Doña Carmen Beatriz necesita trabajo para salir adelante


Después de la dramática muerte de su esposo e hijo

El miércoles 29 de febrero, la sociedad se conmovió al conocer la noticia de la tragedia vivida por una familia en el muelle de Chicxulub, donde se ahogaron dos personas: un joven de 17 años y su padre; otra persona, el hijo mayor, quedó grave y tuvo que ser hospitalizado en terapia intensiva.
POR ESTO! visitó en su domicilio a doña Carmen Beatriz Lara Valle, madre del joven de 17 años que falleció, de nombre Randy Samir Carrillo Lara, y esposa de don Daniel Aguilar Quijano, de 54 años, quien al ver que sus hijos se ahogaban se lanzó al agua para salvarlos y murió también.
Doña Carmen Beatriz agradeció la visita y una despensa que le envió esta casa editorial poco después de lo ocurrido; confesó que al momento lo que más necesita es un empleo para sostenerse y sostener a su hija de 15 años, y se manifestó disgustada contra otros medios que difundieron mentiras sobre el caso. Dijo que en algunas noticias se dijo que su esposo estaba tomado, pero no fue cierto, porque él, don Daniel, sólo tomaba en las fiestas, y tampoco sus hijos estaban tomados: Randy, porque era apenas un niño, y Gerardo Daniel Aguilar Lara, de 27 años, tampoco, porque apenas a la una de la tarde habían llegado a la playa y mientras esperaban el pescado frito que habían encargado decidieron caminar hacia el muelle para conocerlo.
Dijo que al ir de regreso, Randy descendió por unas escaleras que están a la mitad del muelle y se sentó al nivel del mar para jugar el agua con sus pies, pero el mar estaba muy picado, vino una ola grande y lo levantó, llevándolo hacia mar abierto. Al darse cuenta su hermano Gerardo Daniel Aguilar Lara, quien sí sabe nadar, se arrojó de inmediato al mar para ayudarlo, pero como las olas estaban demasiado grandes y agitadas, no pudo acercarse a él y empezó también a luchar contra el mar. Su padre, que observaba desde el muelle, no quiso esperar más y, aún sabiendo que no sabía nadar, se quitó el pantalón, el reloj y el celular y rápidamente se arrojó al mar, pero como igual que su hijo menor no sabía nadar y estaba muy hondo, las olas picadas lo empezaron a alejar del lugar.
Mientras todo eso ocurría doña Carmen Beatriz gritaba por ayuda y se revolcaba de dolor (así lo dijo), pero en el muelle no había nadie más que ellos. Donde sí había gente era en la playa, pero estaba tan lejos que apenas la escuchaban y nadie se movía. Por su parte, su hija Daniela Beatriz Aguilar Lara, de 15 años, viendo todo lo que ocurría y sintiéndose impotente para brindar ayuda, se desmayó en el muelle. En eso estaban cuando un joven desconocido llegó junto a ellas y se lanzó al mar para intentar ayudar a su esposo, pero no lograba hacerlo precisamente por lo agitado del mar. Entonces alguien le gritó al recién llegado que saliera, pues de otro modo se iba a ahogar, y en ese momento doña Carmen Beatriz tuvo que ver cómo el joven abandonaba a su esposo a su propia suerte y se acercaba para subir al muelle. Luego se fue caminando, como si nada, y sin voltear a ver.
Doña Carmen es una mujer muy fuerte, por eso, al ver que el cuerpo de su esposo, flotando boca abajo se alejaba del muelle, le dijo a su hija:
—Ya está muerto tu papá.
En la confusión que siguió, una lancha fue por los cuerpos y rescataron a su hijo Gerardo Daniel inconsciente.
A ella y a su hija, como estaban en “shock”, las llevaron en una ambulancia al Seguro Social de Progreso, donde el médico quiso inyectarle a la muchacha un sedante y doña Carmen se opuso; entonces, como para castigarla, el médico le dijo:
—Y también la vamos a inyectar a usted.
Como se resistió, la dejaron abandonada, con su hija en una silla de ruedas, a las puertas del Seguro Social, y la señora se encontró sin dinero, sin ayuda y sin atención alguna.
—Sólo la enfermera se portó muy bien, me acariciaba mi pelo y me decía palabras para aconsejarme, para darme calma –recuerda doña Carmen agradecida. Y dice también:
—Deberían seleccionar bien a los médicos, porque ése se portó muy mal en un momento en que debió ser más comprensivo por lo que estábamos sufriendo.
Doña Carmen cuenta que tenía un teléfono celular y ya había dado a conocer lo ocurrido a un familiar de Mérida, por lo que mandaron a uno de sus sobrinos en una pequeña motocicleta hasta el puerto para auxiliarla, y finalmente, como a las dos horas, alguien la rescató de las puertas del Seguro Social junto con su hija y regresaron a Chicxulub, donde las autoridades, al parecer municipales, no les permitían acercarse a los cuerpos de los dos familiares fallecidos, supuestamente porque primero tenían que levantar actas y esperar la llegada del Semefo.
En este punto del relato, la señora se queja de que tuvieron los cuerpos de su hijo y su esposo en la playa, bajo el sol, durante 5 horas, lo que motivo que empezaran a descomponerse, y al llegar por la noche a la funeraria, como ellas querían velarlos, les dijeron que solamente se podía hacer si aceptaban que los embalsamaran para hacer el sepelio al día siguiente. Sólo que eso, naturalmente, costó alrededor de 5 mil pesos más.
El entierro de ambos costó en total 12 mil pesos, de los que todavía debe 6 mil, y ahora no cuenta con los ingresos de su esposo, sólo va a contar con la pensión, pero los trámites van a llevarse otro mes, y ni siquiera le han pagado los 3 mil pesos que dio el Seguro Social para el funeral del señor, por la razón de que no han depositado el dinero que debe respaldar al cheque.

Se entera el hijo que se salvó
Gerardo Daniel, explica doña Carmen Beatriz, fue internado en terapia intensiva durante una semana, estaba en coma, y cuando despertó me mandó a decir que no me preocupara, que iba a quedar bien. Cuando lo iban a ver y preguntaba por su hermano y su padre, para que no se fuera a empeorar, le decían que también estaban internados.
Finalmente, con esa fuerza de decidirse a afrontar las cosas que tiene, doña Carmen fue a verlo y cuando le preguntó por su hermano, le dijo:
—Gerardo, tú sabes que nunca te hemos mentido: Tu hermano Randy…
—¿Murió? –preguntó.
—Sí –le dijo ella-, y no sabes lo peor…
—¿Cómo, mi papá?
—Sí, hijo, también murió.
Gerardo se aporreó la cabeza para atrás, en la almohada, y le salieron lágrimas en los ojos.
Fue terrible, confiesa doña Carmen, pero había que decírselo. Él se repuso y ahora es el que me ayuda, pero es casado, tiene gastos, y la niña, mi hija, quiere estudiar; por eso, yo sé que ya las cosas no van a ser iguales, que la falta de mi esposo nos va a generar muchas necesidades, porque él, con su trabajo en un camión de pasaje del circuito metropolitano, resolvía todo lo económico, aún con las limitaciones que usted ve. Pero tengo 51 años, puedo trabajar, sólo que a una mujer de mi edad nadie le da trabajo. Yo soy modista, cocinera, enfermera auxiliar (porque he cuidado a un viejito), aprendo rápido cualquier oficio; ojalá alguien nos ayude dándome un trabajo para poder sacar adelante a mi hija y poder sostenerme yo. Ella va a salir de la secundaria y quiere estudiar en el Conalep Alimentos y Bebidas, ya pagué su examen, pero después viene la inscripción, y los problemas para pagarla...

Un padre responsable y famoso

Finalmente, doña Carmen Beatriz recuerda que su padre fue un hombre muy responsable y hasta famoso. Se llamaba Jerónimo Lara Lizama, le decían “Blas”, y aunque le faltaba una pierna subía a su bicicleta para repartir periódico, con lo que sacó adelante a todos sus hijos. Un día hasta le hicieron un reportaje porque a pesar de su discapacidad supo mantener a sus 4 hijos e hijas y a su esposa.
—Con ese ejemplo, no me puedo poner sólo a llorar. Yo soy muy fuerte, no me gusta que me vean llorar. Siento la angustia por dentro, pero por fuera no se me ve. En los primeros días después del accidente, por miedo a todo, mi hija y yo dormíamos abrazadas en la misma hamaca. Hoy sin embargo, ahorita que están ustedes y me llamaron por teléfono, acabo de recibir una gran noticia. ¿Cómo son las cosas? Dios me quita a mis seres queridos, pero me da otro: Acaba de nacer la hija de mi hijo, el que se salvó. Es una mañana milagrosa. Pero me duele que no la vaya a conocer mi esposo, que estaba tan feliz y esperó tanto la llegada de su nieta…
Doña Carmen Beatriz nos comentó que Randy, su hijo fallecido, le fue entregado por una hermana que murió y lo creció como hijo desde los 5 años de edad, por eso tiene otros apellidos.
(Roberto López Méndez)



 
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