Comedores compulsivos generalmente enfrentan problemas emocionales


Hay estudios que sustentan que las personas que comen en exceso o de forma desequilibrada pueden estar pasando por numerosos factores que les hacen presentar una conducta compulsiva frente a la comida, afirmó ayer Alejandra Torres Rueda, psicoterapeuta y profesora de psicología en la UMSA.
Comentó que regularmente etiquetamos a las personas obesas y las culpamos por encontrarse en ese estado; les hacemos burla o los discriminamos. Socialmente representan a alguien que tiene dificultad para controlarse y para administrarse; podemos pensar que tiene conflicto para mantenerse saludable y que además es sumamente flojo y descuidado. En la práctica no es así necesariamente”, apuntó.
Puso como ejemplo a los hijos de madres trabajadoras y/o ausentes, quienes son compensados por la madre con comida chatarra.
“Estos niños normalmente se encuentran al cuidado de abuelas, tías, parientes o nanas y pasan poco tiempo con sus mamás porque ellas deben trabajar. Las madres con la intención de vincularse afectivamente con los hijos “abandonados” se vuelven en exceso tolerantes y relajadas en cuanto a la alimentación, facilitando el consumo de alimentos no muy sanos”, añadió.
Agregó que cuando las madres no están cerca, los hijos comerán los alimentos chatarra para sentir un alivio emocional temporal, asociado al bienestar que les representa el recuerdo de la madre ausente que, cuando está cerca les brinda una emoción similar.
“Este ejemplo muestra que cuando el niño sientan un vacío emocional, seguramente recurrirán a este tipo de alimento. Y si la tristeza es demasiada, puede ser que presenten una conducta compulsiva al momento de consumir pizzas, hamburguesas, chocolates, dulces, refrescos con gas, bebidas con alcohol, entre otras”, dijo.
Cabe recordar que los carbohidratos refinados, (galletas, pan, harinas) se convierten en glucosa en el cuerpo y nos da una sensación de bienestar inicial; sin embargo, cuando pasa el tiempo pueden provocarnos una tristeza profunda, que puede convertirse en depresión.

Hábitos y sexualidad

Otro ejemplo son los hábitos, ya que se vuelve complicado hacerlos a un lado porque se ha crecido con ellos; tal es el caso de las personas que desde pequeñas se han acostumbrado a beber refrescos en lugar de agua o jugos naturales, o bien, que tradicionalmente consumen alimentos típicos de la región varias veces a la semana.
“En Mérida, por ejemplo, es muy común que no podamos despreciar el frijol con puerco de los lunes o la torta de cochinita para el desayuno de media mañana, así como los panuchitos o salbutes del mercado por las noches. Seguramente les ha sucedido que han intentado entrar en un régimen alimenticio y las misma familia “sabotea la operación”, haciéndoles sentir culpables por no seguir la tradición.
“Durante mis clases con alumnos de la licenciatura en Nutrición (en la UMSA) hemos platicado que es muy común que las abuelas o madres les critiquen por estudiar dicha área o les hagan burla por estar “bajos” de peso y no “hermosos” y que, evidentemente, presentan sobrepeso”, indicó.
Agregó que cuando le preguntó a sus alumnos por el alimento favorito, la mayoría lo relaciona con la especialidad de su madre, padre, abuela o un miembro de la familia cercano, pues dicho platillo les brinda una sensación cobijo, amor, aceptación e incluso control.
“Del mismo modo existe el caso de personas que han crecido con la etiqueta del “gordito” y han aprendido muy bien este papel, al grado que ya no saben sobrellevar algún otro. Incluso hay algunos que bajan de peso pero vuelven a subir, pues no se sienten cómodos siendo algo diferente a lo que siempre han sido.
“Tristemente se ha encontrado también que existen personas que padecido violaciones y recurren al sobrepeso para pasar desapercibidas sexualmente. Recurren a un cuerpo grande como ‘una capa protectora’ para evitar que otros se les acerquen”, manifestó.
Recomendó no necesariamente privarse de alimentos que por tradición significan unión familiar, cariño, acompañamiento, sino que consumirlos con moderación, en cantidades razonables y no más de una vez por semana, preferentemente durante el día y no por la noche.
“También es importante mantener la actividad física, hacer al menos 30 minutos de ejercicio al día, mantener el abdomen contraído, tomar mínimo un litro y medio o dos de agua y sobre todo sentirte bien contigo mismo, sonreír y mirar siempre hacia delante; y lo más importante, tratemos de identificar si algún alimento de los que consumimos está tratando de llenar algún vacío emocional y busquemos si es que podemos encontrar otras formas para sentirnos bien”, concluyó.
(Verónica Martínez)



 
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