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Un último luego del último: todavía se puede… 2009-11-19
Por María Teresa Jardí
“… La pobreza siempre tiene el mismo aspecto, donde quiera que impere. Los ricos pueden expresar su bienestar introduciendo variaciones en sus vidas, cambiando de casa, de ropa, de coche. O de ideas, de sueños. Para el pobre en cambio, no existe, más que el gris imperativo, la única expresión de la pobreza…”, leo lo anterior en última novela: “El Chino”, de Henning Mankell, publicada, como las anteriores en su versión en castellano, por TusQuets Editores.
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Libro donde el extraordinario autor va narrando, alrededor de un crimen brutal cometido en Suecia, el difícil, y aún no concluso del todo, cambio que en China se ha producido desde Mao. Un pueblo, apenas el siglo antepasado, de miserables secuestrados para ser traídos como esclavos a construir el entramado para el paso de los ferrocarriles en Los Estados Unidos de Norteamérica. Un pueblo convertido hoy en un país maquilador, a fin de cuentas, me digo yo. Un pueblo que ha colaborado a convertir a China en la potencia que es hoy. No es fácil no comprarle nada a la Bimbo ni a la Coca- Cola. Y menos aún tomando en cuenta que han ido acabando con los pequeños comerciantes y comprando esas impresentables empresas a muchas de las otras pequeñas y medianas empresas. Pero sí estamos de acuerdo —como sé que lo estarán casi todos los que generosamente leen esto cada día— en que es criminal aceptar que para siempre hayamos sido convertidos los mexicanos en el país de pobres que, como los esclavos chinos de dos siglos atrás, siguen teniendo que ir a buscar lo que aquí no encuentran a los mismos Estados Unidos de Norteamérica, donde capataces, como el entonces sueco miembro de la familia asesinada, con el mismo desprecio a los mexicanos, migrantes obligados por la pobreza y por la falta de oportunidades equitativas e igualitarias en México toca, se ven obligados a saltar los muros que la caída del Muro ha traído para los mexicanos. No es fácil. Pero se puede vivir, de manera considerablemente más sana incluso, sin comer pan de caja. Volver a lo nuestro. Beber aguas frescas exigiendo su venta generalizada en la república como se vende en algunos lugares de Mérida. Basta con no entrar más al menos a las más significativas megatiendas consumistas: como Wal Mart, para hacerles saber al Ejecutivo federal y los Ejecutivos locales, a los ministros, magistrados y jueces, a los diputados y a los senadores, que quien manda en México es el pueblo. Es imperativo dar ya el paso que al alcance de los ciudadanos se encuentra. Dando ejemplo a otros, invitando a muchos… Haciéndoles ver a familiares, amigos y vecinos que de ese paso depende que podamos todavía tener un cambio de manera pacífica. A final de cuentas a 99 años del estallido de la Revolución Mexicana los porfiristas otra vez mandan y nada garantiza que una confrontación armada, sueño de algunos por la fecha mítica en que se ha convertido el año del centenario que ya asoma por la vuelta de la esquina, nos lleve a cambiar las cosas. Nos encontraremos, muy probablemente, luego de mucha más sangre derramada, dentro de un siglo, conque los mismos herederos, de las mismas familias porfiristas, vuelven, incluso, usurpando nuevamente, a controlar el poder y el dinero de un país que entonces sí no tendrá, muy probablemente, ya remedio. Familias que aunque de entrada no sean, luego de una confrontación armada, donde la represión dictará las reglas, se tornarán con el tiempo otra vez en mafiosas. El pueblo puede y debe controlar la cosa pública. Así se hace en casi todos los países de Europa. Así se hace en Suecia, justamente, y por eso la policía encargada de resolver el crimen le dice a un compañero “que un hecho así —19 asesinados torturados— nunca lo ha visto un policía en Suecia y quizá ningún policía en ningún otro lugar del mundo”. Tendrían que darse una vuelta por México los suecos. El pueblo puede y debe controlar la cosa pública mandando los mensajes a su alcance. Lo que hoy en México demanda, de los mexicanos, no encender más los televisores y no acudir a comprar nada a las mega- tiendas transnacionales.
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