Entre luces y sombras



“La sombra no existe; lo que tu llamas
sombra es la luz que no ves”.
Henri Barbusse.

Ana María Ancona Teigell

La vida está hecha de “luces” y “sombras”, las “luces” aparecen en escena cuando todo nos va bien, cuando tenemos buenos ingresos que nos permiten llevar una vida desahogada, cuando tenemos éxito y somos reconocidos y los reflectores alumbran nuestro “ego”. Nuestra existencia se llena de “luces” cuando tenemos un techo donde dormir, comida en casa para todos, cuando podemos viajar, cuando tenemos un coche que nos lleva a todas partes, cuando hay salud, cuando nos hacemos mayores y tenemos hijos maravillosos que nos miman y consienten, que nos hacen sentir que no estamos solos, que nos apoyan para que no tengamos carencias, que nos procuran y nos hacen saber que nuestra vejez va a ser bella y placentera.

¡Las luces! ¡Brillan!

¿Para quién?... Los grandes sabios y filósofos dicen que hay que buscar la luz y la alegría en lo mucho o lo poco que tenemos, en la salud y en la enfermedad, en la compañía y en la soledad. En todo está la luz, porque la luz es Dios y ese Dios que tanto nos ama nos debe bastar para llenar nuestros días de “luces” y esperanzas.
Yo creo fielmente en esto, pero cuando la vida te rodea de “sombras” sabes que hay un Dios que está contigo, pero las “sombras” aparecen y las tienes que afrontar te gusten o no y pueden pasar semanas y meses y ahí están. Así como disfrutas y agradeces los días llenos de “luces” en los que tus hijos te invitan un fin de semana a la playa, cuando te reúnes a jugar cartas con tus amigas y a pesar de los años puedes valerte por ti misma e ir a donde quieras.

Yo le preguntaría a esa madre (que como ella deben de haber miles), que hoy se me acercó terminando la misa y al saludarla le dije: ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? Ella me respondió llorando: “necesito un abrazo” porque hoy la “soledad” me está apretando, ¿Me puedes abrazar? Nos fundimos en un gran abrazo y la sostuve en mis brazos hasta que se calmó. Me dijo: “no entiendo que está pasando, mis hijos son buenos, atentos, pero casi no me llaman para saber cómo estoy, no me invitan a comer un día entre semana, que difíciles son los sábados y domingos cuando la mayoría de tus amigas están casadas y a veces no hay nadie que te acompañe a tomar un helado. Todos los días me levanto y tengo que pensar a quién voy a ir a ver o visitar, que voy a hacer para llenar mi día y eso es ¡tan triste! Porque las “sombras” no sé si aparecen a cierta edad y solo cuando nos vamos haciendo viejos las percibimos o también hay “sombras” en la vida de los jóvenes, pero eso sí, nunca te dejan sola y te siguen donde quiera que vas”.

“La mejor medicina para el alma, es la dulzura de otro ser humano”.

Insistiré una y otra vez en este tema porque todas las mujeres ¡hasta las del Norte! Sufren de “Soledad” y no hay espacios de recreación y aprendizaje donde ellas puedan ir a pasar un día y una tarde agradables, hacer nuevas amigas, sean pobres, humildes o ricas, eso es lo que menos les importa. No hay un lugar donde puedan aprender un arte, el que sea, que tenga una cafetería, un lugar de música y de lectura, y esta “sombra” que las sigue día y noche va a acabar matándolas como una enfermedad más, en eso va a acabar la “soledad”, en la nueva “Sombra Asesina” del siglo XXI.

¿Quién no quiere sentirse bien? Yo creo que todos, ¿Quién no lucha todos los días para que su vida esté llena de “luces” y de alegría? Yo creo que todos.
Las “luces” brillan para todos, eso es verdad, también hay días maravillosos donde estamos rodeadas de luz, pero hay “sombras” que nos acechan una y otra vez, que nos persiguen y que llega un día en que nos acostumbramos a vivir con ellas. Pero causan tristeza, preocupación, ansiedad, angustia, depresión y esas “sombras” aparecen dentro de nuestras “luces” porque estamos sin hacer nada, porque aunque hay personas que hacen apostolados, van a visitar enfermos, son voluntarias de la “Cruz Roja”, brindan parte de su tiempo en ayudar al prójimo, llega un momento del día en que eso se acaba. ¿Y qué hacen con sus tardes o sus mañanas libres estas mujeres de 50 años en adelante del Norte, del Sur, del Este y del Oeste? Y es ahí donde desaparecen las “luces” y las “sombras” se apoderan de sus mentes y sus almas y se van muriendo sin quererlo poco a poco.
Deberían irse a Europa donde los gobiernos si crean espacios para que las personas mayores, adultas o de la tercera edad tengan sus lugares de distracción, aprendan cosas nuevas y sepan que hay espacios dedicados exclusivamente a ellos porque deprimidos le cuestan mucho al gobierno, prefieren tenerlos productivos , sanos y activos.
Aquí en México, donde la gente mayor cada vez va más en aumento, donde estamos llegando a ser más viejos que jóvenes, no hay espacios suficientes para todos ellos. Están desocupados, distraídos y deprimidos, las “luces” son escasas y las “sombras” van en aumento y solo tienen una solución, ver televisión, tomar ansiolíticos y sentarse a esperar la muerte. Nuestras personas mayores están desesperanzadas, sin ilusiones, sin sueños ni proyectos ¿Dónde están las “luces” para ellos?

La gente pudiente tendrá también sus días de “sombras” pero sus días de “luces” alumbran más que la de los pobres. Es verdad que el dinero no lo es todo en la vida, porque puedes ser el más rico del planeta y no poder salvar la vida de un hijo o una esposa con una enfermedad terminal, pero: “Cómo ayuda tenerlo”.
Tienen casas en la playa, yates, servicio, marineros, cada hijo tiene su cuarto o su bungaló con sus nanas, mozos, choferes, guardaespaldas. Cuando todo está listo salen se suben a sus embarcaciones y si eres invitada y te ven pensativa porque algo te preocupa y osas contar lo que te pasa te responden: Disfruta la vida, no pasa nada, mira esta belleza, la vida está llena de colores y de “luces” que brillan como el sol”. Sonríes y piensas: “¡claro!, para ellos no es problema tener una hija enferma y no poder pagar la renta porque hay que comprar sus medicinas que cuestan más que la renta de una casa o no poder pagar las medicinas porque si no pagas la renta te desalojan y no tienes a donde ir.

Las “luces” brillan cuando viene al mundo un nuevo ser que es la alegría de sus padres y familia y va creciendo con los años y todos disfrutan sus éxitos y proyectos. Y, todo eso se “ensombrece” cuando por errores médicos una madre joven muere junto con su hija y deja en la orfandad a un esposo, hermanos, amigas, llenos de dolor y ausencia por todo aquello que no podrán vivir y disfrutar junto a ellas.

Y así es la vida, llena de “luces” y de “sombras”, hay ocasiones en que las “luces” brillan más, pero también hay ocasiones en que las “sombras” oscurecen más el horizonte de la vida.

¡Luces y sombras!, ¡Sombras y luces!

Para no desanimarnos, vamos a recordar a Cristina Cardoso de Armenta que en su libro “Alas de Fuego” nos dice muy acertadamente: “La vida es un continuo camino entre “luces” y “sombras”, “luces” que nos dan alegrías, “sombras” que nos inundan de dolor y tristeza, provocando nuestro despertar, en un mundo que se viste de gris, y en el cual, a veces, la gama de matices se encuentra entre el blanco y el negro, impidiendo el paso a esa paleta de colores tan extensa, que nosotros, que somos pintores de nuestro mañana, no somos capaces de ver porque en el libro de nuestra vida, por momentos, aparecen borrascas y tormentas, que nos impiden caminar por ese mundo de luz y color que nos llena el corazón de alegría y felicidad.
Despejar las “sombras” y encontrar las “luces” es lo que debemos procurar, para no caer en el vacío de la “tristeza” y la “soledad”, sólo así conseguiremos desplegar esas “alas de fuego” que nos harán pintar cada día con un bello color ese cuadro perfecto, que nos impulsará a volar por un sendero repleto de matices, de sonrisas y de pasión”.



 
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