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Una carta a Lula 2009-11-27
Pedro Díaz Arcia
Una “buena noticia” para un esperado fin de semana es que Estados Unidos no piensa estar otros 9 años en Afganistán. Otra información, de carácter novedoso, es que el presidente estadounidense, Barack Obama, escribió a su homólogo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en la esperanza de que éste se sumara a los esfuerzos internacionales para atenuar las ambiciones nucleares de Irán, según informó ayer The New York Times.
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Lula recibió la misiva, confirmada por la Cancillería carioca, en vísperas del arribo del Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. Obama, además, solicitó al mandatario brasileño que hablara con el gobernante iraní sobre otros temas, entre ellos el respeto a los derechos humanos. También aludió a la situación en Honduras. En relación con el controvertido proceso electivo del próximo domingo, el líder demócrata escribió que respaldó las elecciones porque cree que de esa forma se podrá “comenzar de cero” y abrir paso a la solución de la crisis hondureña. Pero, “comenzar de cero” implica obviar el golpe de Estado del 28 de junio; legitimar la violación del Derecho Internacional; desconocer la cruenta y creciente represión del pueblo por parte de los militares; y la burla al respeto de los sacrosantos derechos humanos, que Estados Unidos exige se cumpla en otros países. PUNTOS CARDINALES EN EL DISCURSO DE LULA Sin seguir al pie de la letra el guión remitido por Obama, el popular dirigente brasileño en el discurso pronunciado tras la firma de convenios con Ahmadinejad, expresó que la política externa de su país está basada en “el compromiso con la democracia, el respeto a la diversidad y el repudio a “todos los actos de intolerancia o el recurso del terrorismo”. Muy bien. ¡Siempre que sea para todos y por el bien de todos! Lula apoyó el derecho de Irán a desarrollar un programa atómico con fines pacíficos, con pleno respeto a los acuerdos internacionales. OTRAS “BAJAS” EN AFGANISTÁN En relación con el dilema de Estados Unidos respecto a Afganistán: que si se van, que si se quedan; que si envían más, o menos de 30,000 nuevas tropas al terreno de operaciones; que si continúan a cargo de los pormenores de la guerra o le sueltan la piedra caliente a los “nativos”; Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca, adelantó el miércoles que no estarán allí “otros ocho o nueve años”. La lógica indicaría un prudente retiro para el año 2017, en dependencia de si la nueva estrategia de la administración demócrata logra lo que no logró en su época la Unión Soviética: dominar el país y sumarlo al mapa geopolítico de una gran potencia. Mientras Obama se debate entre un sí o un no, un acaso o un tal vez, el jefe del Estado Mayor alemán, general Wolfgang Schneiderhan, presentó su renuncia por la matanza del pasado 4 de septiembre en Afganistán. Schneiderhan, quien ocupa el más alto rango del Ejército germano, autorizó el bombardeo realizado por aviones estadounidenses en Kunduz, en el Norte del país árabe, causante de la muerte de 69 milicianos y 30 civiles. Se especula que el secretario de Estado de Defensa, Peter Wichert, también presentará su dimisión. INTRUSOS EN LA CASA BLANCA En este bagaje informativo se filtró una curiosa noticia: Un fallo del servicio secreto estadounidense permitió que una pareja no invitada accediera a una cena que el presidente Barack Obama ofreció en la Casa Blanca, en honor al primer ministro de la India, Manmohan Singhs, según informó el Washington Post. Los intrusos, que fueron descritos por el diario como aspirantes a convertirse en estrellas de programas televisivos, estuvieron en la misma sala que los Obama y el Premier hindú. Fotos publicadas en Facebook parecen mostrar a la temeraria pareja posando con el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, el alcalde de Washington, Adrian Fenty y el jefe de gabinete de la Casa Blanca, Rahm Emanuel. Es oportuno recordar que la primera ministra de la India, Indira Gandhi, fue asesinada en Nueva Delhi en 1984, hace exactamente 25 años, por miembros de su seguridad personal. En términos de protocolo y de seguridad: la pifia es imperdonable. El mundo subvive entre morbos, con el pobre consuelo de que algunos disminuyan en alcance e intensidad hasta una “voluntaria extinción”, sin saber apenas si el daño viene del cielo, del agua, del aire o de la tierra, o si se trata, simplemente, de que hay males que duran cien años, sin cuerpos que lo resistan.
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