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IVA, para desangrarnos



Francisco Rodríguez

Indice Político

Pues nada, que el PRI –cada vez menos revolucionario y, por sus volteretas acomodaticias sexenales cada vez menos institucional— se allanó a los tecnócratas ahora en el poder, cambió sus llamados “documentos básicos” y, así, abrió la puerta para que Hacienda y su temible Sistema de Administración Tributaria empiecen a cobrar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) en alimentos y medicamentos, reforma fiscal de por medio ya avalada por las otras dos fuerzas políticas, ¿incluido el PRD?, a través del traído y llevado Pacto por México.
Tecnócratas, al fin y al cabo, los iluminados que tenemos como funcionarios públicos decidieron que, para curar al enfermo —visto que su ciencia aprendida en el ITAM, MIT, Harvard, Yale, Stanford…—, ¡hay que desangrarlo!
Esto es lo normal, aparentemente, en esta Edad Media de la economía y las finanzas que globalmente ahora nos azota. Un Medioevo que, por cierto, inició cuando los gobiernos de prácticamente todas las naciones –y México no fue la excepción— intentaron salvar la todavía moribunda economía global con inyecciones millonarias de liquidez: transfusiones descomunales de dinero recién impreso para reanimar un sistema con las heridas aún por cerrar. Eso, en lugar de taponar primero los agujeros, de fumigar los virus que provocaron la mayor infección del capitalismo desde la Gran Depresión del ’29 del siglo anterior.
La receta es clara: hay que inyectar dinero, mucho dinero, a los bancos, a las empresas, a los grupos financieros, incluso a las transnacionales y a todos sus accionistas. A los pobres, a las clases medias, en cambio, hay que desangrarlos con más impuestos que, asimismo, sean cada vez más altos.
Terminaremos el 2013 con una carestía galopante donde todos los productos incrementarán sus precios –mucho más allá de la tasa del IVA—, el Banco de México y el INEGI maquillarán otra vez sus cifras de inflación, y hasta dirán que se ha cumplido el compromiso chorrocientos mil del titular en turno del Ejecutivo Federal.

¿Bienestar para la familia?

Hay contradicciones que, por más que se desee, no se pueden soslayar. O, como dice el refrán, “del dicho al hecho hay mucho trecho”.
Y es que fueron incontables las ocasiones en las que, como candidato presidencial, el señor Enrique Peña Nieto habló de la muy ingente necesidad de impulsar en México un mercado interno. Esto, según lo entiende un lego como este escribidor, querría decir que durante su mandato impulsaría no sólo la creación de empleos, sobremanera que provocaría que éstos fuesen verdaderamente remunerativos, para que la gente tuviese dinero en el bolsillo para gastar, y que al gastar crecieran los negocios comerciales y, en consecuencia, se viese beneficiada la planta industrial, produciendo todo lo que los consumidores –con dinero en el bolsillo, reitero— demandasen.
Todavía en su primer evento público de este 2013, realizado en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STyPS), el señor Peña Nieto prometió que este año será el de la prosperidad, el de la concreción de mayores acuerdos y de reformas estructurales.
Pero… la terca realidad se interpuso.
Unos días después, Hacienda a cargo de su “second” Luis Videgaray anunció el mayor de todos los incrementos mensuales a los combustibles, lo que vernáculamente conocemos cual “gasolinazo”.
Y luego se fueron al cielo las tarifas de electricidad, a cargo del monopolio CFE.
Y lo que antes llamábamos “escalada de precios”.
Más y más de nuestra sangre, ofrendada al goloso Estado, protector además de los intereses de las élites económicas, industriales y financieras de México y del exterior.
Todo esto, ¿para que vivamos mejor?
¿En serio?
Apechuguemos –que no sabemos de otra— y, ahora que el PRI ya le abrió la puerta a los tecnócratas… ¡paguemos IVA en alimentos y medicinas!
Va más de nuestra sangre en ofrenda, ¿a poco no?

Índice Flamígero: “Esta película ya está muy vista”, nos dice don Alfredo Álvarez Barrón, El Poeta del Nopal, quien nos comparte su epigrama: “El más feroz litigante / declinaría avergonzado, / ante el oscuro legado / de nuestros representantes, / que de manera arrogante / burlan la ley a dos manos; / si con sus actos malsanos / se anuncia una nueva era, / reviso la cartelera / ¡y escojo una de romanos!”
www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com



 
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