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Hipótesis y realidad



Alfredo García
En torno a la noticia
Hipótesis y realidad
Las contradicciones de la ultraderecha bipartidista norteamericana con la política de la Casa Blanca y su impacto en la situación política interna venezolana fueron reveladas en un reciente artículo del economista norteamericano, Mark Weisbrot, destacado columnista del The New York Times y The Guardian.
Tras recordar el comunicado emitido por UNASUR, donde “rechaza la iniciativa legislativa que persigue imponer sanciones unilaterales a funcionarios del Estado venezolano, lo cual vulnera el principio de no intervención en los asuntos de otros Estados, afecta negativamente el diálogo y es un obstáculo para que el pueblo venezolano pueda superar sus dificultades con independencia, en paz y democracia”, Weisbrot pone el dedo en la llaga: “La fractura entre la gestión de Obama y varios dinosaurios en el Congreso, reflejó la fractura dentro de la oposición en Venezuela. En su testimonio ante el Senado, la más alta funcionaria del Departamento de Estado para el hemisferio, Roberta Jacobson, se opuso a las sanciones sosteniendo que sus aliados en Venezuela no las suscriben. Por el contrario, senadores como Menéndez y Marco Rubio simpatizaron más con quienes en la oposición venezolana boicotean el diálogo y buscan el derrocamiento del Gobierno”.
En términos operativos, significa que esa puja entre la ultraderecha y el gobierno norteamericano tiene su reflejo en Venezuela en la competencia dentro de la Fundación Nacional para la Democracia, NED, por sus siglas en inglés, entre el Instituto Republicano Internacional, IRI, controlado por el Partido Republicano y el Instituto Nacional Democrático de Asuntos Internacionales, INDAI, bajo la dirección del Partido Demócrata, para influir en los principales partidos de la oposición. El radical partido Primero Justicia, PJ, es aliado del IRI, mientras que los moderados UNT, AD y COPEI, son aliados de INDAI.
Según expertos venezolanos “radical” y “moderado”, son corrientes tácticas dentro de la oposición que comparten una estrategia común: derrocar al gobierno revolucionario bolivariano para restaurar el sistema económico neoliberal en Venezuela. Mientras la corriente “radical” en torno al PT, quema las naves en la alternativa violenta alentando un supuesto golpe de Estado, la corriente “moderada” no se deslinda de la violencia, mientras privilegia la alternativa democrática con la esperanza puesta en el desgaste político del gobierno revolucionario, que los conduzca a la victoria electoral de las parlamentarias de 2015 y un probable referendo revocatorio en 2016.
A principios de la década de los 80 del pasado siglo, el gobierno revolucionario sandinista dirigió todos sus recursos militares y de propaganda a enfrentar una hipotética invasión norteamericana, mientras la real “invasión” la consumaba la Casa Blanca a través del ejército irregular de la “contra” desde territorio hondureño, financiados, organizados y entrenados por la CIA. Finalmente el desgaste político llevó al sandinismo a la derrota electoral.
En Venezuela las medidas preventivas y represivas para enfrentar la violencia y el hipotético golpe de Estado, están minando la confianza en la revolución democrática. La amenaza del verdadero golpe de Estado vía electoral, se gesta en la crisis económica, parte inducida por el sabotaje de la oposición y parte por errores en la aplicación del modelo económico revolucionario. Crisis que está provocando un creciente descontento popular, amenazando a la mayoría electoral del chavismo.



 
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