser muy recordadas las palabras del secretario Emilio Chuayffet, dichas en la ceremonia de promulgación de la reforma educativa. Afirmó: “Se dice que gracias a la reforma la escuela dejará de ser gratuita, y que, por virtud de ella, se sacrificarán derechos adquiridos de los profesores. Aquí, en el centro de la República, en la sede del Poder Ejecutivo Federal, afirmamos: nada es más falso”. Serán los hechos los que avalen tal declaración o la desmientan; por lo pronto, se puede decir que hay poco margen para darle el beneficio de la duda al gobierno de Peña Nieto, teniendo en cuenta la cauda de compromisos que tiene con grupos oligárquicos.
Cerrar el paso a un sistema educativo basado en la letra y el espíritu del Artículo Tercero Constitucional, sería un gravísimo retroceso histórico que cancelaría toda posibilidad de avanzar al ritmo que llevan las naciones con visión progresista, entre ellas las principales del subcontinente americano, mismas que siguen avanzando a mayor velocidad que la que lleva México desde hace tres décadas. Sin una educación laica y gratuita, la sociedad nacional estaría condenada a sobrevivir en un estadio inferior al del resto de países latinoamericanos, no digamos las naciones más avanzadas del mundo, que lo son gracias a su sistema educativo, ajeno a vaivenes políticos y caprichos de las cúpulas del poder.
Si la reforma educativa se promulgó con el propósito de elevar el nivel de la educación en México, será bienvenida aunque se oponga la camarilla sindical al servicio de Elba Esther Gordillo, quien no asistió por primera vez a una reunión de tanta importancia para su gremio, hecho significativo que sin embargo no garantiza que el sindicato se habrá de plegar a los lineamientos de la reforma, mientras no se demuestra en la práctica que la misma se hizo no para privatizar la educación, sino para fortalecer sus objetivos fundamentales en beneficio de la sociedad en su conjunto, y frenar de golpe los afanes del conservadurismo de acabar con el laicismo en la enseñanza.
Mientras eso no se demuestre, el gobierno federal estará alimentando las muestras de rechazo a una reforma estructural que caminaría en zigzag, pues queriendo quedar bien con todos, acabaría quedando mal con unos y otros. No bastan las palabras para demostrar las buenas intenciones, si no van acompañadas por acciones concretas. Dijo Chuayffet: “Vamos a perseverar y a seguir convocando a todos para que la autoridad siga siendo la rectora en materia educativa, y para que esa rectoría no se traicione ni se empantane ni sea motivo de chantaje, ni mucho menos, como lo ha sido, de frivolidad”.
Lo innegable es que todos estos factores negativos han sido propiciados por el propio Ejecutivo, con el fin de utilizar al magisterio con propósitos políticos ajenos por completo a sus fines educativos. En sus manos está empezar a cambiar las cosas, si desiste de su afán antidemocrático de controlar a las grandes organizaciones sindicales para sus intereses grupales.
(guillermo.favela@hotmail.com)



 
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