Ignacio Coronel Villareal, alias “Nacho coronel”, también conocido como el “Rey del Hielo”, era uno de los principales lugartenientes de Joaquín Guzmán Loera alias “El Chapo Guzmán” y desde el 2004 con la fractura de la llamada “Federación” de barones de la droga en México, expandió sus territorios hasta la “Península de Yucatán”, incluyendo las ciudades de Cancún y Mérida.
Ignacio Coronel Villarreal (a) "Nacho Coronel", fue brazo financiero del cártel de Sinaloa y hombre de mayor confianza de Ismael (a) " El Mayo" Zambada García, hasta el 2004.
Hasta antes de ese año, Coronel Villarreal, era uno de los lugartenientes más inteligentes de los capos del cártel de Sinaloa, y del 1999 hasta el 2004, se convirtió en la cabeza visible de la célula de esa organización criminal que operaba desde Cancún, Playa del Carmen, Felipe Carrillo Puerto, Cozumel y Chetumal.
Se trataba de la ruta de la Península de Yucatán, donde también se incluía a la ciudad de Mérida. La operación era el trasiego de cargamentos procedentes de Sudamérica, en específico de Colombia. En aquellos años, Ignacio "Nacho" Coronel contaba con la protección de elementos de la PFP, AFI, y de algunos elementos de la Policía Judicial del Estado.
De acuerdo a la información obtenida por los diarios POR ESTO!, en aquellas fechas el centro de operaciones de Ignacio Coronel se ubicaba en Chetumal. Sus tentáculos dentro de los cuerpos policiacos eran muy grandes.
El mayor ejemplo de esto se dio el 12 de mayo del 2006, cuando en la capital del estado se detuvo a once elementos de la Armada de México que trabajan a su servicio para vigilar y cuidar la llegada de cargamentos de cocaína a las costas de Majahual y Punta Herrero, procedentes de Colombia.
En ese momento, se descubrió que la célula del cártel de Sinaloa trabajó por más de seis meses con los elementos de la Armada, hasta que fueron descubiertos detenidos y procesados en la ciudad de México.
Ese caso se llevó a cabo a principios del año en curso en el poblado de Río Indio en la reserva de la Biosfera de Sian Ka´an, en donde un pelotón de la Armada de México había sido "comprado" por este importante capo del narcotráfico en México, para trasladar los cargamentos de cocaína que integrantes del cártel de Sinaloa recepcionaban desde Majahual hasta Punta Herrero.
La operación para desarrollar estas operaciones del narcotráfico se realizaban a través de la célula que dirigía "Nacho" Coronel, y que operaba Bladimir Gómez Zamudio con algunos sicarios que radicaban en la ciudad de Chetumal, mismos que se apalabraron con este grupo de infantes de marina para permitirles en las inmediaciones del poblado de Río Indio, Uvero y Mosquito, la recepción de las lanchas "Eduardoño" procedentes de Colombia.
Los vínculos de esa célula criminal se tejieron en la Península de Yucatán a través de "Nacho" Coronel y de Ismael (a) "El Mayo" Zambada García y operaban en la mayor parte de las ciudades del Sureste.
Incluso en aquellos años se hablaba de la ruta de la Península de Yucatán para el tráfico de drogas, había sido establecido por la gente de “Nacho” Coronel en asociación con el cártel colombiano del Valle del Norte con el importante encabezado por el capo internacional Gustavo Eugenio Echeverri.
En esa ruta Quintana Roo era una pieza clave en el engranaje de la operación. Las costas de este estado se convirtieron en parte fundamental en la llegada de cargamentos y en la actualidad representan parte de los motivos para que grupos delictivos se disputen la plaza.
Nacho Coronel.
Nacho Coronel fue identificado como el operador financiero de la hoy desaparecida Federación, aquella organización donde confluyeron hasta hace unos años los principales capos sinaloenses encabezados por Juan José Esparragoza Moreno, los hermanos Vicente y Rodolfo Carrillo Fuentes, Ismael El Mayo Zambada, Joaquín “El Chapo Guzmán” así como Arturo y Alfredo Beltrán Leyva.
En esta posición consolidó a partir de 2002 las importaciones de precursores químicos del extranjero y se hizo con el control de las actividades de la Federación en el occidente del país.
Al año siguiente los estadounidenses detectaron el traslado desde Texas, Oklahoma y Kansas hacia Michoacán y Jalisco de unos "super laboratorios" clandestinos, para incrementar la producción y tener el control de ventas y precios de las anfetaminas y metanfetaminas, así como mantener estable el desarrollo de las redes de distribución en los Estados Unidos lo que lo convirtió en el principal proveedor.
En 2004 ante la incipiente fractura en la Federación, debido a la ejecución de Rodolfo Carrillo Fuentes, los reportes aseguran que se quedó con el control de las operaciones en las antiguas rutas del cártel de Juárez para trasiego y ocupó las casas de seguridad para resguardo.
Más allá de la parodia monterrosiana, la PGR se vio obligada a exhibir la misma película de hace exactamente seis años, acicateada por la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (la DEA, que en la última letra ostenta su misión principal: “Administration”; no guerra, no ataque ni eliminación, sólo administración del tráfico de drogas), que le exigió arrestar y extraditar al coordinador técnico de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), Miguel Colorado González, porque tenía años de estar al servicio de los hermanos Beltrán Leyva.
La DEA delató también al ex militar Fernando Rivera Hernández, quien era director adjunto de Inteligencia de la SIEDO. Ambos vendían información privilegiada a los narcos desde hacía cuatro años, según la imputación oficial. Pero lo real es que hacía 11 años la red contaba con los servicios de Colorado González, casado con Diana Alicia Luque Luna, hermana del general Carlos Fernando Luque. Este último fue jefe de Inteligencia Militar en la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y nombrado director del Cendro (Centro de Planeación para el Control de Drogas) de la PGR cuando era procurador el general Rafael Macedo de la Concha. Hoy es jefe de Estado Mayor de la Séptima Región Militar en Oaxaca.
Los infiltrados en Sedena, PGR y Secretaría de Seguridad Pública (SSP) reportaban a una estructura bajo el mando del ex agente de la Dirección Federal de Seguridad, Francisco Tornez Castro. Desde el cártel de Sinaloa, que luego se dividió, los operadores eran Arturo Hernández González, el Chaki, y Javier Torres Félix, el JT, lugartenientes del “Chapo Guzmán” y el “Mayo Zambada”.
Hoy, casi todos los “infiltrados” salieron de prisión. Y, según la antigüedad de las filtraciones en la SIEDO, el servicio al narcotráfico desde el maridaje en las instituciones que en teoría deberían perseguirlo, ha sido ininterrumpido, puntual, eficiente y bien pagado.