Las “catedrales de paja o palma”, símbolos de estatus que tienen origen maya



Las palapas de techo de huano o zacate sirvieron de rústicas viviendas para las familias mayas de la Península de Yucatán, pero ahora son símbolo de estatus, pues pueden utilizarse tanto para proteger del sol un yate en Yucalpetén, como para atraer clientes a un restaurante-bar meridano o recibir como reyes a quienes llegan a los paradores turísticos de la Riviera Maya y varios sitios interesantes de Yucatán

Donde hay una de ellas suele haber diversión, comodidades, servicios, comida y bebida para los turistas y visitantes locales, nacionales y extranjeros.
Originalmente, las palapas de techo de huano o zacate sirvieron de rústicas viviendas para las familias mayas de la Península de Yucatán, pero ahora son símbolo de estatus, pues pueden utilizarse tanto para proteger del sol un yate en Yucalpetén, como para atraer clientes a un restaurante-bar meridano o recibir como reyes a quienes llegan a los paradores turísticos de la Riviera Maya y varios sitios interesantes de Yucatán.
Por su tamaño y magnificencia, algunas podrían considerarse como “catedrales de paja o palma”, según se observó en la serie de entrevistas y recorridos que se realizaron para este reportaje, y que incluyeron Panabá, Temozón y Acanceh.
–Hasta donde sé, y si estoy mal me gustaría que me lo informaran, con sus 26 metros de diámetro “de poste a poste, aparte lo que cae detrás”, y 20 metros de altura, esta palapa es la más grande de su tipo en Yucatán –afirma Renán Interián Cocom, propietario del Parador Turístico Acanceh, situado en la carretera Mérida-Chetumal, a unos 20 minutos de la capital yucateca, y a unos 20 metros del libramiento de Acanceh y el entronque de la vía a Timucuy.
Esas medidas no incluyen el pequeño corredor de entrada, una especie de vestíbulo, de unos 15 metros de largo y cuatro de ancho.
Entrevistado en ese establecimiento –del que por cierto informamos hace unas semanas en un reportaje sobre el crecimiento económico de la zona de Acanceh y Cuzamá–, el empresario revela que la palapa fue diseñada por un arquitecto del que sólo recuerda que se apellida Del Ángel a partir de una idea suya, y construida por los hermanos Herrera, de Catzín, una población al Oriente del Estado cercana a Chemax.

Reyes de las palapas

–Los Herrera son los reyes de las palapas en Yucatán, en especial el mayor, que se llama Ananías. Los solicitan para trabajar incluso en la Riviera Maya, en Quintana Roo –afirma don Renán.
En las pausas que le permite el trabajo en su establecimiento, a donde en el momento de la entrevista arriba un grupo de 80 jóvenes capitalinos que vinieron a Mérida a participar en la recientemente concluida Olimpíada Nacional, Interián Cocom apunta que en Quintana Roo hay una palapa como la suya, que está en el hotel Bahía Princess de la Riviera Maya, en el área de Tulum.
Detalla que toda la madera y el zacate provienen de Quintana Roo, y específicamente los postes de chicozapote los trajeron del municipio de Leona Vicario. Los Herrera se encargan de todos los trámites forestales.
–Este tipo de zacate no existe en Yucatán, sino que se trae de la zona del Río Hondo, cerca de Chetumal y Nicolás Bravo. Sé que en algunos casos los fardos se concentran en Tulum, con la gente que trabaja en esto, pero mayormente vienen de la frontera –dice el restaurantero.
Lo que más llama la atención de esta “catedral” de zacate o paja es que no tiene postes dentro, sino sólo alrededor. Únicamente un cuadrángulo horizontal de vigas rollizas, debidamente atornilladas, refuerza la estructura a la mitad. Los largueros de los costados, que rondan los 20 metros, también son de admirar, pues son de una sola pieza.
–Para subir estos largueros, que no tienen empates, necesitamos tres grúas de distintos tamaños que nos cobraron a mil pesos la hora. En Yucatán no hay madera de esta medida; tengo entendido que los trajeron desde Belice –dice don Renán.
Dado el diámetro y altura de la palapa de Acanceh, y recordando otras estructuras similares en Temozón que tienen más refuerzos internos, es necesario preguntarle al propietario del parador detalles del diseño que realizó el arquitecto Del Ángel.
Interián Cocom muestra el secreto de la estabilidad de la estructura: cada uno de los 16 gruesos postes de chicozapote dispuestos en círculo tiene en la parte de afuera sendo contrafuerte, una parte a ras del suelo y otra enterrada. “Cada uno llevó 15 bultos de cemento, para que los postes no se ‘pateen’ en caso de un huracán”, explica el propietario.
Además de los 16 postes, la palapa está formada por 8 largueros que integran el gran cono, que en la parte superior tiene uno pequeño, que sirve de remate.
La estructura tiene tres círculos concéntricos de madera a manera de vigas, reforzadas por el citado cuadrángulo. Palos más delgados forman la cuadrícula a la que se amarra la paja preparada en pequeños fajos. Según rápido cálculo, habría unas ocho toneladas del fino zacate.
La palapa tiene aproximadamente a la mitad de su altura, y viendo hacia cada punto cardinal, cuatro ventanas o respiraderos triangulares, cada una con un pequeño techo piramidal sobresaliente, que ayudan a airear el establecimiento.
A la hora que el reportero visitó el gran cono, alrededor de las cinco de la tarde, la luz dorada del sol penetraba por la ventana del poniente.
Cuando se le pregunta sobre la inversión que requirió la construcción, don Renán dice que “un millón 250 mil pesos, pero de eso hace seis años”.
Por cierto, aparte de las que ofrecemos aquí, algunas otras imágenes de la palapa pueden verse en el sitio www.paradoracanceh.com.

Palapa de “Don Gato”

Lejos de Acanceh, en la villa de Temozón, hay otra palapa de grandes dimensiones que rivaliza con la del parador turístico, y que alberga el restaurante bar familiar “La palapa de Don Gato”, el cual abrió hace apenas dos meses.
Levantada por el impulso de Wílbert Solís Barea, “Don Gato”, la palapa está a cargo de una de las hijas de éste, Guadalupe Solís Cámara, “Lupita” o “Lulú”, quien dice que no conoce las medidas exactas de la construcción –y el reportero no llevó cinta métrica–, y sólo está segura de la altura: 13 metros, menos que la de Acanceh.
A simple vista, sin embargo, la palapa de Don Gato parece de un diámetro similar a la de Acanceh, con un vestíbulo ligeramente más largo que la de su “rival”.
Por fuera luce más vistosa gracias a sus cuatro conos y a que su corredor de entrada tiene tres partes con escalones por las que se va ascendiendo hasta el área de sillas del restaurante bar. Como tiene los costados descubiertos, ofrece buena vista de la carretera aledaña y un incipiente plantío de cítricos con sistema de riego, aunque Lupita anticipa que planean colocar toldos en el costado oriente, “que es por donde se puede meter el agua en la temporada de lluvias”.
–Mi papá hizo el diseño, él trajo la madera y los postes y se la hicieron un señor de Tizimín y otro de Chetumal, “ya ve que allá hay buenos palaperos” –dice la señora Solís Cámara.
Precisa que don Wílbert es de los primeros colonos yucatecos que fomentaron Playa del Carmen, y todavía vive y trabaja en esa zona que ahora es el municipio de Solidaridad. “Fundó el ejido con otros señores, pero no quiso ser ejidatario y se quedó como nacionalero” (dueño de terrenos nacionales, o federales), cuenta su hija.

Perseverancia

–Esta palapa tiene su historia, incluyendo que se quemó una vez –detalla Lupita–. Mi papá quiso hacerla para regalársela a mi mamá y tener un lugar donde atenderla luego que le dio cáncer de estómago. Ella es un milagro viviente, todos se lo dicen, porque después de que la operaron no tuvo más tratamiento, sólo rezamos mucho por ella. Ahora tiene 73 años, quedó muy delgada, pero baila como no tiene usted idea.
Relata que la familia vivía en Mérida hasta que el papá decidió mudarse a Playa, donde ella nació. El matrimonio tuvo 14 hijos, de los cuales once son varones y tres mujeres. “Sólo yo vivo aquí, mis hermanos y hermanas están en Playa, donde son muy conocidos; de vez en cuando vienen, sobre todo para festejar a mi mamá, aquí o en el rancho”.
Lulú dice que su papá cree que pudo ser intencional, “por envidias”, el incendio de la palapa inicial, que era menor e iba a servir de cocina económica.
–Para reconstruirla, mi papá invirtió dos millones de pesos, además de que mi mamá y yo le gastamos como 450 mil pesos en los pisos y baños, con un arquitecto que nos robó y se fue. Todavía no nos recuperamos –añade la entrevistada.
Explica que “los postes son de zapote, todo viene de Quintana Roo, Yucatán sólo produce huano”.
Cuando se le pregunta por qué prefirieron la paja en vez de huano, señala que “el zacate es más elegante, todas las palapas de la Riviera Maya son de zacate, ahí no se usa el huano”.
A una pregunta, indica que el dinero que ha gastado su papá “sale de Playa, donde todavía tiene unos terrenos y un ranchito con dos cenotes donde recibe turistas. Ahí también hay una palapa de este tamaño”.

Planes para crecer

Lupita tiene muchas esperanzas en el despegue del restaurante-bar, donde su esposo, Gerardo Aguilar Díaz, funge como barman, además de que como sabe elaborar la “famosa” carne ahumada de Temozón están pensando en producir ésta para venderla a los visitantes. “También queremos poner una tienda de artesanías en la entrada”.
–Admiro mucho a mi papá porque él solito se abrió camino para darles algo a sus 14 hijos. Tiene visión, cuando él llegó Playa era un pueblito. Ahora dice que Temozón va a seguir creciendo, y ya empezamos a ver que vienen muchos turistas a Ek Balam, que luego pasan aquí a comer.
Precisamente en el momento de la entrevista un grupo de seis turistas extranjeros hospedados en Cancún acababa de llegar a la palapa a comer, tras visitar esa zona arqueológica.
–Ek Balam es un tesoro escondido que empieza a tener auge porque lo aprovechan las agencias de viaje de Quintana Roo. En www.valladolid.com.mx puede ver cómo le hacen publicidad –comenta Lupita.
(También se puede llegar a esa información directamente en www.ekbalam.com.mx).
–Temozón tiene artesanías y muebles de madera, carne ahumada y longaniza, ropa y bordados. Además tiene mucha gente que trabaja en la Riviera Maya –subraya para apoyar sus planes de crecer y crear empleos a partir de “La palapa de Don Gato”.
Cabe apuntar que en el otro extremo de Temozón, en la posta ganadera y local de la feria tradicional, que está a la entrada de la carretera que comunica con Valladolid, hay otra vistosa palapa, un tanto menor que la de “Don Gato”, que es propiedad del ayuntamiento y que, según se vio, se renta para uso de los habitantes de la villa, pues en el momento de la visita se celebraba en ella una fiesta de quinceaños.
La palapa, de unos 20 metros de diámetro, es de paja y formada por dos conos, sin vestíbulo. Según se informó, fue reconstruida por el actual presidente municipal, Dionisio Novelo González, quien el domingo que llegó el reportero estaba en Tulum, donde tiene una casa.
No es la única palapa que ha construido o reconstruido Novelo González, quien al parecer aprovecha sus conocimientos de esa zona de Quintana Roo donde ha vivido para conseguir la madera y zacate que se necesitan, así como los artesanos.
En Temozón hay otra palapa, de menos tamaño pero vistosa, que funciona como “restaurante familiar”, sin nombre en el exterior.

Palapero de oficio

Quizá con menos glamour pero igualmente muy solicitadas, las palapas de huano o palma ofrecen la ventaja de que “aguantan más”, subraya Pedro Chi Cruz, de 51 años y quien desde muy joven se dedica a construirlas, siguiendo el oficio que heredó de su padre, Felipe Chi Matos.
Entrevistado en su casa, ubicada muy cerca de la entrada a Panabá viniendo de Sucilá –donde se construyó recientemente una glorieta con la figura metálica de un toro, símbolo de la vocación ganadera del poblado–, Chi Matos dice que ha hecho palapas de hasta nueve o diez metros de ancho, de largo variable
Entre las palapas que ha hecho cita la del restaurante La Torreja, en Río Lagartos, de don Jorge Contreras, y en Mérida levantó la palapa de El Barrilito, de Mario Enríquez, en la calle 65, que considera la más grande que ha hecho, de 12 por 24 metros. “Para que no quede oscura le dejamos dos filas de lámina transparente; quedó bien, a dices que hay barras (de luz) encendidas”, expresa.
Agrega que también hizo la palapa de otro bar en el barrio meridano de La Mejorada, que es alargada, de unos 4 por 10 metros, y también la de “Parroquianos”, bar que está frente al Mercado Grande, que es de tipo pirámide.
–A los Fernández les trabajamos en la marina Yucalpetén donde “estacionan” sus yates. Es una palapa de zacate, a la que se le tuvo que poner red encima, porque si no la desbarata el viento. En la playa las palapas, de huano o de zacate, a fuerza tienen que llevar red.
“Ando en Playa del Carmen, Tizimín, Progreso, Izamal, y los pueblos de acá cerca como Bokobá y Motul”, dice Pedro cuando se le pregunta sobre los lugares donde solicitan sus servicios.
Por cierto, durante la entrevista un vaquero llegó a hablar con él para acordar el día y la hora en que iba a ir al rancho de un familiar de éste a construir una palapa.

¿Huano o zacate?

–¿Qué es mejor para el techo de una palapa, el huano o el zacate? –se le pregunta.
–El zacate se ve más bonito, pero el huano aguanta más.
Además, lleva más tiempo hacer un techo de zacate.
–El huano es más fácil de armar, sólo se divide la palma en tres partes y se ensarta en los giles (los palos que se colocan horizontalmente entre las vigas de madera rolliza, para formar el techo, que puede ser sencillo o de dos aguas). Al final se empareja la última fila de huanos, los de abajo que hacen la caída del techo.
El entrevistado detalla que cuando lo contratan para hacer una palapa lo primero que hace es pedir la madera a gente que se dedica a ese trabajo y tiene experiencia en cuanto a los permisos forestales. “El huano lo corto yo, pero si se me junta el trabajo entonces lo compro”.
Añade que para cortar las hojas de huano, y como las palmeras llegan a tener hasta diez metros de altura, utiliza una escalera para llegar lo más alto posible y luego alcanza la copa del árbol con ayuda de sogas que amarra al tronco y en las que coloca los pies para subir poco a poco.
En el noreste del estado son comunes los montes o zacatales con numerosas matas de huano, que a menudo resisten incluso los incendios forestales.
Chi Cruz aclara que su trabajo está amparado por factura, y muestra un ejemplar de sus hojas de facturación. El documento dice: “Palaperos San Felipe. Servicio de construcción de casas, palapas, tinglados de huano, con rolos, morillos, palizadas en general, carpintería, albañilería y electricidad. Felipe Chi Matos (el nombre del papá)”. Al final está el Registro Federal de Causantes.

El zacate oxolá

Pedro Chi precisa que si bien la mayoría de las palapas que construye son de huano, también las hace de paja, que se tiene que traer, dice, de las zonas de Tulum o Carrillo Puerto, en Quintana Roo, o de Campeche. “Aquí en Yucatán se puede conseguir un zacate que le dicen oxolá, pero está sencillo, no dura”, comenta.
–Trabajar el zacate es más complicado que el huano. Para empezar hay que amarrar las matas ya secas en pequeños atados, al cálculo, y con ellas se hacen fardos de 50 atados para su transporte –explica el artesano, quien durante la charla muestra la palapa de huano que acaba de construir en la parte de atrás de su casa, para que sirva de cocina y comedor.
Añade que luego el zacate se amarra al gil con un hilo de fibra sintética, que mayormente es de color negro, al parecer por razones estéticas. El rollo de ese cordel, de calibre 16 ó 18 y de un largo que no supo precisar, cuesta de 70 a 76 pesos.
A la hora de amarrar los atados de zacate hay que compactarlos muy bien, para que el techo sea impermeable.
Otra parte que tiene “su chiste” es el caballete, cuya construcción tiene variantes, una de las cuales es utilizar, si la palapa no es muy grande, cabillas de metal que forman una especie de aro alargado que se pone rodeando los palos que apenas sobresalen en la parte superior. Entonces los rollitos de zacate, o las palmas de huano en su caso, se curvan y se colocan de tal manera que sus extremos son presionados por la cabilla.
Otra opción es sujetar el huano o el zacate con la madera, llamada jonajché en maya, que aguanta los largueros o uinkichés
“Antes se amarraba todo con bejuco. Ahora si lo piden utilizamos tornillo o clavo, que luego tapamos con bejuco o con el hilo de seda o pabilo”, comenta el artesano.
El pabilo, que antiguamente era de algodón, ahora se hace de una mezcla de fibras naturales y sintéticas que lo hace más fuerte y aguantador en la intemperie.

Hermanos fallecidos

A Pedro Chi le gusta hablar sobre su trabajo, pero se entristece un poco cuando recuerda que un 24 de mayo murió de un paro cardíaco su hermano menor Manuel, quien tenía 43 años.
Epifanio, su otro hermano, tenía 17 años, “ahorita tendría 32”, cuando le cayó un rayo que lo mató.
–Ya había bajado el huano, se bajó y estaba haciendo los tercios de a 50 hojas; acababa de dejar de llover.
–Estaba en un terreno de mi papá, y otros trabajadores oyeron que el rayo cayó cerca y sonó feo. “Creo que a Chacho le cayó el rayo”, dijo uno. “No lo creo”, contestó otro. Cuando lo fueron a ver lo encontraron tirado muerto.
Chi Cruz afirma que su papá, quien tiene 75 años de edad, “todavía hace contratos aquí en el pueblo para armar caballetes o repararlos”. Como es la más alta y que recibe el sol, el viento y la lluvia con más fuerza, esa parte de las casas de huano o paja requiere renovaciones periódicas.
–Así como parece de viejito, a las 3 de la madrugada lo puede usted ver caminando, yendo a su ranchito –asegura.

75 años y sube…

Entrevistado en su casa, unas cuadras más al norte del domicilio de su hijo, don Felipe Chi Matos confirma que a pesar de sus 75 años todavía se sube a las elevadas matas de huano a cortar las palmas, y lo hace con ayuda sólo de una cuerda que amarra al árbol y pasa detrás de su espalda.
–A mi hijo no le gusta subir así, prefiere usar escalera, por eso deja mucho huano (sin cortar) –dice sonriente.
–¿Y hasta qué altura sube, don Felipe?
–Como de ese poste –responde señalando uno de cemento del alumbrado público.
Preguntado sobre la fórmula para conservar su agilidad, don Felipe afirma que a diario camina dos leguas y media, es decir, diez kilómetros.
–El doctor que nos atiende en el Seguro dice que a más edad debe haber menos enfermedad si hace uno ejercicio, pero moderado –subraya.
(Gínder Peraza Kumán)



 
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