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¡Pronto tendremos nuevas encuestas para usted!

La salva de las mujeres


Isabel Arvide

Galván escribe la historia de la igualdad
Contra viento y marea, sin confusión la lucha contra el crimen organizado…

Desde el templete, a pocos metros, resultaba casi imposible distinguir el sexo bajo el uniforme de gala, ese pantalón amplio, esa guerrera que tiene los blasones de la lealtad, esos cordones de honor inconmensurable que todos los jefes presentes han portado. Con la acostumbrada pericia cargaron, empuñaron el fusil y dispararon en honor del comandante supremo, del mismo hombre que el general Galván saludó con el agregado de “maestroâ€. Acto doblemente cargado de significados de cara a las festividades del Bicentenario, de espalda a la violencia que amenaza con ahogar cualquier esperanza.
Día militar si los hay, no gratuitamente el general Guillermo Galván, único orador en la soleada mañana del Castillo de Chapultepec, volvió a resumir que para los militares la lealtad es el apellido sobre sus nombres. Fecha que recuerda, precisamente, el precio siempre pagado de esa lealtad institucional. Ahí, tan solemne, tan falto de parafernalia, tan solo en sí mismo como ceremonial privado, se rompieron para siempre los tabúes que persiguieron a las mujeres mexicanas en el último de los sitios prohibidos.
Porque el acto castrense, parte esencial de un programa corto en tiempo, inmenso en la profundidad de las palabras y los hechos, tuvo su momento estelar en la primera, y cualquiera que pueda decirlo, escribirlo, recordarlo como testigo privilegiado tiene que sentir el escalofrío que recorre la piel ya muy tatuada por el tiempo, descarga de fusiles que hacen las mujeres cadetes.
Lo que tiene que concebirse a partir de una apertura inmensa, de fondo, real hacia la igualdad femenina. Hacia las manos que saben, que pueden, que tienen que portar las armas de la lealtad para defender a la patria. Hacia fuera, pero también hacia dentro, en batallas que cada día se antojan más sangrientas, desiguales, poco comprendidas por grandes sectores de la sociedad.
Si alguno de los generales, tantas espaldas rígidas bajo las canas, entró al Ejército por “Bocación†con “B†grande, es decir por la boca ya que ahí daban tres veces de comer al día, si alguno de los generales ahí presentes entró al Ejército porque su padre y su abuelo fueron también generales, sintió que el estómago le daba un vuelco, que este tobogán del futuro ya se había echado a andar, tuvo razón.
Este es el gran cambio del sexenio, del presidente Calderón, del general Galván, que no ha habido tiempo ni corazón en calma para valorarlo en la gran extensión de su significado para la igualdad de género, para que las mujeres sean realmente pares de los hombres en una sociedad que tiene que ser, que debe ser construida justamente en el principio de la igualdad.
Se rompen tantos moldes, tantos usos y costumbres, tanto bajo el uniforme militar que pocos alcanzan a dimensionar en estos tiempos de la confusión.
Sobre esto, insisto en la dimensión del cambio de fondo, el discurso del general Galván Galván fue más, mucho más que la simple reiteración de la lealtad militar a la patria, a sus instituciones, obviamente el comandante supremo que se apellida Calderón Hinojosa.
Porque el llamado a la “cohesión social y el acuerdo político†no estuvo inscrito en la liturgia anual, no venía construido de palabras elegantes ni de afanes protagónicos sino del fondo del corazón de un soldado formal, alto, de carácter difícil y una bondad siempre presente, siempre oculta. De un hombre que se desvela y se desmañana en el agobio del hoy, en la lista de los muertos, en la página de la historia que le tocó escribir de orden superior. Aunque también, Galván así lo vive, de compromiso moral y solidario con su jefe que para él, como para miles de soldados, no tiene otra traducción que patria.
Porque eso es lo que hicieron en su día los jóvenes cadetes que acompañaron al Presidente Madero en su “Marcha de la Lealtadâ€, asumir que el Presidente, la institución presidencial, la jerarquía militar que asume con su mando, es el sinónimo de patria. Y ambos, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y México, Patria, país, deben defenderse con la vida.
También, hoy por hoy, con la esperanza. Con la certidumbre de que puede haber un proyecto de nación viable donde el consenso, de eso habló Galván con voz pausada y convicción republicana, social nos permita vivir con prudencia, respeto y buena intención a millones de mexicanos.
Los soldados, recordó frente a la historia significada en la construcción del Castillo donde Maximiliano equivocó su destino, no ven nubarrones en el porvenir ni hacen cábalas cronológicas para imaginar nuevas violencias históricas, los soldados piden por la convivencia pacífica de las mayorías, fraterna, coincidente, armónica.
Los soldados hablan de esto con la lista de los muertos en la palma de las manos, con el duelo por los caídos, con la seriedad silente sobre la jornada diaria, sobre la obligación cotidiana de vencer a criminales “sin la mínima confusiónâ€, y como dijo Galván “contra viento y mareaâ€â€¦ Los soldados y las soldados que empuñan ya el puñal de la lealtad y disparan como arquero a la luna con infinita precisión…

www.isabelarvide.com
 
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