
* Cansadas de promesas, reiteran que Greg Sánchez “les prometió un hogar digno” * Pero tal parece que se le olvidó * Unos se van, y llegan otros al lugar * Peligros y molestias abundan, mas nunca deben abandonar el lote ocupado
Por Yolanda Gutiérrez
De un momento a otro puede generarse un conflicto en los terrenos invadidos sobre la avenida Talleres a la altura de la Región 103, donde el pasado domingo en la tarde las familias de paracaidistas fueron invitadas a desalojar y más tardaron en salirse que en volverse a meter otra vez. Es válido aplicar el refrán “a río revuelto ganancia de pescadores”, en virtud de que aprovechando la marcha de muchos invasores, otros nuevos llegaron a tomar posesión de los precarios sombrajos bajo los que se guarecen y en los que, según ellos, hombres, mujeres y niños pernoctan prácticamente a la intemperie.
Se tuvo conocimiento del desalojo del domingo no por los invasores, que en ningún momento revelaron el hecho, sino por los propios vecinos que fueron testigos del momento en que se montó un discreto operativo del que solamente tuvieron conocimiento quienes viven más cerca de la zona invadida.
Los mismos vecinos comentaron que el lunes en la mañana ya habían retornado algunas de las familias de invasores, a los que se sumaron otras gentes nuevas que de inmediato ocuparon palapas y sombrajos desocupados.
De hecho, al intentar conversar con algunas de las personas que se instalaron en primera línea, la respuesta siempre era la misma: “no sabemos, somos nuevos, recién llegamos ayer”, era la frase que se escuchaba de manera más recurrente.
Lo único que se sacó en limpio entre comentario y comentario fue el hecho de que algunos invasores revelaron que “muchos se fueron el domingo porque tenían miedo, pero conforme se marchan unos, llegan otros”, aunque sin admitir en ningún momento que si muchos se marcharon, fue precisamente a causa del desalojo.
Caminando hacia el fondo, un grupo de mujeres aseguró encontrarse en pie de lucha para obtener un patrimonio que heredarle a sus hijos y la consigna es no moverse, no dejar su lote abandonado.
“Si nuestros maridos están aquí en la invasión, no trabajan y por lo tanto no hay dinero, pero si salen a trabajar, entonces llegan otros y apañan el terreno; por este motivo no bajamos la guardia y siempre hay alguien aquí, para evitar que esto suceda”, dijeron.
Amelia Mendoza es una de tantas mujeres que sufre y padece los efectos de la vida a la intemperie, en un lugar repleto de chechén que ya han ocasionado lesiones y escoriaciones en la piel tanto a hombres, mujeres y niños; como prueba, mostró su espalda, desollada por los efectos nocivos de este árbol y aseguró que otras personas están mucho peor que ella.
Son conscientes del riesgo que corren sus pequeños ante la proliferación de cenotes y profundos huecos que minan el suelo y para evitar un accidente, cubrieron algunos de los más grandes con palos, pero aún así, el peligro está latente.
“Todavía no sabemos qué va a pasar con nosotros, las autoridades no quieren ayudarnos, el alcalde parece que se olvidó de nosotros, pero bien que vino a buscar nuestro voto, tanto él como el resto de los candidatos prometieron y prometieron, Greg nos aseguró que iba a dar respuesta a nuestro problema, pero ya parece haberse olvidado; nos prometió en campaña un hogar digno, pero hasta ahora no hemos visto nada en concreto y queremos hechos, ya estamos cansados de tanta promesa”.
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