|
* Donde se supone que otros que bajaron a bucear encontraron “montones de joyas encapsuladas en cristales de sal” * Eso dijeron, y por lo que pueda ser, el INAH decidió mandar a alguien a comprobar lo que haya * Antes de que vengan a averiguar los saqueadores
Por Lusio Kauil
JOSE MARIA MORELOS, 22 de abril.- Para confirmar la existencia de algún tipo de tesoro o lo que haya en las aguas profundas del cenote X ta’ak bija’, localizado en el poblado de Sacalaca, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), delegación estatal, realizará una exploración subacuática en el lugar.
En entrevista, vía telefónica, la titular de la delegación del INAH, Adriana Velásquez Morlet, dijo que la exploración se haría por conducto de la arqueóloga subacuática Carmen Rojas. Comentó que, en realidad, entre los mayas antiguos no se realizaba el sacrificio de doncellas ataviadas de joyas preciosas y luego lanzadas a los cenotes.
Los mayas sacrificaban “a filo de obsidiana” a niños, mujeres (no necesariamente doncellas) y jóvenes, en ceremonias por grupos, y cuyo principal objetivo era revitalizar la comunión con los dioses.
La semana pasada, POR ESTO! de Quintana Roo sostuvo una entrevista con Heliodoro Chi Chablé, un guía de turista nato de la comunidad de Sacalaca. Él comentó que unos buzos que exploraron recientemente las aguas profundas del cenote encontraron “montones de joyas encapsuladas en cristales de sal” (¡!). Dijo que las joyas serían de las doncellas sacrificadas por los mayas durante sus ceremonias de comunión con los dioses.
Antes de que los buzos manifestarán de la aparente existencia de joyas dentro del cenote, la gente mayor del poblado ya lo sabía, pues según se cuenta en la comunidad, en determinadas épocas del año las aguas diáfanas del cenote mostraban su riqueza.
Hay que señalar que uno de los cenotes de la Península de Yucatán, que fue saqueado el siglo pasado por un aficionado en la zona arqueológica, de origen estadunidense, fue el de Chichén Itzá. Ahí fueron hallados, aparte de restos óseos, joyas de oro que, se presume, eran de las doncellas y niños que eran sacrificados para el regocijo de sus dioses.
Buena parte se extrajo del cenote de Chichén Itzá y fue a parar al museo de Washington D.C., capital de los Estados Unidos. Solamente, después de muchos años, regresó una parte al Museo de Historia y Antropología de la ciudad de Mérida, Yucatán.
|