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Según su aserto, éste ha logrado crear en sus 15 años de vigencia miles de empleos en los tres países en concierto, colocándolo como ejemplo en la lucha contra el proteccionismo. Lo cierto es que aun cuando la afirmación pudiera ser parcialmente cierta en el caso de Estados Unidos y Canadá, en el de México se vuelve temeraria, de cara a las estadísticas. De 1994 cuando se inauguró el esquema al año pasado, el país arrastra un déficit de 65.51 por ciento en materia de creación de fuentes de trabajo, extrapolándola con el crecimiento de la población. La cifra alcanza 7.4 millones, por más que dos terceras partes se han cubierto bajo el cobijo de la economía informal, a la que difícilmente se le podría ubicar liga alguna con el acuerdo mercantil. De acuerdo con datos oficiales, en el lapso la población económicamente activa incrementó en 11.88 millones, en tanto sólo se crearon 4.48 millones de plazas. La razón es simple: con el TLCAN creció la dependencia del país en la importación de insumos, en cuya carambola se perdieron millones de empleos productivos. Si en 1993 el porcentaje alcanzaba el 35 por ciento, hoy llega al 44 por ciento, lo que obligó al cierre de miles de empresas. De ser un país productor de bienes terminados, México se convirtió en maquilador, con la novedad de que no por ello se logró tejer una estrategia coherente. En el escenario, el país descendió del 33 al 60 por ciento en el ranking de competitividad. Ahora que, en su descargo, el propio presidente Calderón reconoció, en una mesa de trabajo de la propia cumbre de la APEC celebrada en Singapur, que no tiene tiempo para leer, sancochándose con vistazos al internet y periódicos e informes que recibe de sus colaboradores. Foxilandia II, pues, creada por quienes aspiran a colocarle al Ejecutivo lentes color de rosa, quizá para evitar alguna explosión de la mecha corta. Lo cierto es que la porra al TLCAN llega justo cuando se hacía mayor el clamor al interior del país de tomarle la palabra al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de replantear el acuerdo mercantil. Las razones apabullan. De entrada, algunos de los beneficios del acuerdo en términos de acceso de bienes y servicios al mercado norteamericano, se han ido extinguiendo frente a la nueva competencia internacional y los múltiples acuerdos firmados por Estados Unidos, particularmente con países asiáticos competidores y con otras naciones latinoamericanas y del Caribe. Más allá, las asimetrías entre nuestro país respecto a Estados Unidos y Canadá, una de las banderas más socorridas de los opositores al acuerdo mercantil, no sólo se han mantenido, sino han crecido exponencialmente en términos de ingreso per cápita y otros indicadores económicos y sociales. México no ha logrado empujar un acuerdo para el libre flujo de trabajadores y un esquema de fondos de cohesión social, a la manera europea, que nivele el terreno de juego y equilibre la competencia. El mejor testimonio lo ofrece la creciente migración de mexicanos a los Estados Unidos y, en menor medida, a Canadá durante la década pasada, cuyo grosor no logró disminuir la gravedad de la crisis que se gestaba en el país vecino. Adicionalmente, existe un impacto negativo sobre la economía mexicana ante las restricciones que plantea la negociación del acuerdo mercantil en materia de políticas de fomento a los sectores productivos. A ello hay que agregar, que Estados Unidos no ha cumplido sus compromisos en áreas como el libre acceso de camiones mexicanos en la frontera; en importaciones de atún; en materia de subsidios agrícolas; en el área de empresas de mensajería, aplicando, en contraste, políticas contrarias a su prédica tradicional. La primera sacudida, pues, apuntaría a exigir el respeto estricto de los acuerdos. La segunda, a fortalecer el intercambio con sectores clave para impulsar la recuperación económica en ambos países. De hecho, se habla de la creación de un fondo para apoyo de grandes proyectos que tengan efectos multiplicadores, además de permitir la reconversión competitiva de empresas nacionales con problemas estructurales, condicionando los recursos, naturalmente, al cumplimiento de compromisos concretos. ¿Tres hurras al TLCAN? Balance General Las señales indican que será Fitch Ratings quien coloque el primer rejón de castigo a México al degradarle un escalón en su calidad crediticia, con lo que lo ubicará a uno más de despojarlo del llamado grado de inversión. La reacción de la tercera calificadora de deuda de los Estados Unidos apunta a lo que califica de pésimo paquete económico para el año próximo. Desde un ángulo se señala que, pese a la catarata de incremento de impuestos, el nuevo ingreso no le garantiza al país que se mantenga la dependencia del petróleo, cuyo futuro es incierto. Desde otro, se lamenta el que no se haya profundizado en un recorte del gasto corriente, manteniendo las tres secretarías que en el papel se iban a extinguir, en un escenario en que la burocracia ha crecido exponencialmente. Peor aún, se relajaron los candados para obligar a las entidades federativas a la rendición de cuentas. Digamos que priístas y panistas quedaron como el cohetero, al concitar la ira de todos los frentes con su mamotreto. Jaque a Gil Díaz La resolución de la Suprema Corte de Justicia en rechazo al esquema planteado por el gobierno de Sonora, durante la era de Eduardo Bours, para “bursatilizar” la deuda interna, coloca un formidable jaque al estilo Gil Díaz, es decir la ruta seguida por el ex secretario de Hacienda para manipular ingresos. De acuerdo con la SCJN, no es válida la creación de fideicomisos privados para manejo de recursos públicos, dada la imposibilidad de fiscalización. Como usted sabe, Gil Díaz colocó en dos fideicomisos privados los recursos para explotar los 27 ingenios expropiados durante el gobierno foxista. Más aún, colocó en un esquema similar una firma creada con recursos de Nacional Financiera para realizar la segunda revisión de las mercancías que ingresan al país. La empresa se llamó ISOSA, y los fideicomisos Aduanas I y Aduanas II. Resucita Banobras En lo que apunta a su resurrección, tras un largo impasse de “ajustes”, Banobras presentó ayer, en Nueva York, un paquete de más de 100 proyectos de infraestructura que impulsará el año próximo. La inversión total sería de 50 mil millones de pesos. De acuerdo con la intermediaria, encabezada por Alonso García Tamés, los proyectos apuntarían a comunicaciones y transportes, hidráulicos, medio ambiente y turismo. albertobach@yahoo.com.mx;barrancoalberto@prodigy.net.mx
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