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Maquiladores y casineros



Francisco Rodríguez

Indice Político


¡Qué “paraíso” nos dejó Felipe Calderón a los mexicanos! Sus cifras alegres, disparadas a lo largo –pero sobre todo al final— de su calamitoso sexenio contrastan con la ominosa realidad que padecemos. Apenas el domingo, por ejemplo, el Presidente Enrique Peña Nieto advirtió que, para lograr un México próspero, se requiere atraer más inversiones para desarrollar la infraestructura que permita elevar la competitividad y generar más empleos calificados y bien remunerados en el país.
Seguro estoy de que el mexiquense estaba enterado de que al día siguiente, este lunes, la subsecretaria de Competitividad y Normatividad de la Secretaría de Economía (SE), Rocío Ruiz Chávez, haya dado a conocer uno más de los datos que componen la herencia maldita que le dejaron los panistas, muy en especial el michoacano Felipe Calderón: que la Inversión Extranjera Directa (IED) no sólo decreció en el país, sino que además está estancada.
Y es que, dijo la funcionaria, entre los años 2009 y 2012 la cifra promedio de IED cerró en 17 mil millones de dólares (mdd), mientras que de 2001 a 2008, por efecto de los tratados comerciales, el promedio anual se ubicó en 25 mil mdd. Lo anterior implica “que nuestro país en lugar de ir creciendo en inversión extranjera en los últimos años ha bajado y aparte se ha estacionado”, reconoció.
Las inversiones huyeron de México, en pocas palabras.
Se entiende así también que, en la reunión dominical de Peña Nieto con la gerontocracia cetemista, éste haya dicho que “no podemos sólo transitar o seguir siendo un país eminentemente manufacturero, con destacada capacidad para desarrollar manufactura. Nos ha colocado en el mundo como uno de los países con mayor capacidad manufacturera, y esto es muy bueno y positivo, y debemos seguirlo siendo. Pero no podemos quedarnos sólo ahí.”
Necesita el país inversiones. Pero no aquellas que son meramente especulativas. Que aterrizan en el casino que es la Bolsa Mexicana de Valores, y luego vuelan con enormes ganancias que, por si no fuera poco, ni siquiera pagan impuestos.

Tasar ganancias de la BMV

Nada fácil tarea tiene frente a sí la todavía nueva Administración Federal. Para atraer inversiones en el sector productivo –que generen empleos bien remunerados— tiene que reconstruir la credibilidad mundial del país destrozada por la inseguridad producto de la fallida guerra de Calderón contra el crimen organizado, lo cual no es sencillo en estos tiempos de turbulencias internacionales.
Tiene, además, que mostrar estabilidad y equilibrio de su proceso económico, lo mismo que establecer rangos de riesgo internacional positivos (una clasificación A por las tres mayores calificadoras de riesgo), y sobre todo limitar el ingreso del llamado capital golondrino o inversiones especulativas a corto plazo, imponiéndoles una tasa que enriquezca al erario.
De otra suerte, México seguirá por la senda de la maquila, de una parte, y del casino que es la Bolsa, por la otra. Y tal no lleva a ningún lado.
Está por discutirse –antes de que finalice el año— una nueva reforma fiscal. Bien estaría saber si, con todo y Pacto por México, el PRD está dispuesto a mantener su propuesta de 2010, en la que incluían, además de disminuir la tasa del IVA al 15%, reducir el impuesto sobre la renta (ISR) a 28 por ciento, “pero hacerlo más progresivo, y dejar el impuesto especial a tasa única (IETU) sólo para grandes contribuyentes”; gravar todas las ganancias en la Bolsa Mexicana de Valores e incrementar las contribuciones de los concesionarios que explotan minas en el país.
Sí llegan muchos capitales a México. Pero casi todos son especulativos. No producen nada para los mexicanos. También nos desangran, pues se llevan sus ganancias a sus lugares de origen sin dejar nada a cambio.
Y eso hay que regularlo, reitero, si no queremos mantenernos en el mero ámbito de la mal pagada maquila, mientras otros multiplican sus capitales sin pagar el tributo correspondiente, ¿o no?

Índice Flamígero: La herencia maldita de Calderón también provocó que los inversionistas locales pusieran a trabajar su dinero en el extranjero. En 2012, la IED en México sumó 12 mil 659 millones de dólares y la inversión directa de mexicanos en el exterior ascendió a 25 mil 596 millones. El doble.

www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com



 
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