La huaya, fruta humilde y pequeña, pero deliciosa




Abunda, es barata y tiene propiedades curativas
Fruta humilde y pequeña, que casi siempre preocupa a los padres cuando la comen los niños debido al riesgo de asfixia, la huaya es, sin embargo, por su sabor delicioso, una de las más populares que se come en Yucatán sola o con sal y chile, y si se congela antes, mejor.
Abunda tanto y es tan barata que una bolsa de 10 pesos trae hasta 50 o más. La gente no la come como alimento, ni siquiera como remedio contra algún mal, sino por gusto, y seguramente también por el brillante y traslúcido color entre anaranjado y rosado de su dulce pulpa, que por cierto, tiene propiedades valiosas, pues como señala el doctor José E. Baqueiro Cárdenas, director de los programas nutricionales de los Servicios de Salud de Yucatán:
--La huaya tiene un 85% de agua, es alta en carbohidratos y en vitaminas A y C. En minerales tiene potasio y algo de hierro. Básicamente se usa contra el estreñimiento porque hasta cierto punto es laxante, y resulta de utilidad para limpiar el estómago. Su contenido de carotenos precursores de vitamina A, ayuda a la turgencia de la piel. Su sabor es delicioso, es diurética y ayuda en problemas circulatorios. Hay 3 variedades yucateca, americana y cubana.
Por su parte, el autor del libro "Frutoterapia. El poder curativo de 105 frutos que dan la vida", Albert Ronald Morales, usa el nombre de "Mamoncillo" (Melicocca bijuga) para la huaya y señala que en el río Orinoco los indios tuestan la semilla y la usan para reemplazar al cazabe o yuca brava. Dice también que el mamoncillo es la fruta de la vejiga, pues ayuda a desinflamarla y evita obstrucciones. "Es astringente, tonifica los músculos de los esfínteres, equilibra el funcionamiento del riñón. Es diurética y ayuda a combatir diarreas, especialmente en los niños". Sin embargo, advierte del riesgo de ahogamiento en los niños al consumirla.

Un agricultor

Acompañados del ingeniero con maestría en horticultura tropical Jimmy Valencia Arana, técnico de la Fundación Produce, visitamos a don Hilario Ortiz Chávez, agricultor y comerciante poblano avecindado en Hunucmá, quien en un terreno de tres hectáreas tiene varias matas de huaya india, americana y cubana.
Hilario informa que normalmente una mata le da hasta 8 ó 10 cajas de 10 a 12 kilos de huaya, cuyos precios, si se adelantó en madurar y todavía no hay en el mercado, llegan a 150 ó 200 pesos por caja, pero si ya está saturado el mercado, bajan a sólo 30 ó 40 pesos por caja.
Dice también que cuando la huaya madura no lo hace como otros frutales, por ejemplo, el mamey o la guanábana, en los que van madurando unos frutos mientras otros se quedan atrás, sino por completo. Es decir, que tiene una maduración uniforme. Por eso mismo cuando madura hay que bajarla toda. Esto se hace también porque estando ya madura, si llueve se mancha y pierde vista de venta.
Agrega que el principal enemigo de la huaya es la ardilla, y que en Hunucmá hay niños de 3 ó 4 años que ya comen huaya y lo hacen bien, lo que resulta curioso, ya que hay otros lugares de Yucatán donde por el riesgo de que se les atore en la garganta y les produzca asfixia, no se deja que la coman los niños menores de 7 años.
La huaya echa sus flores por el inicio de la primavera, es polinizada por abejas, avispas y otros insectos pequeños, y en 2 meses y medio sus frutos están listos para la cosecha. Como es un árbol silvestre, que crece solo, no se le pone riego, pero en las épocas de mucho calor Hilario le da una ayudadita para que cuelgue el fruto y no lo tire.
A diferencia de la huaya india, que tiene la cáscara muy delgada y es muy dulce, la variedad de huaya americana tiene la cáscara más gruesa y es menos dulce, pero proporciona más ganancia, porque hay que dejarle hojas que aumentan el volumen en la caja. Si no se le dejan, se seca con mayor rapidez. Es por eso que las cajas de huaya americana se distinguen por la cantidad de hojas que sobresalen entre los frutos, a diferencia de la huaya india, cuyos racimos generalmente se cortan sin hojas porque su tiempo de duración no las requiere.
Una de las ventajas que tiene Hilario como agricultor es que, como se apuntó arriba, también es comerciante, de modo que no necesita llevar a rematar su producto, sino lo vende en una bodega propiedad de su familia que se encuentra en la Central de Abastos, y también en otros locales de su propiedad en el mercado grande de Mérida.
Entre las huayas, ciruelas y 50 árboles de nim que pueblan su terreno, don Hilario cuenta también con un "árbol de huaya macho", que da flores machos y al que le han puesto hormonas, agua y alimento y ni así da fruto. En 10 años nunca ha dado, porque tira todas las flores. El ingeniero Jimmy señala al respecto que tal cosa ocurre porque las flores de este árbol no tienen su parte femenina, pero son útiles para la polinización de las otras huayas.
Hilario es un conservacionista, por eso se opone a que sus empleados maten a las culebras que aparecen en el terreno.
--Si las matan no hacen nada más que una maldad -explica-, porque hay muchas más que vienen de otros lugares y tienen libre paso por aquí.
Dice que también vive en su terreno un oso hormiguero al que nadie toca.
Así como es conservacionista es ambientalista, por eso sembró los árboles de nim para aprovechar una de las sustancias naturales que se encuentra en sus hojas, la azaderictina, que es repelente a los insectos y sirve para combatir las plagas de las hortalizas que siembra. Se prepara como un té y se rocía sobre las plantas con una bomba. De tal modo no contamina el tomate, el melón y la sandía, ni la tierra.
Evitar el uso de insecticidas le resulta importante, porque también se dedica a la apicultura y necesita cuidar las colmenas de abejas europeas y meliponas que tiene.
(Agradecemos al presidente de la Fundación Produce, Pedro Cabrera Quijano, su apoyo para la cobertura de ésta y otras notas de la serie sobre las frutas).

(Roberto López Méndez)



 
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