| Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá |
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| lunes, 10 de marzo de 2008 | |
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* Dijo Jesús y agregó, el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre Por Luis Enrique Cauich KANTUNILKIN, LAZARO CARDENAS, 9 de marzo.- En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: -«Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: -«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”, dijo ayer el presbítero Pablo López al dar lectura al Santo Evangelio según San Juan. El cura procedió con la lectura ante decenas de feligreses diciendo: »Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: -«Vamos otra vez a Judea.» Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús; " -«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: -«Tu hermano resucitará.» Marta respondió: -«Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dice: -«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: -«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenga que venir al mundo.» Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó: -¿Dónde lo habéis enterrado?» Le contestaron: -«Señor, ven a verlo.» Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: -«¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: -Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: -«Quitad la losa.» Marta, la hermana del muerto, le dice: -«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.» Jesús le dice: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: -Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: -Lázaro, ven afuera.» El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: -«Desatadlo y dejadlo andar.» Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Al terminar la lectura, el presbítero Pablo López externó que este domingo era un domingo de amor, de alegría de generosidad y sin cabidas para odios, venganzas, vicios, ni prostituciones. Añadió que la Cuaresma es el periodo en el que nos preparamos para el sacrificio, para olvidar por un instante los deseos de vivir con lujos y nos damos a la tarea de ayudar a nuestros semejantes, contemplando en su máximo esplendor el amor de Jesús hacia nosotros al morir en la cruz para salvarnos del pecado. Replicó que cada Viernes Santo acudimos con todo fervor a venerar a Cristo Jesús en su lecho de muerte, pero aseveró que no todo termina ahí, porque viene la resurrección y subió a la diestra de Dios Padre, pero a muchos se les olvida y lo convierten en festejos terrenales, olvidándose de cultivar la amistad con él para la certeza de un mundo futuro. |
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