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La presentación de quien es considerada una de las mujeres más sexys y polémicas del espectáculo de México arrastró a las multitudes y encendió las pasiones para desbordar a más de una persona durante su actuación en X´Matkuil. Según los inspectores del Ayuntamiento, ingresaron tres mil 60 personas, pero calcularon que con todo y edecanes, meseros, guardias de seguridad, policías y empleados en general, el aforo llegó a tres mil 200. —Raza de mi raza, intensa, en esta noche van a pasar cosas muy especiales y muy mágicas, porque esta es mi última vez… soltera, y eso hará de esta noche algo especial, porque vamos a hacer despedida de soltera. Así que vamos a empezar poniéndonos cómodos. Fue ahí cuando se quitó el saco rojo a rallas y sus fans, definitivamente, empezaron perdiendo la cabeza. Gloria Trevi, entonces, se convirtió en un fenómeno de masas y jamás volvió a cantar sola. Una multitud que se sabe sus canciones la acompaña en todas sus presentaciones y en el palenque de X´Matkuil no hay excepciones. Nadie asiste sin saberse la letra y ella lo sabe, porque juega, arrebata, delira, sueña, llora, se entrega a quienes no sólo la aclaman, sino que la sienten suya. Y ella entabla diálogos con sus admiradores: —Yo sé que a ti también te lastimaron, te hicieron llorar, y algunas veces con una canción para desahogarte, en esta noche mi mejor amigo eres tú y yo soy esa amiga, estoy aquí para que llores en mi hombro y yo llorar en el tuyo, ¡salud! Y empezó a cantar “El recuento de los daños”. Y el respetable no hizo más que repetirse en la letra de una canción que significa el desmadre de estar enamorado sin que la otra persona te quiera. Y ella vuelve al diálogo: —Les dije que íbamos a llorar para desahogarnos, no podemos quedarnos jodidos y amolados, dijimos que esta noche era de fiesta, despedida de soltera y me acuerdo de mi primera vez, sí, estaba rete nerviosa, tenía miedo de que me lastimaran, ¡ay sí!, estaba con mis medias rotas y mis pelos parados y no sabía que estabas ahí para verme en la televisión… Y a ese público hipocritón que no viene a mis conciertos, nos lo vamos a pasar por debajo de abajo con el doctor psiquiatra. En efecto, “Dr. Psiquiatra”, aquel tema que junto con “Pelo suelto” la catapultó al escenario y a la fama antes de aquellos aciagos días en la cárcel que ya nadie quiere recordar, aunque paradójicamente lo traigan tatuado en la memoria, los puso de pie y todos corroboraron que no estaban locos, sólo desesperados por querer vivir sus propias vidas. Así, Gloria Trevi vuelve al ataque, la industria cultural que la produjo y la arropa nos confirma que los ídolos se certifican en el escenario. El palenque de X´Matkuil no puede ser la excepción de Gloria Trevi. —¡Gloria! ¡Gloria! ¡Gloria! Y su nombre resuena en los rincones del palenque, atascados milímetro a milímetro, con ese odioso lugar común llamado “lleno a reventar” que el cronista tiene que escribir para remitir a sus lectores al ámbito de las canciones de la Trevi. Y es que esta madrugada en el palenque el único que no sabía nada ni era fan era el cronista, porque los demás se la pasaban cantando, incluso los que se quedaron acechando por las rendijas afuera del recinto celosamente vigilado por los inspectores municipales y por elementos de Protección Civil. Pero eso no fue suficiente para que en el interior del recinto la gente que no alcanzó lugar no buscara la manera de mirar a su artista preferida. Muchos se quedaron de pie y trataron de colocar sillas fuera de la numeración oficial, pero sin éxito. Con Gloria Trevi, como dijera ella, se llora y se ríe, se canta y se baila. —Somos intensos, somos apasionados, somos entregados, somos sinceros, ¡raza!, en esta despedida de soltera con todo mi corazón lo que hiciste por mí en los momentos más difíciles de mi vida, que Dios te bendiga, mi raza de Yucatán. Mérida. Lo que vivo ahora, en menos de un mes, ¡pasumecha!, me voy a ensartar, ¡ay, apenas!, voy a recibir la bendición de Dios y lo voy a compartir contigo, porque es una respuesta a tus oraciones. Enseguida cantó “Recuerda que me tienes a mí”, tema que el cronista no se sabía ni siquiera como se llamaba y para ello tuvo que recurrir al auxilio de los fans que lo miraron cual raro bicho. —¿No te sabes cómo se llaman las canciones? —No. —Pero si la Trevi pertenece al dominio público. Y, en efecto, no saberse cómo se llaman las canciones de la Trevi lo excluye a uno de la masa imperfecta que esta madrugada delira. No saber qué demonios es lo que está cantando la Trevi lo aparta a uno y lo arrincona, lo sume en el asiento como un desconocido, mientras ella sigue con su monólogo luego de cantar “Brincan los borregos”. —Pues Mérida, con esta canción que es completamente infantil, no tiene ninguna connotación política, pero si a alguien le viene el saco que se lo ponga. Es una canción que compuse cuando tenía quince años… Y como en la época de Parchís, con las manos arriba los hizo aplaudir. —Quiero ver de lo que es capaz Mérida por amor —exigió y se puso a cantar “Lo que una chica por amor es capaz” con sus hermosas coristas, dos morenas, una güera y la otra trigueña. Minutos antes de que inicie el espectáculo el cronista se preguntaba que diablos tenía Gloria Trevi para atraer de tal manera al público. ¿Su arrabalería? ¿Su desfachatez? ¿Su actitud provocadora y retadora al statu quo? ¿Su cuerpo? ¿Sus escándalos? ¿Su música? Una vez adentro el cronista escucha lo que dice antes de cantar “La papa sin cátsup”: —Yo no nací para deleite de los cabrones, sino para venganza de las mujeres, no queremos un tomate podrido por eso preferimos ser una papa sin cátsup. Entonces al ritmo de este blues el cronista comprende el fenómeno y se complace al mirar a sus fans, entre los que se cuentan desde señoras bien sentaditas con los pies apenas moviéndolos como tarareando en silencio, hasta mujeres y hombres instalados en el delirium tremens, porque ella ya se quitó el trajecito plata y se quedó con una especie de leotardo azul con el que presume el derriere que se carga, pero que, en honor a la verdad, no se le parece al de su cronista más morena. Ella se da tiempo de presentar a sus músicos, a los que llama la mejor banda de México y cada uno de ellos presume su manera de tocar los instrumentos, mientras un gordo pelea con una mujer que se siente porque él no mira el escenario. El hombre discute con la mujer y otra mujer secunda al hombre en su afán por lograr que lo dejen mirar el espectáculo. Al cabo de unos minutos nadie consigue nada y el cronista decide abandonar ese asiento para dar una ronda por el palenque. Y en verdad encuentra otro lugar común como ese de “no cabía ningún alfiler”, motivo por el cual los inspectores mandaron a cerrar las puertas y los que se quedaron afuera no tuvieron más remedio que escuchar, a la distancia, la potente voz de la Trevi y sus canciones y sus delirios, reflejo de lo que suele ser un Idolo de las Masas. (Rafael Gómez Chi)
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