Alejandro Encinas RodrÃguez
La campaña electoral ha entrado en su recta final. A 10 dÃas de que ésta concluya, se han intensificado los vicios, las viejas prácticas y la guerra sucia, con las que nuevamente se pretende frenar el avance de Andrés Manuel López Obrador, tras el vuelco que las tendencias electorales han dado en favor de las izquierdas.
Se busca contener a las fuerzas progresistas con la más alta de las cuotas autoritarias para ejercer su derecho a conducir los destinos del paÃs, bajo la lógica, como me comentó hace tiempo el candidato del PRI, de que “el arte de la polÃtica es saber conservar el poderâ€.
Los regÃmenes autoritarios alientan la apropiación de los métodos de coerción y reproducción del sistema. Como señalara Maurice Joly en “El arte de medrar†escrito en Francia en 1867, gobernar se trata: “No tanto violentar a los hombres como de desarmarlos, menos de combatir sus pasiones polÃticas que de borrarlas, menos de combatir sus instintos que de burlarlos, no simplemente de proscribir sus ideas sino de trastocarlas, apropiándose de ellasâ€.
Para Joly: “La vida es una partida en extremo difÃcil de jugar en la que interviene mucho el azarâ€, aunque se puede revertir con ambición, simulación, padrinazgo o la intriga, lo que se resume en la premisa: “los derechos no existen en realidad; sino para quién pueda ejercerlosâ€.
Ese es el rasgo que define la crisis institucional y el agotamiento del régimen polÃtico del paÃs. La incapacidad de desarrollo individual y la subordinación de un amplio sector de la sociedad mexicana que no goza de solvencia económica y autonomÃa polÃtica para ejercer libremente sus derechos en una sociedad precarizada, dominada bajo la tutela corporativa clientelar gubernamental, la cooptación y la amenaza que coartan la iniciativa de los ciudadanos y frenan la tendencia de cambio en una sociedad que es cada vez más crÃtica.
Bajo estos mecanismos de control se diluyen el hartazgo y la frustración social ante un sistema caduco, y permiten a una minorÃa imponerse frente una mayorÃa manipulada por sus carencias, frente a las cuales las instituciones electorales aparecen incapaces para evitar la extorsión y la compra de votos y, garantizar equidad y certeza en las elecciones frente al creciente peso del dinero y la manipulación de la pobreza.
El proyecto polÃtico que representa Enrique Peña Nieto, se empeña en profundizar el régimen de desigualdades sociales y dar continuidad de las polÃticas neoliberales que han permitido la precarización y manipulación polÃtica, insistiendo en mostrar —con una retórica frÃvola y contradictoria— su incongruencia, en que por una parte, plantea promover las reformas estructurales en materia laboral y energética, y por otro crear un sistema universal de seguridad social o reducir tarifas eléctricas.
La desmesura electoral, la red de complicidades amparadas en el poder público y privado para operar recursos a favor de un candidato, la intimidación y la violencia sin ninguna sanción, no deben imponerse a la voluntad popular.
Pese a todo, es alentador la creciente organización de ciudadanos que no están dispuestos a continuar cediendo su poder a los grupos de interés que dominan al paÃs y hacen lo posible para preservar sus privilegios, porque cuando el pueblo se decide a impulsar un cambio verdadero no hay poder ni voluntad humanos que puedan detenerlo.